Ennoblecimiento

Le Bourgeois gentilhomme ("el burgués geltilhombre" Molière, 1670) es una sátira contra las pretensiones de ennoblecimiento, similar a otras descripciones literarias de nuevos ricos que pueden remontarse al Trimalción de Petronio y continuarse con el Torquemada de Galdós.[1]

Ennoblecimiento es el acto formal de promoción[2]​ de una persona por la voluntad de un soberano, provocando un cambio de estamento o estado social en él, confiriéndole la condición de nobleza. Es una de las formas de reconocimiento que un Estado puede utilizar para honrar a uno de sus ciudadanos.

La práctica del ennoblecimiento es distinta en cada época y lugar, y no existe en todos los países.

Debe diferenciarse el ennoblecimiento de la agregación a la nobleza,[4]

En De la démocratie en Amérique, Alexis de Tocqueville ilustraba la progresión histórica de la igualdad social subrayando que le premier anoblissement a lieu en 1270, et l’égalité s’introduit enfin dans le gouvernement par l’aristocratie elle-même ("el primer ennoblecimiento tuvo lugar en 1270, y la igualdad se introdujo finalmente en el gobierno por la misma aristocracia").[5]

En el Antiguo Régimen fue frecuente la posibilidad de que determinados miembros enriquecidos de la burguesía accedieran a la nobleza, bien a través de matrimonios "desiguales" (que teóricamente no implicaban la adquisición de la nobleza al contrayente plebeyo e incluso a sus hijos, pero que, en la práctica sí lo terminaban consiguiendo) bien a través de la venalidad de los cargos (venta de títulos en los que el "servicio" merecedor de honor es algo tan vital para la monarquía de esa época como lo podían haber sido las aportaciones militares de los nobles medievales).

Ya en la Edad Contemporánea, el protagonismo de la burguesía en la Revolución industrial condujo a un fuerte enriquecimiento economico de esta clase social. Para mantener su ascendiente político, los reyes ennoblecieron a ciertos industriales; como ocurrió por ejemplo en la España de la Restauración (finales del siglo XIX y comienzos del XX).[6]

Antigua Roma y Tardoantigüedad

La nobilitas romana surgió de la secular pugna entre patricios y plebeyos. Junto con un riguroso cursus honorum que determinaba el sucesivo desempeño de las magistraturas, se establecieron dos[12]

Adlectio era la concesión a un ciudadano romano del derecho a entrar en un collegium fuera de las reglas ordinarias; la adlectio al Senado fue instituida por el emperador Claudio en el año 48.[14]​ Antes incluso, el primer personaje no nacido en la península itálica que accedió a los honores consulares y senatoriales fue el gaditano Lucio Cornelio Balbo el Mayor.

Septimio Severo se sentía más a gusto entre soldados y caballeros que en el ambiente senatorio, siempre apegado a la conservación de sus privilegios, ya por tendencia reaccionaria, ya por espíritu de cuerpo. Ni el ennoblecimiento por el emperador de jóvenes, a quienes concedía el laticlavio antes de su ingreso efectivo en el cursus, ni la apertura del Senado, mediante la adlectio de hombres maduros y experimentados, fueron de suerte que facilitasen las relaciones con los senadores preexistentes. Los laticlavii, senadores con carácter honorífico, procedían sobre todo de los ambientes de los notables municipales; los adlecti, nuevos clarissimi, procedían más bien del ambiente ecuestre procuratorio. Y estos nuevos senadores, en su mayor parte originarios de las provincias africanas y orientales, eran los que accedían a los cargos más importantes de la administración. Así se instaló una nueva clase dirigente que asumió rápidamente la dirección tanto de los asuntos militares cuanto de los civiles, con carreras que mostraron clara tendencia a la especialización.[15]

  • Amplissimi

La existencia de una rica y poderosa nobleza en Roma no era nada nuevo, se remontaba a las tempranas épocas de la república y continuó durante la era imperial. Las generaciones se sucedían unas a otras, la riqueza y las magistraturas se acumulaban, construyendo simultáneamente el poder y el prestigio de estas grandes gentes (gens). Por supuesto, ciertas familias desaparecían, pero otras las reemplazaban. Estas familias, cuya expresión política era el Senado, encarnaban los valores de su medio: cultura, modo de vida opulento, el ejercicio de los altos cargos y los ritos religiosos. Como repositorio de las tradiciones ancestrales, el mos maiorum, eran conservadoras por naturaleza. Ninguna otra categoría social de Roma era tan consciente de su propia valía ni inspiraba tanta deferencia. Para Symmachus, el orden más sagrado, el de los amplissimi o más distinguidos, no era otra cosa que la élite de la humanidad. Para Prudencio, no era nada menos que la más pura luz del mundo.

A finales del siglo III se introdujeron algunas innovaciones. Los senadores fueron relevados de todo mando militar y los emperadores se distanciaron de la ciudad de Roma, en la que raramente residían. No obstante, la reforma de la administración llevada a cabo por Constantino en la primera mitad del siglo IV proporcionó un nuevo escenario para sus ambiciones en los más altos puestos del gobierno, tanto palatino como provincial. Más aún, los nobles romanos vieron cómo (...) la cristianización, que antes se veía como extraña al mos maiorum, no debilitó su cohesión como poderoso grupo social. Prueba de ello es que resistieran sin demasiados daños los sucesivos saqueos de su ciudad y, ya en el siglo VI, la dominación ostrogoda.[16]

Cuando se asume la toga virilis con su banda ancha, el hijo de un senador entra como es debido en el amplissimus ordo. A otros jóvenes César garantizó el latus clavus, bien inmediatamente (antes de las magistraturas menores y el tribunado militar) o justo antes del cuestorado. El primer senador de una familia tiende a disimular el cambio de estatus. En algunos casos se especifica, como el de Quinctilius Maximus por Nerva. Queda ilustrado por la opción negativa, ya que la dignitas senatoria podía ser descartada o se podía rehusar asumirla. Así Valerius Macedo declinó cuando Adriano le ofreció latum clavum cum qaestura. Algunos homines novi accedieron al cuestorado desde el servicio ecuestre. Su adquisición del latus clavus podía haberse expresado mediante la perífrasis adlectus in amplissimum ordinem. Así Ti. Claudius Quartinus tras un tribunado en la legión III Cirenaica. En la mayoría de los casos el cuestorado seguía inmediatamente a puestos militares, sin explicación. Así Aemilius Arcanus de Narbo, tras tres tribunados, y también tras todas las magistraturas locales. Algunos de aquellos equites promocionados llegaron a cuestores muy por encima de la edad normal. Un sorprendente y peculiar ejemplo es Statius Priscus: tras cinco cargos militares y una procuraduría. En agudo contraste están las adlectio al rango en el Senado. Las admisiones fueron llevadas a cabo por los Césares como censores (Claudio y Vespasiano), por poderes censoriales (Domiciano), o por prerrogativa imperial (los últimos gobernantes). Por este procedimiento, funcionarios, procuradores o dignidades locales, entraron en el Senado sin haber pertenecido previamente al amplissimus ordo.[17]

El título de clarissimi[21]​ ("hombre ilustre", "brillante", "distinguido").

No debe confundirse la condición de los nobiles (generalizable a todos los miembros de la aristocracia romana) con la de nobilissimus o nobelissimus (νωβελίσσιμος limitada a ciertos personajes muy cercanos al emperador, en el Bajo imperio y la época bizantina).

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