Energía no renovable

Las energías no renovables o energías convencionales son las fuentes de energía que se encuentran en la naturaleza en cantidades limitadas, las cuales, una vez consumidas en su totalidad, no pueden sustituirse,[1] ya que no existe sistema de producción o de extracción económicamente viable. De esta índole de energías existen dos tipos:

Combustibles fósiles

Son combustibles fósiles el carbón, el petróleo y el gas natural. Provienen de la biomasa de hace millones de años, que bajo condiciones adecuadas de presión y temperatura se convirtieron en sustancias dotadas de propiedades energéticas.

El combustible fósil puede utilizarse directamente, quemándolo en hornos, estufas, calderas y motores, para obtener calor y movimiento. También puede usarse para producir electricidad en centrales térmicas o termoeléctricas. En ellas, mediante el calor generado al quemar estos combustibles se obtiene vapor de agua, que, conducido a presión, es capaz de poner en funcionamiento un generador eléctrico, normalmente una turbina.

Ventajas

  • Facilidad de extracción (casi todos).
  • Gran disponibilidad temporal.
  • Vasta continuidad cronológica.
  • Comparativamente baratos.

Desventajas

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