Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán, en Actualidades.jpg
Fotografía de Emilia Pardo Bazán publicada en 1908 en la revista Actualidades.
Información personal
Nombre de nacimiento Emilia Antonia Socorro Josefa Amalia Vicenta Eufemia Pardo Bazán y de la Rúa-Figueroa Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 16 de septiembre de 1851
La Coruña, España
Fallecimiento 12 de mayo de 1921
(69 años)
Madrid, España
Nacionalidad Española
Familia
Cónyuge José Antonio de Quiroga y Pérez de Deza
Hijos Jaime Quiroga Pardo Bazán, María de las Nieves (Blanca) Quiroga Pardo Bazán y Carmen Quiroga Pardo Bazán
Información profesional
Ocupación Novelista, periodista, ensayista, poetisa, crítica literaria, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante
Años activa Siglos XIX y XX
Género Novela, cuento, ensayo, periodismo, teatro, poesía, libros de viajes
Movimientos Realismo, naturalismo y simbolismo
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Monumento dedicado a Emilia Pardo Bazán ( La Coruña).

Emilia Pardo Bazán ( La Coruña, 16 de septiembre de 1851- Madrid, 12 de mayo de 1921), condesa de Pardo Bazán, fue una noble y aristócrata novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante española introductora del naturalismo en España. Fue una precursora en sus ideas acerca de los derechos de las mujeres y el feminismo. Reivindicó la instrucción de las mujeres como algo fundamental y dedicó una parte importante de su actuación pública a defenderlo.[1] Entre su obra literaria una de las más conocidas es la novela Los Pazos de Ulloa (1886).

Biografía

Infancia y educación

Emilia Pardo Bazán[1]

Matrimonio e inicios como escritora

Se casó a los 16 años con José Quiroga y Pérez Deza, también de familia hidalga; él tenía 19 años y todavía era estudiante de derecho. La relación era bien vista por los padres de ambos. La boda se celebró en 1868 en Meirás y después de la misma, la pareja recorrió España. El matrimonio no se separó de su familia y durante años vivieron con sus padres y viajaron por Europa. [1]

En 1869 ella y su marido se trasladan a vivir a Madrid cuando el padre, José Pardo, es elegido Diputado a Cortes tras la Revolución Gloriosa. Cuando éste deja su escaño, los cuatro emprenden viaje por varios meses a Francia e Italia.

Doña Emilia publicó las crónicas de este viaje en el diario El Imparcial —recogidas después en uno de sus libros de viajes, Por la Europa católica (1901)—, y en ellas denunció la necesidad de la europeización de España recomendando viajar al menos una vez al año como medio para educarse.[4]

Según los documentos de la época, su marido José Quiroga era tranquilo y reservado. El matrimonio mantenía una buena armonía, ella le apoyaba en sus estudios de abogacía y él valoraba los intereses intelectuales de su esposa. Pasaron ocho años de matrimonio hasta tener su primer hijo, Jaime (1876); después nacieron Blanca (1879) y Carmen (1881). En los años siguientes el matrimonio se deteriora, más a causa de los trabajos intelectuales y literarios de ella que por causas personales, aseguran los cronistas.[1]

En 1876 se da a conocer su primer trabajo como escritora con Estudio crítico de las obras del padre Feijoo un ensayo sobre este intelectual gallego del siglo XVIII por el que la escritora siempre tuvo gran admiración, posiblemente por su feminismo avant la lettre.[4] Con la obra ganó un premio, compitiendo en este certamen con Concepción Arenal.

En el mismo año publicó su primer libro de poemas, Jaime, que dedicó a su hijo recién nacido, editado por Francisco Giner de los Ríos.[4]

Su primera novela aparece en 1879, Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina, novela romántica y realista al mismo tiempo, localizada en Santiago de Compostela. La publica en la Revista de España. influenciada por la lectura de Pedro Antonio de Alarcón y de Juan Valera, y todavía al margen de la orientación que su narrativa tomaría en una década después.[4]

Es también en 1881 cuando se data el inicio de la correspondencia epistolar entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós con quien inicialmente mantiene una relación literaria que derivará hacia una intimidad amorosa de larga duración, especialmente tras la separación de Emilia y su esposo a partir de 1883 cuando[6] Galdós se encontraba en el apogeo del triunfo de La desheredada y Doña Emilia acababa de publicar La cuestión palpitante.

La cuestión palpitante y el Naturalismo

Pardo Bazán admira el naturalismo francés pero defiende la literatura española y su carácter castizo que considera un realismo propio.[7]

Retrato de Pardo Bazán, publicado en 1891 en La Ilustración Artística.

En 1882 comenzó, en la revista La Época, la publicación por entregas de una serie de artículos sobre Émile Zola y la novela experimental, reunidos posteriormente en el volumen La cuestión palpitante (1883), acreditándola como una de las principales impulsoras del naturalismo en España. En la obra, prologada por Clarín, defiende el realismo "a la española" de sus contemporáneos Galdós y Pereda y a pesar de que sus ideas habían sido publicadas por entregas anteriormente causó un gran escándalo.[1]

Se consideró el alegato indecente de una mujer casada y respetable en favor de la literatura francesa considerada atea y pornográfica. En realidad, aunque criticaba el naturalismo defendía el valor literario de Zola y se la identificó con la postura atea y provocativa del escritor.[1]

La obra provocó un importante revuelo[1]

Su marido "horrorizado" -según describen sus biografías- por los ataques recibidos, le pidió que dejara de escribir. Le asustaba -detallan algunas biografías de Pardo Bazán- que identificaran a su esposa con el personaje femenino valiente y revolucionario de su novela La tribuna. Emilia se negó. Se fue de viaje a Italia y no volvieron a vivir juntos. Con el escándalo el libro aumenta sus ventas y aumenta la notoriedad de la escritora.[1] Desde Francia Zola acogió positivamente el texto y se mostró sorprendido de que la autora fuera una mujer.

El ensayo La cuestión palpitante y la novela La Tribuna fueron el origen de su fama de escritora rebelde y provocadora.[1]

La Tribuna, primera novela naturalista española

En 1883 publica La Tribuna, considerada la primera novela social y la primera novela naturalista española. Cuenta la historia de una mujer obrera y refleja el ambiente de trabajo en una fábrica mostrando el ambiente de trabajo de las cigarreras de La Coruña a la que da el nombre literario de Marineda. Es la historia de una huelga y su protagonista es una joven valiente y resuelta que encabeza las reivindicaciones obreras, una mujer guapa engañada por un "señorito" que la seduce y la abandona y termina con los gritos populares a favor de la República al tiempo que ella da a luz a su hijo.[1]

Emilia Pardo Bazán incorpora por primera vez en la novela española al proletariado -antes que Pérez Galdós y Blasco Ibañez- y describe los métodos industriales, formas de trabajo, duros horarios y el ambiente obrero en años de intensa movilización social a la vez que realiza también un profundo análisis del mundo femenino y de la doble jornada de las obreras siendo madres y trabajadoras.[1]

A partir de 1884 y tras el escándalo generado de La cuestión palpitánte Pardo Bazán comenzó a distanciarse del "zolismo" sin suponer la descalificación de la doctrina del maestro por el que siempre guardará admiración. Los primeros síntomas de tal alejamiento se hacen explícitos en sus «Apuntes autobiográficos» (1886), cuando, refiriéndose al libro de 1883, declara que en él examina «la estética naturalista a la luz de la teología, descubriendo y rechazando sus elementos heréticos, deterministas y fatalistas, así como su tendencia al utilitarismo docente, e intentando un sincretismo que deja a salvo la fe» (O. C., III, pp. 722-723). Un paso más en ese proceso se manifiesta al año siguiente, en sus conferencias sobre la literatura rusa; en ellas, más que -como a veces se ha dicho- sustituir en su devoción a Zola y el naturalismo francés por Tolstoi y el espiritualismo ruso, doña Emilia ofrece una visión más totalizadora y comprensiva de lo que en el movimiento literario europeo ha significado la propuesta de Le roman expérimental señala José Manuel González Herrán, catedrático de Literatura Española, especialista en su obra.[7]

En 1885 publicó La dama joven en la que habla de crisis matrimoniales, justo en el momento en el que empieza la separación entre ella y su marido.

Tanto el Naturalismo practicado por Pardo Bazán como el de Galdós, frente a los principios ideológicos y literarios de Zola, acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista española y europea lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador y católico en lo que respecta a ella, que nunca abandonó el catolicismo, por más que admitiera las bases ideológicas del determinismo social y darwinista.

El método naturalista culminó en Los pazos de Ulloa (1886-1887) su novela más famosa y la obra que la consagró como una de las grandes escritoras de la literatura española, en ella describe la decadencia de la oligarquía terrateniente que ha perdido su papel de liderazgo social, la nobleza degradada, patética pintura de la decadencia del mundo rural gallego y de la aristocracia. Un año más tarde publica su continuación con La madre naturaleza (1887), fabulación naturalista en la que cuenta los amores incestuosos entre dos jóvenes que no saben que son hermanos.

A partir de los años 90 Pardo Bazán se aparta del naturalismo y explora nuevos caminos literarios como el idealismo y el simbolismo también tendencias europeas. Sigue escribiendo novelas que influenciarán a Vicente Blasco Ibañez, uno de los grandes escritores de fin de siglo.[1]

Madurez literaria

Retrato de Emilia Pardo Bazán, del pintor coruñés Joaquín Vaamonde Cornide.

La separación amistosa de su marido le permitió a Pardo Bazán seguir con libertad sus intereses literarios e intelectuales sin obstáculos. Se preocupó ya no sólo de polémicas literarias, sino de intervenir en el periodismo político y de luchar incansablemente por la emancipación social e intelectual de la mujer.[3]

En 1888 visitó en Venecia al pretendiente carlista al trono de España y los artículos que escribió a raíz de la visita contribuyeron a la escisión del Carlismo.

Coincidiendo con la muerte en 1890 de su padre, su obra evolucionó hacia un mayor simbolismo y espiritualismo, patente en Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), La quimera (1905), La sirena negra (1908) y Dulce dueño (1911). Esta misma evolución se observa en sus más de quinientos cuentos y relatos, recogidos en Cuentos de la tierra (1888), Cuentos escogidos (1891), Cuentos de Marineda (1892), Cuentos sacro-profanos (1899), entre otros.

En Una Cristiana y La Prueba, de 1890, parece trabar polémica a través de la ficción con algunos de sus detractores morales, como el Padre Coloma, Menéndez Pelayo y Pereda. La diferencia de edad entre enamorados, el cruce de afectos o deberes familiares y el remordimiento religioso son ingredientes clave. Adán y Eva, que agrupa las novelas Doña Milagros (1894) y Memorias de un solterón (1896), parece, según algunos críticos literarios, la justificación de su relación con Galdós. En La Quimera (1905), sin embargo, vuelve al aguafuerte para retratar el Madrid polvoriento.

Nuevo Teatro Crítico

En su afán reformador, en 1890 Doña Emilia aprovechó la herencia paterna para crear una revista de pensamiento social y político totalmente escrita y financiada por ella: Nuevo Teatro Crítico, titulada en homenaje a Benito Jerónimo Feijoo del que fue seguidora. En ella se incorporaron ensayos, críticas literarias, noticias sobre otros escritores y estudios de actualidad política y social con el objetivo de reflejar la vida intelectual de su época. En un principio tuvo éxito, su estilo directo y sinceridad acrecienta la polémica que ella no desdeña y le crean fama de de vehemente y revolucionaria. La experiencia dura tres años y en su despedida a los lectores declara que ha perdido en la empresa humor y dinero.[1]

La rica obra de Emilia Pardo Bazán incluye también los libros de viajes, como Por Francia y por Alemania, 1889; Por la España pintoresca, 1895) y las biografías (San Francisco de Asís, 1882; Hernán Cortés, 1914. Varela Jácome ha descubierto una novela inédita: Selva.

En el año 2012, se publica por primera vez en España su primera novela, escrita con 13 años de edad, Aficiones peligrosas.[11]

Sus extensísimas Obras completas se imprimieron ya en vida (Obras Completas, Madrid: Imprenta A. Pérez Dubrull, 1891, 43 vols.), por lo que parece la más completa la póstuma de 1924 (Obras Completas, Valladolid: Imprenta Colegio de Santiago, S. A., 1924). Federico Carlos Sainz de Robles hizo otra edición con estudio y notas, pero limitada a su narrativa (Obras Completas (Novelas y Cuentos), Estudio preliminar, notas y prólogo de Federico Carlos Sainz de Robles. Madrid: Aguilar, 1947, 2 vols.) y la misma editorial imprimió una selección con ese título en 1973 encomendada a un hispanista especializado (Obras Completas, introducción bibliográfica, selección de material crítico, prólogo, clasificación de cuentos, notas y apéndices de Harry Kirby. Madrid: Aguilar, 1973 3 vols.) La Biblioteca Antonio de Castro asumió desde 1999 la publicación entera de sus Obras Completas (Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 1999-...) por parte del especialista Darío Villanueva.[12]

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