Eloy de la Iglesia

Eloy de la Iglesia
Información personal
Nombre de nacimiento Eloy Germán de la Iglesia Diéguez
Nacimiento 1 de enero de 1944
Bandera de España  España Zarauz, Guipúzcoa
Fallecimiento 23 de marzo de 2006 (62 años)
Bandera de España Madrid
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Guionista y director de cine Ver y modificar los datos en Wikidata
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Eloy Germán de la Iglesia Diéguez ( Zarauz, Guipúzcoa, 1 de enero de 1944 - Madrid, 23 de marzo de 2006),[1]​ conocido artísticamente como Eloy de la Iglesia, fue un director de cine y guionista español. Su trayectoria como director de películas, de estilo naturalista y directo, comenzó a finales de los años 60 prolongándose hasta 2003.

Sus obras más conocidas, como El Pico ( 1983), Navajeros ( 1980) o La estanquera de Vallecas ( 1987),[4]

Biografía

Formación y primeros trabajos

Nacido en Zarauz Eloy de la Iglesia se crió en Madrid donde estudió Filosofía y Letras hasta el tercer curso momento en el que decidió dedicarse a cine, teatro y televisión. A los 20 años ya había escrito, dirigido o producido casi cincuenta títulos para televisión, como La doncella del mar, Los tres pelos del diablo y El mago de Oz, textos que formaron su primer largometraje Fantasía... 3 ( 1966).[7]

A final de la década de los años 60 rodó Algo amargo en la boca ( 1969),[10]

Años 1970

Después de acercarse al melodrama con Cuadrilátero ( 1970),[13]Patty Shepard y Emma Cohen se trata de un thriller detectivesco que cuenta la historia de Marta (Sevilla), una mujer casada solitaria, dado que su marido viaja mucho, que con el paso de los días empieza a sospechar que Julia su vecina de arriba ha matado a su marido. Tuvo una buena respuesta en taquilla con más de 1.000.000 de espectadores.

Carmen Sevilla actuó en dos películas de Eloy de la Iglesia: El techo de cristal (1971), con la que obtuvo el premio a mejor actriz del Círculo de Escritores Cinematográficos, y Nadie oyó gritar (1973)

Es la película más hermosa que he hecho nunca.

Carmen Sevilla, sobre [1]

Intentando evitar la acción de la censura cinematrográfica, cosa que no logró, se acercó paulatinamente al thriller y el cine de terror con sus siguientes trabajos, despreciando los amaneramientos y academicismos estilísticos y estructurales:[15]​ interpretada por Vicente Parra, Emma Cohen y Eusebio Poncela, narra la historia de un hombre que accidentalmente mata a un taxista delante de su novia. Para evitar ser descubierto, aunque su vecino es conocedor de lo que sucede y planea una operación para seducirlo, cae en una espiral de nuevos crímenes transformándose en un asesino en serie. El guión fue rechazado dos veces por la censura y el film sufrió 64 cortes en el metraje.

Eloy era muy especial, y te dabas cuenta de que su mundo, su discurso y su antidiscurso eran muy especiales. Tuvimos problemas con la censura, no te creas, pero en general salió bien. Y la producción era un espanto, ya te puedes imaginar, todo muy precario pero siempre estaba Eloy presente, con ese espíritu tremebundo. Y eso es muy importante: si no tienes un jefe, un timonel que no sepa dónde cojones va la película, mal. Y él tenía ese espíritu, pero de verdad. (...) Fue un rodaje peculiar, por decirlo piadosamente. Y siempre me extrañaré de cómo pudo funcionar aquello, porque a mí Vicente Parra no me seducía en lo más mínimo.

Eusebio Poncela, sobre La semana del asesino en CaninoMag ( [2]

En Nadie oyó gritar ( 1973)[16]Carmen Sevilla interpreta a una prostituta, mostrada de forma velada. De manera fortuita se ve cómplice de un vecino ( Vicente Parra) quien, sometido al carácter de su mujer ( María Asquerino), acaba asesinándola y tratará de hacer desaparecer el cadáver con la ayuda de su vecina ante la amenaza de matarla.

Una gota de sangre para morir amando ( 1973),[19]

Cierra este ciclo temático Juego de amor prohibido ( 1975)[20]​ en la que un profesor ( Javier Escrivá) retiene y humilla, en un lóbrego y aislado caserón, a una pareja de alumnos (John Moulder-Brown e Inma de Santis) aunque la historia da un giro cuando los jóvenes se rebelan y toman el control de la situación.

Desempeño el papel protagonista y somos un chico y una chica que nos escapamos del colegio para vivir libremente nuestras relaciones. El argumento es un poco complicado, más o menos nos acoge un señor en su casa y poco a poco se produce un cambio de poder de él a mí.

Inma de Santis, sobre Juego de amor prohibido en Diario Vasco ( [3]

La muerte de Franco supone que las siguientes películas de De la Iglesia comiencen a abordar claramente la temática sexual, ya insinuada en películas como La semana del asesino.[22]​ plantea un triángulo amoroso entre Juan ( Patxi Andión), un joven que trabaja en una estación de servicio, Diana ( Amparo Muñoz), una bella mujer cuyo bien posicionado pero estéril marido, Marcos ( Simón Andreu), la hace creer que es la responsable de que no puedan tener hijos pero le tolera que tenga aventuras con otros hombres.

Juan Diego participó, junto a Ana Belén, en La criatura (1976) y en Algo amargo en la boca (1969)

En La criatura ( 1977)[23]​ Cristina ( Ana Belén) es una mujer que practica relaciones zoofílicas frente a la frustrante, insana y fracasada relación que mantiene con su marido, Marcos ( Juan Diego).

El mismo año De la Iglesia estrenó, después de una agria polémica con la censura que prohibió la exhibición de la película durante meses,[26]

Trabajar con Eloy de la Iglesia era una gozada, él ya traía la película rodada desde casa. Cuando llegaba a los rodajes, colocaba las cámaras y todo salía sobre ruedas, sin titubeos, era como si hubiera soñado la película, como si la tuviera en mente. Y era muy eficaz, rodaba casi exclusivamente lo que necesitaba, al menos en los comienzos de su carrera. Recuerdo que en La otra alcoba, la primera película que rodé con él, a mediados de los años setenta, los actores no teníamos derecho a segunda toma. En ese aspecto se parecía a León Klimowsky.

Simón Andreu, sobre Eloy de la Iglesia en Diario La Opinión de Murcia ( [4]

El sacerdote ( 1978),[28]​ presenta a un joven sacerdote (Andreu), reprimido y sin acceso a la vida sexual, obsesionado hasta acabar castrado.

Es una película agresiva y tremendamente popular, muy inmediata, cotidiana, que tiene una gran capacidad de sugerencia a todos los que hemos tenido una formación religiosa en la generación de los sesenta. Presenta la historia de un tipo determinado, un hombre castrado como ente sexual por su ideología y sus creencias determinadas. El hecho de que sea un sacerdote es un dato anecdótico, pero no del todo significativo. La película no lleva ninguna clase de mensaje o moral; quizá la tesis esencial sea la necesidad imperiosa de la libertad y el acceso a una libertad sexual.

Eloy de la Iglesia, sobre El sacerdote en Diario El País ( [5]

En El diputado ( 1978),[29]​ interpretada por José Sacristán, María Luisa San José y José Luis Manzano, un político homosexual (Sacristán) próximo secretario general del Partido Comunista se ve inmerso en un complot organizado por un partido de ultraderecha que utiliza como gancho el atractivo chapero (Manzano) con quien mantiene una relación con la aquiescencia de su mujer (San José).

Uno de los personajes más carismáticos de la filmografía de Eloy de la Iglesia, El diputado ( 1978), fue encarnado por José Sacristán

.

En aquella época el Partido ( Partido Comunista de España) quería ser tolerante, emerger como un grupo abierto donde no existían dogmatismos. Quería ser moderno, en el peor sentido de la palabra. Y yo lo que trataba era..., bueno, pues de llevarles contra las tablas de eso. De hecho, logré que Santiago Carrillo y todo el Comité Ejecutivo, ya muerto Franco, claro, fueran al estreno de una de mis películas más polémicas, El diputado, donde la política y la homosexualidad jugaban a partes iguales. Ya te digo, lo de ellos era un juego para buscar votos.

Eloy de la Iglesia, sobre El diputado en Diario El Mundo ( [6]

Años 1980

Cambiando de registro Miedo a salir de noche ( 1980), interpretada por José Sacristán y Antonio Ferrandis, avanza el género a que se dedicará durante la década y que le reportará las películas más comerciales de su filmografía: el cine quinqui. Esta cinta, irónica y divertida en una época marcada por la inseguridad ciudadana, difundió lo que acabó convirtiéndose en una leyenda urbana sobre una violenta banda de violadores.[30]

Nunca me he tomado en serio esa cosa tan solemne que es la seguridad personal. Yo no me tengo ese respeto a mí mismo. Lamento no haber cometido más locuras. Pero también es cierto que me jode haber pagado tanto peaje.

Eloy de la Iglesia, Diario El Mundo ( [7]

De la Iglesia extenderá su foco de atención al mundo de la marginalidad, la delincuencia juvenil y las drogas.[33]​ un delincuente de quince años quien durante la segunda mitad de los setenta supuso grandes quebraderos de cabeza para la policía madrileña que lo detenía para internarlo en reformatorios de los que no paraba de fugarse.


(Le descubrí a José Luis Manzano) de la forma tradicional. Hicimos pruebas fotográficas, porque no había medios para más, a centenares de chicos, para todos los papeles de la película Navajeros.(...) No buscábamos navajeros auténticos, que, al fin y al cabo, eran una minoría. Simplemente a esos chicos que se buscan la vida como pueden.

Eloy de la Iglesia, sobre Navajeros en Conocer a Eloy de la Iglesia ( [8]

La mujer del ministro ( 1981),[36]​ La marquesa de Montenegro (María Martín), mujer en decadencia física y económica, conserva amigos influyentes como el ministro Fernández Herrador ( Simón Andreu). Cuando Teresa ( Amparo Muñoz), la mujer del ministro, necesita un nuevo jardinero la marquesa le presenta a Rafael (Manuel Torres), un joven que se dedica a seducir mujeres ricas y maduras, con quien mantuvo un escarceo en una playa de moda. Teresa, atraída por el vigoroso joven en contraposición a su impotente marido, disfruta de encuentros íntimos en casa de la marquesa. La situación se complica cuando el ministro sufre un atentado terrorista del que sale ileso, en el que se ve involucrado Rafael, y al mismo tiempo es acusado de soborno por una multinacional.

Esta S viene a ser como una especie de sanción, pues si bien no restringe mucho los circuitos de distribución, desconcierta al espectador que entra al cine a ver una cosa y se encuentra con otra muy distinta. La verdad es que ya nos temíamos que remitieran el oficio al ministerio fiscal, porque los trámites burocráticos sufrieron varias demoras y dilaciones injustificadas.

Eloy de la Iglesia, sobre La mujer del ministro en Diario El País ( [9]

Su siguiente película, Colegas ( 1982),[39]​ narra la vida de un grupo de adolescentes, con el trasfondo del paro, la droga y la delincuencia, que habitan en la barriada de una gran ciudad.

El pico ( 1983)[43]​ narra los problemas que se les presentan a un comandante de la Guardia Civil y a un diputado de la izquierda abertzale cuando descubren que sus hijos adolescentes, amigos íntimos, están enganchados a la droga dura.

He querido hablar de la imposibilidad de entendimiento entre padres e hijos, y lo he hecho utilizando un esquema que están hartos de emplear en las cinematografías de otros países: que los protagonistas sean personajes políticamente importantes (...) Por culpa de determinada prensa que, en su afán de arnarillismo, se excusa en El pico para crear el escándalo, adoptando una actitud golpista y desestabilizadora. A mí no me extraña esa reacción de la prensa ultra, pero es todavía más repugnante en periódicos que se dicen progresistas.

Eloy de la Iglesia, sobre El pico en Diario El País ( [10]

Apartado puntualmente de esta temática, su siguiente proyecto fue la adaptación de la novela Otra vuelta de tuerca ( 1985)[48]

Más tarde volvió al tema de la delincuencia callejera, con gran éxito,[52]​ La trama muestra a una pareja de delincuentes de poca monta, un albañil en paro (Gómez) y su joven amigo (Manzano), que deciden atracar un estanco en Vallecas sin valorar su inexperiencia ni el valor mostrado por la estanquera (Penella), viuda de guardia civil, y su sobrina (Verdú), una joven que ve la ocasión en la impuesta compañía de sus secuestradores para despertar a la sensualidad y a la relación con los hombres.

Con apenas 17 años Maribel Verdú tuvo uno de sus primeros papeles protagonistas en La estanquera de Vallecas ( 1987), una de las películas más taquilleras y carismáticas de Eloy de la Iglesia.

Es una película en la que los conflictos se dan dentro de la misma clase social: la tensión viene dada porque los personajes enfrentados están del mismo lado, porque el mayor oponente de un pobre es siempre otro pobre. En un momento dado la estanquera les dice el tópico ese de que por qué no han atracado a un rico, y ellos contestan que atracan lo que pueden, no lo que desean.

Eloy de la Iglesia, sobre La estanquera de Vallecas en Diario El País ( [11]

A pesar de las buenas críticas y la respuesta en taquilla de estas películas, al final de la década de los años 80 Eloy de la Iglesia cayó en una sequía creativa a causa de su problemática adicción a la heroína que empezó a consumir en 1983.[57]​ que reavivó su deseo de volver a dirigir tras 16 años apartado de las cámaras.

Nunca me ha importado hablar de aquello, pero no deja de ser paradójico que mi adicción haya sido tan sonada cuando tan sólo consumí durante cuatro años. Desde hace once estoy desintoxicado.

Eloy de la Iglesia, en Diario El Mundo ( [12]

Últimos trabajos

Retomando su trabajo para televisión De la Iglesia dirigió una adaptación de la obra teatral Calígula ( 2001) escrita por Albert Camus en 1944. Estrenada dentro del espacio Estudio 1 de Televisión Española,[58]​ sus papeles principales fueron interpretados por Roger Pera, Assumpta Serna, Fernando Guillén Cuervo y Sancho Gracia. A diferencia de lo habitual en las producciones de Estudio 1 tuvo la particularidad de mostrar no sólo el plató sino contar con localizaciones exteriores.

Un profesional del cine nunca para de trabajar. Puede no tener un salario, ni un contrato, pero la herramienta vive dentro de uno mismo y estás engrasándola desde el momento en el que coges el bolígrafo y empiezas a escribir un esquema de guión, o incluso cuando vas a ver una película y determinada secuencia te llama la atención. La herramienta es la mirada. Ese pensar y deformar lo que vas viendo por la calle, lo que lees un día en el periódico.

Eloy de la Iglesia, en Revista La Crítica ( [13]
Fernando Guillén Cuervo estuvo presente en las últimas producciones dirigidas por Eloy de la Iglesia: la adaptación para televisión de Calígula ( 2001) y la adaptación al cine de Los novios búlgaros ( 2003) escrita por Eduardo Mendicutti.

Dos años después estrenó una comedia dramática, a la postre su última película, Los novios búlgaros ( 2003).[61]​ Daniel ( Fernando Guillén Cuervo), un homosexual bien posicionado de 40 años, conoce y se enamora de Kiryl (Ditran Biba), un joven y atractivo búlgaro  sin papeles y sin escrúpulos, por quien se mete en líos que van en aumento. Él se dice a sí mismo que lo hace para ayudarle a salir adelante para no reconocer que está vendido a su pasión. Su adversaria es Kalina (Anita Sinkovic) la novia búlgara de Kiryl.

No creo que haya hecho ningún trabajo, a pesar de la presión ideológica de mis comienzos, que no responda a mi visión personal de las cosas, a mi apetencia de hacer o no una historia determinada. Incluso de optar por un público concreto.

Eloy de la Iglesia, en Revista La Crítica ( [14]

Después de la buena acogida de sus últimos proyectos, De la Iglesia debutó en 2002 como actor en la película Mi último silencio debut cinematográfico del realizador catalán J. A. Durán, en compañía de artistas como Juan Echanove, David Summers o José María Nunes.[65]

No soy capaz de pensar en el futuro, y quizá por todo esto he hecho el cine que he hecho, ése en el que a mí me gusta ser el primer espectador.

Eloy de la Iglesia, en Diario El Mundo ( [15]