Elogio de la locura

Elogio de la locura
de  Erasmo de Róterdam Ver y modificar los datos en Wikidata
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Elogio de la locura en 1515.
Idioma Latín Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original Moriae Encomium, sive Stultitiae Laus Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1511 Ver y modificar los datos en Wikidata
ISBN 978-1-60450-226-8 Ver y modificar los datos en Wikidata
Erasmo de Rotterdam
Sobre el método de estudio Elogio de la locura Educación del príncipe cristiano
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El Elogio de la locura (Morias Enkomion -Μωρίας Εγκώμιον- en griego y Stultitiae Laus en latín: literalmente, Elogio de la estulticia o de la tontería) es un ensayo escrito por Erasmo de Rotterdam e impreso por primera vez en 1511; está inspirado en De triumpho stultitiae del italiano Faustino Perisauli, natural de Tredozio ( Forlì). En una traducción aparece como título «Elogio de la necedad» porque moria es necedad, insensatez, locura[1]

Según palabras del propio Erasmo, tras redactarlo en una semana revisó y desarrolló el trabajo durante una estancia en la casa que tenía Tomás Moro en Bucklersbury.

Se considera el Elogio de la locura como una de las obras más influyentes de la literatura occidental y uno de los catalizadores de la reforma protestante.

Reseña

Comienza con una loa satírica (un fragmento de virtuosa locura) a la manera del autor griego Luciano de Samósata, cuya obra había sido traducida hacía poco al latín por el propio Erasmo y por Tomás Moro. Tras esto, el tono se ensombrece con una serie de discursos solemnes, en los que la locura hace un elogio de la ceguera y la demencia y en los que se realiza un examen satírico de las supersticiones y de las prácticas piadosas y corruptas de la Iglesia Católica, así como de la locura de los pedantes (entre los que se incluye el propio Erasmo). El autor había regresado recientemente de Roma profundamente decepcionado y donde se había lamentado de la evolución que veía en la Curia Romana; poco a poco la locura toma la voz de Erasmo.

En la obra se hace una relación puntual de las "ventajas" de la Locura sobre la Razón; señala cuán felices son los hombres cuando viven arropados por la necedad, situación de la que no escapan ni siquiera los Gramáticos, los Filósofos, los Teólogos, los Papas, los Obispos Germánicos, los Reyes ni los Príncipes. La locura se presenta ante un auditorio donde desarrolla un elogio de sí misma, logrando que su sola presencia desarrugue entrecejos y produzca cálidas sonrisas. Enumera una por una sus cualidades, vanagloriándose de que sus muchos beneficios se reparten entre todo tipo de personas: desde el vulgo que se contenta con pláticas de viejas, hasta los reyes y eclesiásticos que se embriagan con toda clase de diversiones.

La Locura da razón de sus orígenes (Las Islas Afortunadas), de sus padres (Pluto y Hebe) y del cortejo que la acompaña en su tarea de hacer más agradable la vida del género humano (La Adulación, el Amor Propio, la Demencia, la Pereza, la Molicie, el Olvido, y la Voluptuosidad); se lamenta de quienes reniegan de su nombre, pese a ser grandes beneficiarios de sus dones; efectúa una sátira de los leguleyos y de los médicos; de los estudiosos exhibe su desdén y patanería, dejando en claro que las mujeres prefieren la compañía de los necios; exhibe a los comerciantes, describiendo cómo son sus indulgencias la llave para seguir cometiendo sus fechorías; del clero, desde los mendicantes hasta el Papa, muestra qué tan cerca están de la vanidad como lejos de Jesucristo.

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