Elizardo Aquino

Fotografía de Elizardo Aquino en 1866, cuando era teniente coronel.

José Elizardo Aquino Jara ( Luque, 1824 o 1825 – Paso Pucú, 19 de julio de 1866) fue un general paraguayo, héroe de la Guerra de la Triple Alianza. Fue uno de los primeros altos jefes militares paraguayos en morir: teniente coronel en el momento de ser baleado en combate.

José Elizardo Aquino nació en Zárate Isla (en la compañía [jurisdicción] de Luque)[2]

Trayectoria Militar

En 1847 Aquino ingresó en el Ejército Paraguayo como integrante del Batallón n.º 2 de Asunción.[3] Fue trasladado al campamento Paso de Patria (en el extremo suroeste del país, a 380 km de Asunción), recientemente instalado. Debido a sus condiciones en materia artesanal, fue puesto muy joven al frente de la fundición de hierro de Ybycuí, donde se fabricaban cañones y municiones para el ejército. Más tarde trabajó en los Astilleros de la Ribera, donde desarrolló tareas de carpintero naval. Colaboró (con sus famosos «chaflaneros») en la construcción del primer ferrocarril paraguayo, entre Areguá y Paraguarí.

Cuando comenzó la Guerra Grande —que reduciría la población del Paraguay a una tercera parte— Aquino (de 39 años) fue ascendido a capitán. Creó el Cuerpo de Zapadores y trabajó en la fortificación de Humaitá (a más de 300 km al suroeste de Asunción), donde sucedería la batalla de Humaitá. Se embarcó al norte bajo el mando del general Barrios. En la primera campaña, la de Matto Grosso, tuvo una relevante actuación que le mereció menciones especiales por parte del mariscal López. En 1865 se distinguió en las operaciones del Sur comandadas por el general Bruguez.

Participó heroicamente en las batallas de Riachuelo (sucedida el 12 de junio de 1865, a unos 15 km al sur de la ciudad argentina de Corrientes), Mercedes y del Paso de Cuevas. Su intrepidez le valió el nombre de Tigre de la Vanguardia, y le valieron la Orden Nacional del Mérito y el ascenso a teniente coronel.[3]

Por su participación en la batalla de Estero Bellaco (el 2 de mayo de 1866) fue ascendido al rango de coronel. Antes de la batalla de Boquerón, a unos 250 km al suroeste de Asunción), bajo las órdenes del general José E. Díaz y del mayor Jorge Thompson, organizó las trincheras en los campos de Boquerón y Sauce.

En la memorable acción del 16 de julio de 1866, Aquino dirigió personalmente los batallones 6.º, 7.º y 8.º en un contraataque para recuperar posiciones perdidas. En uno de los avances, cuando el enemigo brasileño se retiraba en completo desorden, Aquino se lanzó montado en un caballo overo por el medio de los soldados enemigos.

Durante el combate, este coronel daba gritos para entusiasmar a las tropas y decía que quería matar con sus propias manos a algunos «negros». Luego de decir eso, Aquino clavó las espuelas en su caballo y, con aire alegre y una sonrisa en los labios, se lanzó sobre los brasileños que se retiraban, matando a un soldado «africano retinto» que encontró en su camino.

Francisco Doratioto, Maldita guerra[4]

Aquino fue alcanzado en el vientre por una bala de rifle de otro de los soldados brasileños que huían. Sus ayudantes lo recogieron y lo trasladaron al cuartel general de Paso Pucú. Allí, Solano López lo ascendió a general de brigada en su lecho de muerte. Falleció (con 42 años) tres días más tarde y sus restos fueron sepultados en las cercanías de aquel cuartel.[5]

Ciento dos años después, el 27 de noviembre de 1968, la junta municipal de Luque (1965-1970), designada por el dictador Alfredo Stroessner, hizo trasladar los restos de Aquino desde el cementerio militar de Paso Pucú hasta Luque para ser depositados en el mausoleo construido en su honor en la plaza Elizardo Aquino de la ciudad de Luque. El proyecto arquitectónico del mausoleo fue realizado por el estudiante luqueño de arquitectura César Vera, con el patrocinio del Dr. Reinerio Martínez Duarte.

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