Elena Martín Vivaldi

Elena Martín Vivaldi
Información personal
Nacimiento 1907 Ver y modificar los datos en Wikidata
Granada, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 1998 Ver y modificar los datos en Wikidata
Granada, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Poeta Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
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Elena Martín Vivaldi, ( Granada, 1907-Granada, 1998) fue una poetisa granadina,[1] española, del siglo XX.

Elena Martín Vivaldi, “Nacía cada vez que se anunciaba la primavera o como flor brotaba de su alma un poema”. Emilio de Santiago[2]

Nació en 1907 en Granada, ciudad en la que vivió y trabajó casi toda su vida. Murió en esta misma ciudad, cuando acababa de cumplir, en 1998, los 90 años de edad. En su mesa había un libro de Virginia Woolf.[3]

Fue la cuarta hija de los ocho que tuvieron Elena Vivaldi Romero y José Martín Barrales. Su padre, catedrático de Ginecología y Obstetricia, fue el primer alcalde republicano de Granada, cargo que aceptó por la presión de los amigos y del que dimitió cuatro meses y veinte días después, porque lo suyo era “curar”.

El Ayuntamiento de Granada la nombró, en 1988, Hija Predilecta. Elena tenía entonces ochenta años y ya había sido aclamada, en el II Encuentro de poetas andaluces de 1982, como maestra indiscutible de las generaciones posteriores a la suya.[4] Las mujeres escritoras también le rindieron homenaje, pero fue en noviembre de 2002.

Por expreso deseo de la poeta, su fondo bibliográfico debía ser para la Universidad de Granada y los documentos y manuscritos autógrafos de sus obras pasarían a la Fundación Jorge Guillén donde, una vez digitalizados, podrían ser consultados en la página web de esta institución.[5]

Datos biográficos

Elena estudió en el Colegio de «Riquelme» y luego cursó Bachillerato en el instituto Padre Suárez de Granada, siendo una de las pocas jóvenes que por aquel entonces estudiaban. Después se diplomó en Magisterio en la ciudad de Guadix. Desde su infancia pudo satisfacer su interés por la lectura gracias a que, en casa de los Martín Vivaldi, existía una gran biblioteca en la que, además de libros de medicina, tenía fácil acceso a los clásicos de nuestra literatura y extranjeros.

En 1933, con la oposición de su madre y su hermana, pero animada por su padre y por Gallego Burín, se matriculó en la Facultad Literaria de la Universidad de Granada donde estudiaban entonces, nueve o diez mujeres. Obtuvo la licenciatura en Filología Románica. Trabajó como bibliotecaria en Osuna, ciudad donde vivió sola pese a no estar muy bien visto en aquella época. En 1939 falleció su padre. Elena se trasladó a Madrid, a una residencia femenina, para preparar unas oposiciones de Archivos, Biblioteca y Museos. En el año 1942 opositó al Cuerpo de Bibliotecas, Archivos y Museos y obtuvo una plaza como archivera; en calidad de tal trabajó en Huelva, en el Archivo de Indias de Sevilla. Desde 1948, en que regresó a Granada, se ocupó de las bibliotecas de las facultades de Medicina y Farmacia, llegando a alcanzar el cargo de directora hasta su jubilación (1977).

De Elena Martín Vivaldi se dice,[7]

No habló mucho aquel día Elena en la tertulia del desaparecido Café Granada. Ella siempre fue parca en palabras: sólo las precisas para expresar sus ideas, ni una más ni una menos, pero en lo poco que habló y leyó, dejó traslucir su carácter sincero y su dolorido lirismo.Francisco Gil Cravioto

Lo cierto es que durante la década de los cincuenta, se vinculó al grupo poético Versos al aire libre. Entre 1953 y 1956, centró sus actividades en las tertulias veraniegas del carmen de Las tres estrellas, así como en los encuentros en la Casa de América. Su nombre aparece en la histórica Antología de la actual poesía granadina (1957) de Víctor A. Catena.

Emilio de Santiago describe los encuentros en el café “Granada”

Sólo en un diván destacaba una figura distinta, envuelta en danzante neblina de humo y ensimismada en las páginas de un libro. Era Elena. A su alrededor, pronto se iban incorporando las magras presencias de jóvenes que habían elegido el camino, no siempre ingrato, de la poesía. Íbamos a ella como quienes acuden a un oráculo, a una deidad amiga a oír su certero consejo, su sabia apreciación. Ninguno de los que formábamos aquella estrambótica parroquia podremos nunca olvidar lo que vivimos en amor y compaña.Emilio de Santiago.

[8]

Otro poeta, Luis García Montero refiere que

fumaba mucho, y el humo convertía la mesa en la que estaba en un reservado. Era amable con los visitantes, pero guardaba la independencia de su vida y sus recuerdos detrás de una sonrisa. Los poetas de Granada han admirado con sinceridad la poesía de Elena Martín Vivaldi, tal vez porque la edificación de su identidad triste y lírica se llevó a cabo con pudor, sin el tremendismo que afectó a muchos de los versos aplaudidos por la revista Espadaña

Luis García Montero

[9]

Elena bromeaba con sus amigos. Antonio Chicharro da cuenta de la respuesta de Juan de Loxa a una carta en la que le preguntaba por si lo de “elenamente y elenísima” tenía que ver con él. La respuesta:

No, querido Antonio, ese verso nada tiene que ver conmigo. Hacíamos bromas de que ella era la más elena de todas, tan elenísima como la montiel saritísima, cosas así, complicidades... Rafael Pérez Estrada la bautizó Ntra.Sra.de los Amarillos, que a ella le encantaba, pues nuestra poeta,como yo, también podía ser,en algunas ocasiones delicadamente frívola y, sobre todo, coqueta.

[10]

Veraneaba en Almuñécar (Granada). En el hotel donde se hospedaba con su familia, la chiquillería se reunía a la hora de la siesta para escuchar a Elena contarles cuentos y recitarles poemas mientras los padres descansaban.

Fue una de las primeras mujeres que en la Granada conservadora de la posguerra utilizó pantalones, fumó en público y formó parte de grupos literarios.[11]

En 1972 publicó Durante este tiempo (1965-1972); y luego, Los árboles presento (1977), Noctunos (1981), Y era su nombre mar (1977), Desengaños de amor fingido (1986), Jardín que fue (1977), Tiempo a la orilla (Obra reunida, 1942-1984), Jardín que fue (1985), Con sólo esta palabra (1990), La realidad soñada (1990), Poemas (1994) y Las ventanas iluminadas (1997).

Simposium "Elenamente"

El 8 de febrero de 2008, para conmemorar el centenario de su nacimiento, se organizó el sipmposium “Elenamente”. En palabras del comisario del evento, Antonio Carvajal, poeta también, "se pretendía ponerla en su sitio como la voz lírica más pura del siglo XX español, sin diferencias masculinas o femeninas".[12]

Fidel Villar Ribot, el centenario era la oportunidad de lograr que se conociera y estudiara la obra de la poeta granadina, para lo que era preciso realizar una labor conjunta de toda la sociedad cultural granadina

Pero para empezar todo eso es obligado que se edite la poesía de Elena Martín Vivaldi en cuantas posibilidades se presenten. Y tales ediciones habrían de exceder el ámbito local si no queremos caer en provincianismos tan atávicos como impresentables. Después hay que sacar la poesía de Elena a la calle para que sea un fruto degustado por todos, con esa fruición que sólo les está reservado aportar a los clásicos. Y es que Elena Martín Vivaldi es una clásica de la poesía española. Fidel Villar Ribot

[13]

Un libro

La Junta de Andalucía, en colaboración con la Universidad de Granada, publicó Unos labios dicen, una antología de poemas de Elena seleccionados y prologados por Andrea Villarubia y con Ilustraciones de Mª Teresa Martín Vivaldi, destinado al alumnado andaluz. Además de la nota bibliográfica, las seis lecturas de poemas de Elena Martín Vivaldi que hacen Rosaura Álvarez, Antonio Carvajal, Rafael Guillén, José Gutiérrez y Rafael Juárez, envueltas en este Unos labios dicen,[11] son un hermoso regalo para leer poesía en voz alta y dar a entender a los jóvenes que:

pese a las dificultades, la lectura de un poema puede hablarles del mundo y de los seres humanos de un modo intenso y único. Y que por esa razón merece la pena leerlos. Y que en la superación de los escollos encontrarán el placer de lo que se consigue con esmero. Hay que transmitirles, en fin, la necesidad de leer, de pensar, de escribir. Porque he comprobado también que a esa edad es cuando la poesía presenta su rostro más puro y deslumbrante. Aún no ha llegado el tiempo de las imposturas y las vanidades y ya están lejos los días en que sólo disfrutaban con las rimas y los juegos de palabras. Es ahora cuando la intensidad de las emociones íntimas es más extrema y la poesía les da la oportunidad de reconocerlas y les ofrece el modo de expresarlas. Como se lee la poesía en estos años tal vez nunca más se vuelva a hacer....Este Unos labios dicen, además de un homenaje, es asimismo una invitación a leer y una manifestación de esperanza en que las palabras de Elena Martín Vivaldi ayuden a alguien a encontrar y a encontrarse. Andrea Villarrubia.

[11]

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