Elecciones generales de Sudáfrica de 1994


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Elecciones generales de Sudáfrica de 1994
26 a 29 de abril de 1994
TipoGeneral
Cargos a elegir400 escaños de la Asamblea Nacional
425 escaños de nueve asambleas provinciales

Demografía electoral
Hab. inscritos22,709,152
Votantes19,726,610
Participación
  
86.87 %
Votos válidos19,533,498
Votos nulos193,112

Resultados
Nelson Mandela.jpg
ANC – Nelson Mandela
Votos12,237,655  
Escaños obtenidos252  
  
62.65 %
F. W. de Klerk 2012.jpg
NP – Frederik de Klerk
Votos3,983,690  
Escaños obtenidos82  
  
20.39 %
Mangosuthu Buthelezi (1983).jpg
IFP – Mangosuthu Buthelezi
Votos2,058,294  
Escaños obtenidos43  
  
10.54 %
General Constand Viljoen.jpg
VF+ – Constand Viljoen
Votos424,555  
Escaños obtenidos9  
  
2.17 %
TonyLeon.jpg
DP – Tony Leon
Votos338,426  
Escaños obtenidos7  
  
1.73 %
HSSamarbete.svg
Otros partidos
Votos490,878  
Escaños obtenidos8  
  
2.52 %

Composición del Senado después de la elección
Elecciones generales de Sudáfrica de 1994
  60   ANC   17   NP   5   IFP
  5   VF+   3   DP

Composición de la Asamblea Nacional después de la elección
Elecciones generales de Sudáfrica de 1994
  252   ANC   82   NP   43   IPF   9   VF+
  7   DP   5   APC   3   ACDP


Presidente de Sudáfrica

Las elecciones generales de Sudáfrica de 1994 se realizaron del 26 al 29 de abril de 1994.[1]​ Fueron los primeros comicios celebrados en Sudáfrica aplicando el derecho al sufragio universal y consolidaron el fin del régimen del apartheid. La elección se desarrolló bajo la dirección de la Comisión Electoral Independiente.

Durante los cuatro días de votación se formaron largas colas por las que desfilaron millones de ciudadanos. El proceso estuvo marcado por los asesinatos de veintiún personas en atentados terroristas perpetrados por grupos vinculados a la extrema derecha sudafricana opuesta al proceso de democratización.[3]

Antecedentes

P.W. Botha intentó mantener el apartheid.

Durante los años 1980, el régimen racista del apartheid instaurado en 1948 dio muestras de agotamiento debido a la combinación de oposición interna y sanciones externas. El presidente Botha, consciente de la situación, promovió en 1984 una reforma constitucional que concedía el derecho al voto a las minorías mulata y asiática con el fin de ampliar la base social del régimen. Como resultado, se crearon dos nuevas cámaras legislativas para representar a ambas minorías, que se sumaron a la ya existente para la minoría blanca.[4]

Pero la situación continuó empeorando. Aunque los grupos violentos de oposición no podían vencer al Estado, el coste económico y humano era demasiado alto. Además, el boicot internacional afectaba negativamente a la economía y los acreedores internacionales cada vez eran más exigentes. Adicionalmente, la caída del comunismo en Europa hizo que los afrikáneres y los propios Estados Unidos percibieran de forma distinta al Congreso Nacional Africano (ANC), la principal fuerza de oposición al régimen. Aunque Botha introdujo otras pequeñas reformas para suavizar el sistema de segregación racial, no tuvo intención de cuestionarlo.[6]

En febrero de 1989, Botha sufrió un accidente cerebrovascular y fue obligado a renunciar al liderazgo del Partido Nacional y, más tarde, a la presidencia, siendo reemplazado en ambos cargos por Frederik de Klerk.

Inicio de la transición

Solo tras el reemplazo de Botha por De Klerk se acentuó el ritmo de reformas. El 2 de febrero de 1990, en su discurso de apertura del parlamento, De Klerk pronunció un discurso que algunos consideran el inicio del proceso de transición. En él dijo lo siguiente:[7]

La prohibición del ANC, el Congreso Panafricano, los partidos comunistas sudafricanos y otras organizaciones queda rescindida. Las personas que estén en la cárcel por ser miembros de estas organizaciones (...) serán liberadas (...) Los tiempos de violencia han acabado. Comienza la era de la reconstrucción y la reconciliación (...) Nuestro país y toda su gente han estado envueltos en conflictos, tensiones y luchas violentas durante décadas. Es hora de que rompamos este círculo de violencia para conseguir llegar hasta la paz y la reconciliación

El ANC fue legalizado y su líder, Mandela, puesto en libertad tras 27 años de estancia en prisión.[11]

La colaboración entre el presidente De Klerk y el líder del ANC Nelson Mandela fue decisiva para el éxito de la transición.

En diciembre de 1991 se constituyó la Convención para una Sudáfrica Democrática (CODESA), un organismo compuesto por diecinueve personas representantes de los distintos grupos étnicos sudafricanos. En marzo de 1992 se acordó la constitución de un gobierno interino multirracial y el 17 de marzo de 1992 la minoría blanca aprobó en referéndum una reforma constitucional que garantizaba la igualdad de derechos con independencia de la raza. Tras difíciles negociaciones, la Convención aprobó una Constitución Provisional y varias leyes que debían regular el proceso de transición. Las distintas normas fueron aprobadas por el parlamento tricameral racial entre septiembre y diciembre de 1993.[6]

Se designó un Consejo Ejecutivo de Transición (CET) para asesorar en todo el proceso de celebración de elecciones legítimas. La Constitución Provisional establecía que se elegiría por sufragio universal un parlamento bicameral que nombraría una autoridad ejecutiva compuesta por un presidente y dos vicepresidentes. Todos los partidos que superaran el 5 % de los votos tendrían derecho a formar parte de un Gobierno de Unidad Nacional que duraría cinco años, tiempo previsto para la realización de las reformas necesarias para establecer un nuevo régimen. El CET determinaría el modo más adecuado de elaborar una nueva constitución definitiva que sustituyera a la provisional.[10]

De esta forma, la transición se realizó manteniendo siempre la legalidad vigente, sin ruptura con el régimen anterior. Este camino continuista fue defendido en todo momento tanto por Mandela como por De Klerk, ambos abogados de profesión y formación. El objetivo fue mantener el imperio de la ley durante todo el delicado proceso.[15]

La influencia moderadora de Mandela se hizo notar en una reunión de la ejecutiva del ANC celebrada a principios de 1994 en la que se trató la delicada cuestión del himno nacional. En ausencia del veterano activista, los asistentes acordaron por unanimidad sustituir el tradicional himno de la Sudáfrica del apartheid —«La llamada»— por el popular «Dios bendiga a África», himno extraoficial de la oposición negra. Cuando Mandela se reincorporó a la reunión les hizo notar que esa decisión suponía pisotear los sentimientos de una parte de la población y que impediría el objetivo de lograr la reconciliación. Nadie se opuso y, como resultado, el himno nacional se compone de las dos canciones cantadas sucesivamente: «Dios bendiga a África» y «La llamada».[16]

Violencia política

La transición distó de ser sencilla y se caracterizó por una fuerte violencia de origen político debida a varios factores.[19]

Uno de los focos de violencia estuvo en los ultraderechistas blancos contrarios al fin del régimen del apartheid, cuyos escuadrones de la muerte actuaban sin control. El ANC decía que existía una «tercera fuerza» ajena al Ejército y la Policía amparando la violencia, pero nunca pudo demostrar su existencia.[1]

Los violentos milicianos del extremista Movimiento de Resistencia Afrikáner fueron un factor de desestabilización.

Otro de los motivos de la violencia fue la resistencia a perder su poder por parte de algunos de los líderes de los bantustanes creados por el régimen racista. En septiembre de 1992, el ANC convocó una marcha hacia Bhisho, la capital de Ciskei. Las fuerzas armadas del bantustán —teóricamente independiente y gobernado por Oupa Gqozo— abrieron fuego contra la multitud y causaron veintiún víctimas mortales.[20]

Ambos sectores —extrema derecha afrikáner y gobernadores de los bantustanes— confluyeron en la crisis de Bofutatsuana en marzo de 1994, poco antes de la celebración de las elecciones. El puesto de su líder, Lucas Mangope, estaba en peligro. El general Viljoen entró con milicianos del Frente del Pueblo Afrikáner para apoyar su tambaleante régimen, al que veían como un aliado de los supremacistas blancos. A sus paramilitares se unieron indisciplinados milicianos del extremista Movimiento de Resistencia Afrikáner que dispararon indiscriminadamente contra la población. Las fuerzas armadas del bantustán reaccionaron atacando a los invasores y tres milicianos murieron durante la retirada, dos de ellos asesinados por un coronel ante las cámaras de televisión.[24]

Uno de los conflictos más sangrientos fue el enfrentamiento entre el Congreso Nacional Africano y el Partido de la Libertad Inkatha (PLI) en el bantustán de KwaZulu. Mangosutu Buthelezi era su primer ministro y líder de Inkatha, e intentaba mantener su predominio territorial frente al auge del ANC.[26]

En el extremo ideológico opuesto, también el Congreso Panafricano cometió actos de violencia. El peor de todos fue la matanza de un grupo de cristianos que rezaban en una iglesia de El Cabo.[27]

En los townships se mantuvo, antes y después de las elecciones, una violencia tendente a hacer justicia popular de forma sumaria. El ANC había alentado durante años el linchamiento de supuestos colaboracionistas mediante la cruel práctica del collar. Se colocaban alrededor del cuello del sospechoso varios neumáticos impregnados de líquido inflamable y se les prendía fuego. La ineficacia policial y la costumbre de décadas favorecieron la continuidad de esta práctica.[6]

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