El suicidio

El suicidio
de  Émile Durkheim Ver y modificar los datos en Wikidata
Le Suicide, Durkheim.jpg
Portada de la edición original en francés.
Género Ensayo Ver y modificar los datos en Wikidata
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El suicidio. Estudio de sociología ( 1897) (en francés: Le suicide. Étude de sociologie) es una de las más importantes obras del sociólogo francés Émile Durkheim que trata sobre el suicidio como fenómeno social. Con ello rompe la tendencia tradicional de considerarlo como un fenómeno estrictamente individual y por ende sólo como objeto de la psicología o de la moral.

Tesis y argumentos principales de la obra

Como su nombre indica, es un estudio sobre el suicidio, pero la gran novedad es que Durkheim considera éste desde el punto de vista de la tasa anual de suicidios que existe en varios países europeos desde la sexta década del siglo XIX. Esto es, desde un punto de vista social. Analizando esas tasas, se percata de que suelen mantenerse constantes o con cambios muy leves a lo largo de prolongados períodos. Igualmente, los picos o los valles acusados en las gráficas corresponden con acontecimientos como guerras o depresiones económicas.

También se percata de que la tasa de suicidios es diferente de unos países y de unas comunidades a otras. Por ejemplo, en las sociedades católicas había menos suicidios que en las sociedades protestantes, pero entre los judíos todavía menos que entre los católicos.[2] (El anterior es sólo un ejemplo). Durkheim no sólo estudia las diferencias según religión sino según matrimonio, hijos, grupos profesionales, género, edad, grupos políticos, tipo de sociedad o de medio social, etc. Ello le permite ver las diferentes causas sociales del suicidio, que son las determinantes, y establecer para cada tipo de causa un tipo de suicidio diferente. Durkheim distingue cuatro tipos de suicidio:

  • Suicidio egoísta
  • Suicidio altruista
  • Suicidio anómico
  • Suicidio fatalista (casi sin mencionar)

El suicidio egoísta tiene lugar cuando los vínculos sociales son demasiado débiles para comprometer al suicida con su propia vida. En ausencia de la integración de la sociedad, el suicida queda libre para llevar a cabo su voluntad de suicidarse. Su excesivo individualismo, producto de la desintegración social, no le permite realizarse en cuanto individuo social que es, lo tiene insatisfecho y, puesto que para él la finalidad de la vida sólo puede estar en la propia persona, como ésta no le alcanza, tiende a perder el sentido de la vida y a despreciarla. Esta forma de suicidio suele darse más en las sociedades modernas, en las que la dependencia de la familia y de la religión es menor que en las tradicionales.

Una de las conclusiones a las que llega Durkheim a partir de lo anterior es que en las sociedades y las comunidades que tienen más cohesión y solidaridad orgánica, la tasa de suicidios será menor, justamente porque la estrecha conexión con el grupo al que se pertenece es un freno de la voluntad de suicidio. Eso explicaría datos como, por ejemplo, que los judíos se suicidaran menos que los católicos: según Durkheim, es la persecución y el aislamiento de que históricamente han sido objeto la mayor parte de las comunidades judías en Europa lo que hizo que los individuos se volvieran más dependientes y unidos unos con otros. Una explicación parecida es la que reciben hechos como que en los países católicos la tasa de suicidios fuera menor que en los protestantes, pues las sociedades y comunidades de éstos son más individualistas.

El suicidio altruista es el causado por una baja importancia de la individualidad. Es el tipo exactamente opuesto al egoísta o individualista. Durkheim pone el ejemplo de muchos pueblos primitivos, entre quienes llegó a ser moralmente obligatorio el suicidio de los ancianos cuando ya no podían valerse por sí mismos. En las sociedades tribales también es común que las viudas tengan el deber moral de matarse cuando mueren sus esposos, lo mismo que los sirvientes o fieles de un jefe, príncie o rey cuando éste muere. El ejemplo moderno es el ejército. Durkheim destaca que en los países donde los civiles se suicidan más (por el suicidio egoísta), en el ejército se suicidan menos, y viceversa, debido a las causas diametralmente opuestas de ambos tipos de suicidio.

El suicidio anómico es aquel que se da en sociedades cuyas instituciones y cuyos lazos de convivencia se hallan en situación de desintegración o de anomia. En las sociedades donde los límites sociales y naturales son más flexibles, sucede este tipo de suicidios. Por ejemplo, en los países donde el matrimonio tiene un peso menor, por la existencia del divorcio, el suicidio es mayor. Es el suicidio de las sociedades en transición. Otros ejemplos son los del comercio y la industria, donde el cambio (y por lo tanto, también el suicidio anómico) es crónico.

El suicidio fatalista, que se produce allí donde las reglas a las que están sometidos los individuos son demasiado férreas, de modo que éstos conciben y concretan la posibilidad de abandonar la situación en la que se hallan. Es el tipo exactamente opuesto al anómico. Las sociedades esclavistas serían ejemplos de medios en los que se da este suicidio.

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