El rey pasmado

Trama

Historia ambientada en la corte española del siglo XVII, en la que el rey Felipe IV ( Gabino Diego), en una escapada con el conde de la Peña Andrada, queda pasmado al contemplar el cuerpo desnudo (con medias rojas) de Marfisa ( Laura del Sol), una prostituta de la Villa (en una postura que recuerda la Venus del espejo). Tras dicho descubrimiento, el rey decide contemplar el cuerpo desnudo de su mujer, la reina Isabel de Borbón ( Anne Roussel)

Este hecho hace que el Gran Inquisidor se vea obligado a convocar una junta de para debatir el asunto. Las dos caras del debate están representadas por la figura del fraile Villaescusa ( Juan Diego), que asegura que la pretensión del rey es grave pecado que puede traer el castigo a todo el país y el padre Almeida, un misionero jesuita que replica que la mala suerte de los gobernados depende de la capacidad de sus gobernantes más que de su moralidad y que el deseo del rey es un asunto privado. Aunque la reina está dispuesta a complacer los deseos del rey, Villaescusa y sus subalternos hacen lo imposible para frustrar sus pretensiones. Finalmente, gracias a la ayuda del jesuita y el conde de la Peña Andrada, el rey consigue reunirse con la reina a solas en el monasterio de San Plácido y logra su objetivo.

Paralelamente, el Conde-Duque de Olivares ( Javier Gurruchaga) teme estar siendo castigado por Dios ya que no logra tener descendencia con su mujer, por lo que pide consejo a Villaescusa, quien le informa que la culpa de la esterilidad la tiene el placer que él y su esposa obtienen a la hora de realizar el acto sexual. La solución, de "inspiración divina" propuesta por Villaescusa consiste en que el conde y su esposa copulen en el coro de la iglesia de San Plácido (donde por coincidencia muy cerca se encuentran los reyes) delante de las monjas del coro. A la salida de este encuentro sexual el Conde-Duque de Olivares recibe sendos correos donde le informan de la llegada de la Flota de Indias a Cádiz con todo el cargamento y la victoria de las tropas españolas en Flandes. Villaescusa quiere hacer ver que el feliz desenlace se debe a los sacrificios por los que han pasado, pero el conde Duque le replica que por la fecha de las cartas se ve que la flota había arribado a Cádiz hace dos días "justo el día en que el Rey se fue de putas". El conde Duque envía a Villaescusa a Roma con una carta lacrada en donde se pide que no le dejen marchar hasta que haya cambiado su actitud.

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