El pastor de Las Navas

El pastor, representado en el monumento a la batalla de Las Navas, en La Carolina (Jaén).

El pastor de Las Navas fue un personaje de la historia medieval de España que tuvo una intervención fugaz pero decisiva en vísperas de la batalla de las Navas de Tolosa de 1212, guiando por camino seguro a las tropas cristianas de Alfonso VIII a través de Sierra Morena hasta el campamento musulmán de Miramamolín.

La ausencia de datos históricos concretos que hay sobre este personaje y la diversidad de opiniones que posteriormente se formaron sobre su oportuna intervención, hicieron de él un objeto de leyenda y de controversia historiográfica: mencionado en las crónicas contemporáneas como un simple pastor de ganado, lo providencial de su aparición llevó poco después a considerarle un enviado divino; de nombre desconocido, tres siglos después del episodio se le asignaron los de Martín Alhaja o Martín Malo, y cien años más tarde numerosos autores comenzaron a identificarle con San Isidro.

Los hechos históricos

La península ibérica en 1210.

A principios del siglo XIII, con la península ibérica inmersa en las guerras de Reconquista que enfrentaban a cristianos y musulmanes por el control del territorio, se fraguó una alianza entre los reyes Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón, que ayudados por cruzados europeos y auspiciados por el papa Inocencio III reunieron un considerable ejército con el que presentar batalla a las tropas almohades del califa de Al-Ándalus Muhammad An-Nasir, llamado Miramamolín.

La batalla de Las Navas, lienzo de Francisco de Paula van Halen (s. XIX).

En julio de 1212 el ejército cristiano marchó desde Toledo hacia el sur hasta la actual provincia de Jaén con la intención de librar una gran batalla campal, pero desde su campamento en Castro Ferral encontró su avance detenido porque las tropas almohades dominaban las alturas del puerto de La Losa, terreno abrupto en el que las fuerzas cristianas veían limitada su capacidad de maniobra.

Ante los líderes cristianos se presentó entonces un pastor que se ofreció a buscarles un paso seguro y accesible a través de Sierra Morena por el que su ejército podría llegar hasta el enemigo sin ser advertido; tras la desconfianza inicial hacia el desconocido, éste guió efectivamente a las tropas cristianas, las cuales consiguieron llegar frente al campamento almohade, que fue contundentemente derrotado en la batalla de las Navas de Tolosa del 16 de julio de ese mismo año.

El pastor en las crónicas contemporáneas

De la batalla, y de los hechos ocurridos los días anteriores, se conservan tres testimonios de otras tantas personalidades que hallándose presentes dejaron constancia escrita de los hechos: el arzobispo de Narbona Arnaldo Amalric omitió el episodio del pastor al relatar la batalla a Inocencio III,[1]​ pero sí lo mencionaron el rey Alfonso VIII en su carta al papa, relatando:

De rebus Hispaniae.

«Y como ya uviessemos afirmado nuestro proposito a juyzio de cierto labrador, que Dios embió de repente, en el dicho lugar hallamos otro passo harto facil...»[2]

y el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada en De rebus Hispaniae, quien escribió:

«Dios (...) envió un home como aldeano o pastor, home mal vestido, é parecía que era el vestido de poco valor, segun su manera de parecer. E dijo que él guardara tiempo habia su ganado en aquellos montes, é que tomara por allí en aquel puerto liebres, é conejos. E dijoles que él les mostraria logar por do pasasen muy bien, é sin peligro por la cuesta del monte en derredor, é que los llevaria escondidamente, que aunque los moros los viesen no les pudiesen empecer ninguna cosa, é que podiamos llegar al logar que deseabamos para lidiar con los moros».[3]

A lo largo de la primera mitad del siglo XIII otros cronistas, que no encontrándose presentes en la batalla recogieron las informaciones que les llegaron en su misma época, también hicieron mención del episodio: Lucas de Tuy escribió en Chronicon mundi[4]​ que «apareció milagrosamente cierto hombre en trage de pastor de ovejas»; Alberico de Trois-Fontaines en Chronica Alberici[5]​ dejó anotado que «cierto varón silvestre enviado de Dios vino a ellos vestido y calzado de cuero de ciervo sin curtir (...) y los conduxo milagrosamente por camino fácil»; Juan de Osma relató en la Chronica latina regum Castellae que «envió entonces Dios bajo la apariencia de pastor a uno...», aunque más adelante añadió la noticia de un rumor: «Se cree por los que juzgan con rectitud que no era "un puro hombre", sino alguna virtud divina».[7]

Las alusiones al carácter divino de su intervención bien podrían interpretarse como una fórmula coloquial de los cronistas, bastante frecuente en sus escritos;[9][11]

Other Languages