El orden del discurso

El orden del discurso
de  Michel Foucault Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Ensayo Ver y modificar los datos en Wikidata
Edición original en francés Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original L'Ordre du discours Ver y modificar los datos en Wikidata
Editorial
Ciudad París Ver y modificar los datos en Wikidata
País Francia
Fecha de publicación 1971 Ver y modificar los datos en Wikidata
Páginas 88 Ver y modificar los datos en Wikidata
ISBN 2-07-027774-7 Ver y modificar los datos en Wikidata
Edición traducida al español
Traducido por Alberto Gónzalez Troyano
Editorial Tusquets Editores
País México
Fecha de publicación 1999
Páginas 80
ISBN 978-8483106549
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El orden del discurso es la lección inaugural que ofreció Michel Foucault en 1970 en el Collège de France, cuando sucedió a Jean Hyppolite en la cátedra de “Historia de los sistemas de pensamiento”.  En dicha lección, a partir de una visión genealógica, es decir, que busca comprender las tácticas y estrategias que utiliza el poder, va a enumerar todos los procedimientos utilizados para conjurar los poderes y peligros del discurso (enfocado en su dimensión de materialidad y de acontecimiento).

Conceptos básicos

Para entender El orden del discurso de Foucault es necesario tener presentes algunos conceptos clave de su pensamiento. El primero de ellos es el poder que de acuerdo con el filósofo es “una vasta tecnología que atraviesa al conjunto de relaciones sociales; una maquinaria que produce efectos de dominación a partir de un cierto tipo peculiar de estrategias y tácticas específicas”.[1] El poder transita horizontalmente y se convierte en actitudes, gestos, prácticas y produce efectos, sin embargo no se encuentra localizado y fijado eternamente, no está nunca en manos ni es propiedad de ciertos individuos, clases o instituciones.

Junto a la idea de poder, se halla el concepto de discurso; ambos se relacionan y configuran un trinomio en conjunción con el saber: el discurso permite la legitimación del poder y éste institucionaliza al saber; entre saber y poder se construye una “política general de verdad”, “la cual se encarga de distinguir los enunciados falsos de los verdaderos, de sancionar los discursos alternativos, y de definir las técnicas y procedimientos adecuados para la obtención de la verdad que interesa al poder”.[2]

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