El móvil (relato)

El móvil Ver y modificar los datos en Wikidata
de  Julio Cortázar Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Cuento Ver y modificar los datos en Wikidata
Subgénero Realismo mágico Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Editorial Los Presentes (primera edición)
País Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1956 Ver y modificar los datos en Wikidata
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«El móvil» es un relato escrito por Julio Cortázar. Forma parte del libro Final del Juego, publicado en 1956 por la editorial mexicana Los Presentes[3]

Argumento

Tras la muerte de Montes, su mejor amigo decide buscar el culpable de dicho crimen. Sólo cuenta con una somera descripción del asesino dada por el Montes antes de morir: “brazo azul” y “tatuaje”. Va en su busca en un barco con destino a Marsella, detrás de un posible marinero causante del dilema. En el barco se encuentran tres argentinos, de nombre Lamas, Pereyra y Ferro, con quien establece una relación inmediata. Pereyra es su mayor sospechoso.

Para asegurarse de su perspectiva, el protagonista se involucra con una mucama, Petrona, con quien sostiene una relación amorosa. La utiliza como espía para investigar si a Pereyra le corresponden las características del asesino, y ella contesta negativamente. La joven empieza a frecuentar menos la habitación del muchacho por supuestos problemas con la administración, pero haciendo a su vez más seguidas las visitas clandestinas a Pereyra, situación que provoca la ira y sospecha del joven. El día en que el barco llega a puerto, éste encierra a Pereyra a en su habitación, pues había notado que Petrona le mintió y creyendo que era el hombre que buscaba, lo asesina y lo lanza por la ventana. Se agacha para verificar el tatuaje en su brazo pero no se menciona si en realidad lo tenía o no. Al final de la historia, encuentra a Lamas y le susurra un trato al oído "secreto por secreto", después Lamas lo acomoda con sus amigos franceses adinerados y no lo vuelve a ver jamás. Dándose a entender que Pereyra en realidad no había sido el asesino y ahora se intercambiaba con Lamas su secreto a cambio de dinero y comodidad.

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