El hombre elefante (película)

El hombre elefante (título original: The Elephant Man en inglés) es una película estadounidense de 1980 basada en la historia real de Joseph Merrick, llamado John Merrick en la película, un hombre gravemente deformado que vivió en Londres durante el siglo XIX. La película fue dirigida por David Lynch y protagonizada por John Hurt, Anthony Hopkins, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Hannah Gordon y Freddie Jones.

El guion fue adaptado por Lynch, Christopher De Vore, y Eric Bergren de los libros El Hombre Elefante y otras reminiscencias (1923) de Sir Frederick Treves y El Hombre Elefante: Un Estudio de la dignidad humana (1971) de Ashley Montagu. Se rodó en blanco y negro. La película fue un éxito crítico y comercial, y tuvo ocho candidaturas a los premios de la Academia de 1981, incluyendo el otorgado a la mejor película.

Sinopsis

El doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins), un cirujano del Royal London Hospital, realiza una visita a un circo ambulante de época victoriana. La policía está cerrando una «parada de los monstruos» gestionada por el brutal Bytes (Freddie Jones), que expone de forma ilegal a John Merrick (John Hurt).

Merrick, encerrado en una jaula, esconde su deformidad bajo una manta vieja y sucia. Bytes declara que es un retrasado mental y lo mantiene encerrado en condiciones precarias. Treves, intrigado por «el fenómeno», consigue llegar hasta Bytes para ver el espectáculo a puerta cerrada, emocionandose con la visión. Convence a Bytes, pagando, para que le deje llevárselo al hospital. Allí, Treves, tras examinarlo en su consulta, presenta a Merrick a sus colegas en una sala de conferencias. Al regresar Merrick al circo, Bytes le pega tan severamente que el pequeño ayudante de Bytes (Dexter Fletcher), alerta a Treves de lo ocurrido. Bytes dice que se ha caído y el doctor decide llevárselo otra vez al hospital sin que nadie allí se entere.

Las enfermeras de hospital están horrorizadas por la apariencia de Merrick, por lo que Treves lo acomoda en una sala de aislamiento, bajo el cuidado estricto de una encargada, la señora Mothershead (Wendy Hiller). El Sr. Carr Gomm (John Gielgud), director del hospital, se resiste a dar albergue a Merrick (que hasta ahora ha mantenido silencio), ya que el hospital «no acepta a enfermos incurables». Por la noche, Merrick recibe la visita del vigilante nocturno ( Michael Elphick), que lo atemoriza y planea sacarle partido. Por la mañana, Bytes acude al hospital para llevarse a Merrick, acusa a Treves de explotarlo igual que él pero Carr Gomm, que presencia la discusión, defiende a Treves y decide que es hora de conocer a Merrick. Para persuadir a Gomm, Treves le había enseñado a recitar algunas frases corteses. Gomm ve el engaño, pero al marcharse de la habitación, los hombres se sorprenden al escuchar a Merrick recitar el salmo 23 de la Biblia, afirmando haberlo aprendido leyendo cuando era joven. Impresionado por esta demostración de inteligencia, Gomm permite a Merrick quedarse.

Merrick, gradualmente se revela como una persona sofisticada, muy sensible e inteligente. Gomm organiza su estancia en el hospital y Merrick pasa sus días leyendo, dibujando y creando una maqueta de una catedral, visible parcialmente a través de su ventana. Un día por la tarde, Treves lo lleva a tomar el té a su casa, con su esposa Ann ( Hannah Gordon). Merrick, abrumado por el cariño que recibe de sus anfitriones, les muestra su tesoro más preciado, una fotografía de su madre y expresa un pensamiento: «Yo debí ser una gran decepción para ella... ...si pudiera encontrarla y ella pudiera mirarme con amor, queridos amigos, aquí y ahora quizá me amaría tal como soy. Yo me he esforzado mucho por ser bueno». Más tarde, Merrick comienza a recibir visitas de la alta sociedad en su habitación, entre ellos, la célebre actriz Madge Kendal (Anne Bancroft). Se convierte en objeto de la curiosidad y la caridad de la alta sociedad. A medida que estas conexiones crecen y aumentan las visitas, la señora Mothershead se queja a Treves diciendo que está usando a Merrick como un atractivo «espectáculo de fenómenos», aunque sean de clase alta. Treves se angustia por esta idea y comienza a cuestionarse si ha hecho o no lo correcto. Mientras Merrick es tratado bien durante el día, el vigilante nocturno, en secreto, gana dinero permitiendo el acceso a personas ajenas al hospital para admirar al interno.

La junta de gobierno del hospital discute la decisión de mantener a Merrick indefinidamente, se considera la idea de negarle tal privilegio. Pero entonces la princesa de Gales, Alexandra, visita sorpresa a los miembros de la junta con un mensaje de la reina Victoria, agradeciendo que Merrick reciba atención permanente en el hospital. Sin embargo, Merrick es devuelto a su antigua vida cuando Bytes accede a su habitación en una de las «exhibiciones» del vigilante nocturno. Bytes secuestra a Merrick y lo lleva a la Europa continental, donde una vez más lo exhibe y lo somete a la crueldad y el abandono. Con la intervención del testigo sobre la crueldad y Treves, consumido por la culpa, toma medidas contra el vigilante nocturno ayudado por la señora Mothershead.

Merrick se escapa con la ayuda de sus compañeros del espectáculo y logra regresar a Londres. Al llegar, es acosado por un grupo de niños en la estación de Liverpool Street y derriba accidentalmente a una niña. Es perseguido por una multitud furiosa, le decubren la cabeza y lo acorralan, momento en el que grita a la multitud angustiosamente, antes de derrumbarse: «No, yo no soy ningún monstruo, no soy un animal, soy un ser humano, soy un hombre». Cuando la policía encuentra a Merrick lo devuelve al hospital donde regresa a su antigua habitación. Se recupera lentamente del incidente pero no así de su bronquitis crónica que empeora. Como regalo, la señora Kendal organiza en su honor un musical en el teatro. Al final del espectáculo, Merrick recibe una gran ovación. Esa noche, en el hospital, Merrick da las gracias a Treves por todo lo que ha hecho y acaba su maqueta de la catedral, firmándola con su nombre. Imitando a uno de sus dibujos en la pared, retira las almohadas que le han permitido dormir en posición vertical y se acuesta en su cama y muere. Un plano final va desde John Merrick, echado en su cama, hacia la cómoda donde está la Biblia y la foto de su madre, sigue la maqueta de la iglesia, y desde la iglesia, el plano llega a la ventana dando paso a un cielo estrellado. Unas palabras se oyen en boca de su propia madre, Mary Jane Merrick, citando un verso de «Todas las cosas morirán» del poeta Alfred Tennyson.

Nada, nada morirá jamás,
la corriente sigue su curso,
el viento sopla,
la nube vuela ligera,
el corazón palpita.
Nada morirá.
—Todas las cosas morirán (All Things Will Die), Lord Alfred Tennyson (1809-1892)
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