El discurso del rey

El discurso del rey —título original: The King's Speech— es una película británica de 2010 dirigida por Tom Hooper a partir del guion escrito por David Seidler. Pertenece a los géneros dramático e histórico. La trama gira en torno al duque Jorge de York quien, para vencer la tartamudez, acude al fonoaudiólogo australiano Lionel Logue. Ambos traban amistad mientras trabajan juntos y, cuando Eduardo VIII abdica del trono, el nuevo rey Jorge se apoya en Logue para que lo ayude a realizar su primera transmisión de radio sobre la declaración de guerra a Alemania en 1939.

Seidler padeció tartamudez en su infancia, y previamente a su participación en la película, había leído acerca de la vida de Jorge VI. En la década de 1980 comenzó a escribir esbozos para un guion sobre la relación entre el monarca y su fonoaudiólogo, pero a petición de la viuda del rey, Isabel Bowes-Lyon, abandonó el trabajo hasta después de que ella falleciera. Más tarde reescribió el guion enfocándose mayormente en la relación entre los protagonistas. Nueve semanas antes de que comenzara la filmación, se descubrieron unos cuadernos de Logue y se incorporaron algunas frases suyas al guion.

El rodaje se realizó en Londres y en otros lugares del Reino Unido, de noviembre de 2009 a enero de 2010. Las escenas iniciales de la película se filmaron en el estadio Elland Road en Leeds y en el Estadio Odsal en Bradford. Las escenas en interiores se rodaron en Lancaster House en sustitución del Palacio de Buckingham y la Catedral de Ely en vez de la Abadía de Westminster. La fotografía difiere de la empleada en otros filmes del género: se utilizó una iluminación más «intensa» para darle mayor repercusión emotiva a la trama y objetivos más amplios de lo normal, con la finalidad de recrear el sentimiento de opresión del monarca. Otra técnica de Hooper consistió en el encuadre excéntrico de los personajes: en su primera consulta con Logue, Jorge VI aparece encorvado en una esquina del sofá que está situado en uno de los extremos del plano.

Estrenada en el Reino Unido el 7 de enero de 2011, El discurso del rey tuvo un gran éxito comercial y recibió buenas críticas. Los censores calificaron la película como apta solo para mayores de quince años debido al uso de lenguaje soez, aunque rectificaron tras recibir las críticas de los productores y los distribuidores nacionales. Por otra parte, en Estados Unidos se quitó el sonido a algunas palabras malsonantes. Con un presupuesto de 8 millones de libras esterlinas, recaudó cerca de 400 millones de dólares en todo el mundo. En general recibió elogios de los críticos cinematográficos por su estilo fotográfico, su dirección artística y sus actuaciones. Algunos especialistas discutieron la precisión histórica de algunos detalles, especialmente el hecho de que Winston Churchill abandonara su oposición a la abdicación. La película recibió muchos premios y nominaciones, particularmente por la actuación de Colin Firth, quien ganó un Globo de Oro al mejor actor; a pesar de ser la película con más nominaciones, no le otorgaron ningún otro premio en esta ceremonia. El discurso del rey ganó siete premios BAFTA otorgados por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión, entre los que se cuentan el de mejor película, mejor actor (Firth), mejor actor de reparto ( Geoffrey Rush) y mejor actriz de reparto ( Helena Bonham Carter). Además, ganó cuatro premios Óscar: a la mejor película, al mejor director (Hooper), al mejor actor (Firth) y al mejor guion original (Seidler).

Argumento

La película inicia con la escena donde el príncipe Alberto, duque de York ( Colin Firth), segundo hijo de Jorge V, tartamudea durante el discurso de clausura de la British Empire Exhibition de 1925, en el Estadio de Wembley. Si bien ya había perdido la esperanza de curarse, su esposa Isabel ( Helena Bonham Carter) lo convence para que vaya a ver a Lionel Logue (Geoffrey Rush), un fonoaudiólogo australiano que vive en Londres. En su primera sesión, Logue rompe con la etiqueta real e insiste en llamar a su paciente «Bertie», un apodo utilizado solo en el círculo familiar del duque. Cuando Alberto decide que los métodos y los modales de Logue son inapropiados, el logopeda apuesta un chelín a que el duque puede recitar sin problemas el de Hamlet «Ser o no ser», mientras escucha Las bodas de Fígaro con auriculares y lo graba con un gramófono. Convencido de que su tartamudez persistía, el duque abandona el consultorio enojado y afirmando que su condición es «desesperada»; el fonoaudiólogo le ofrece su grabación como recuerdo.

El rey Jorge V transmitiendo su mensaje navideño de 1934; esta escena se recreó en la película.

Después de que el rey Jorge V ( Michael Gambon) transmitiera su discurso navideño de 1934 a través de la radio, le explica a Alberto la importancia de la radiodifusión para la monarquía moderna. Le dice también que «David» ( Eduardo, el príncipe de Gales, interpretado por Guy Pearce), su hermano mayor, traerá desgracia para sí mismo, la familia y el país cuando suba al trono y que dejaría al canciller Hitler y al premier Stalin ordenar las prioridades en Europa. El rey le pide que se prepare y que comience leyendo el discurso de su padre; el duque realiza un esfuerzo agotador para lograrlo.

Más tarde, Alberto reproduce la grabación de Logue y se escucha a sí mismo recitar a Shakespeare muy seguro. Vuelve a verlo con su esposa, pero le pide que no profundice en su vida privada y solo se enfoque en los aspectos físicos. Logue le enseña a relajar sus músculos y técnicas para controlar su respiración, pero continúa haciendo referencia sutilmente a las raíces psicológicas de la tartamudez. El duque revela más tarde algunas de las dificultades que enfrentó en su infancia: su relación tensa con su padre, estricto y poco afectuoso, la represión de su zurdera, las tablillas metálicas dolorosas que usaba para corregir sus malformaciones en las rodillas, el abuso psicológico de su niñera, que no le daban de comer todos los días y la temprana muerte de Juan, su querido hermano menor que padecía epilepsia. Tras esto, ambos se hacen amigos.

Jorge V fallece en enero de 1936 y David asciende al trono como Eduardo VIII. Produce una gran crisis por su determinación de casarse con Wallis Simpson ( Eve Best), una estadounidense de la alta sociedad que todavía está casada legalmente con su segundo marido. En una fiesta navideña en el Castillo de Balmoral, Alberto señala que el rey, como cabeza de la Iglesia anglicana, no puede casarse con Simpson, por más que llegue a conseguir el divorcio, tras lo cual su hermano lo acusa de querer usurpar el trono y afirma que sus clases de locución son una forma de prepararse, además de llamarlo «B-B-B-B-Bertie».

En su siguiente sesión, expresa su frustración por el hecho de que sus habilidades mejoraron en cuanto a hablar con otra gente, aunque no con su hermano. También revela a Logue el alcance de la pasión que Eduardo siente por Wallis. Cuando el australiano insiste en que podría ser mejor rey que su hermano, el duque califica la sugerencia como traición y se burla de su carrera actoral frustada y sus orígenes humildes. Luego de que Eduardo VIII abdica al trono para casarse con Wallis Simpson, Alberto se convierte en Jorge VI. El nuevo rey y su esposa van a visitar a Logue a su casa para pedirle perdón y allí conocen a la esposa del australiano, que a su vez desconocía la identidad verdadera del paciente de su marido.

Mientras se realizan los preparativos para la coronación en la Abadía de Westminster, Jorge VI descubre que Logue no tiene estudios; este le explica que, como profesor de locución, ayudó a recuperar el habla a los soldados australianos que volvían de la Primera Guerra Mundial con fatiga de combate. Cuando Jorge VI se muestra convencido de su ineptitud para ser rey, Logue se sienta en el Trono de Eduardo el Confesor y descalifica la Piedra de Scone. Animado por la aparente falta de respeto de Logue, el rey se sorprende a sí mismo con su súbita elocuencia, nacida del enojo.

Ante la inminente declaración de guerra a Alemania en septiembre de 1939, Jorge VI lleva a Logue al Palacio de Buckingham para que lo prepare para su discurso, que será difundido por radio y escuchado por millones de personas en el Reino Unido y todo el Imperio. El rey y Logue permanecen solos en la sala con el micrófono; Jorge VI da su discurso correctamente, como si estuviera solamente con su fonoaudiólogo, quien lo guía en silencio. Hacia el final de la transmisión, el rey habla solo, casi sin su ayuda. Finalmente, acompañado por su familia, sale al balcón y recibe los aplausos de miles de personas allí reunidas. Un pequeño cartel explica que Logue siempre estuvo presente en los discursos de Jorge VI en el transcurso de la guerra y que siguieron siendo buenos amigos por el resto de sus vidas.

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