El Molino

El Molino visto desde el Paralelo (Rosa Puig)

El Molino es un café-concierto de Barcelona, de los más reconocidos de Europa durante buena parte del siglo XX y del siglo XIX, y que siempre ha sido considerado un espacio transgresor de los límites permitidos, con una gran capacidad de crear lenguajes propios, de doble sentido, con el móvil de poder escapar de las censuras de cada época. Con sus características aspas rojas de molino en la fachada, fue el más famoso de los teatros del Paralelo, avenida que llegó a ser bautizada como "la calle del teatro de Europa", a causa de la gran concentración de espacios escénicos que tenía.

Abrió sus puertas el año 1898, con el nombre de Pajarera Catalana concebido como un espacio para espectáculos. En 1910 cambió el nombre por el de Petit Moulin Rouge, y con la llegada de la dictadura franquista, en 1939, el régimen obligó a castellanizar el nombre y suprimir la palabra " rojo", por las connotaciones políticas que podía sugerir. Desde entonces ha quedado como El Molino.

Después de la reforma finalizada en octubre de 2010, impulsada por la empresa Ocio Puro y la empresaria Elvira Vázquez,[2]

El edificio

Exterior

El edificio original de 1898 era, de hecho, una construcción efímera en madera. En 1910, se encarga a Manuel Joaquim Raspall la construcción de un nuevo edificio con carácter permanente. Raspall, era aficionado al teatro y ya tenía algunas experiencias con la construcción del Teatro Cómico (en el mismo Paralelo), el Granvía y el Teatro Triunfo.

Pese a ser considerado un arquitecto modernista, Raspall pasó rápidamente al novecentismo y a El Molino se recoge esta tendencia. Se inauguró el 17 de diciembre de 1910 convertido en Petit Moulin Rouge, pese a que, familiarmente, se le conocía como a Moulin.

En el año 1929, se encargó a Josep Alemany i Juvé que añadiera en la fachada la iconografía de su nombre y, además de modificar ligeramente la fachada, aparecían el molino y las aspas rojas. Con pequeñas modificaciones posteriores, probablemente fruto del mantenimiento, es la fachada que llegó hasta 1997. En 1997 El Molino cerró sus puertas. Se negoció la venta a empresarios rusos pero finalmente fue comprado por el grupo catalán Ociopuro.

Además de renovar la programación pensaron en renovar también el edificio, encargo que el promotor Ociopuro ofreció al equipo de BOPBAA Arquitectos (Josep Bohigas y Arnau, Francesc Pla i Ferrer y Iñaki Baquero Riazuelo) y realizó la constructora Altiare. Después de diecinueve anteproyectos que respondían a diferentes visiones de lo que sería el nuevo Molino, el proyecto definitivo empezó en 2006 y duró hasta el octubre de 2010.

Sólo la fachada de Raspall con el mítico molino de Alemany se ha mantenido. Seis metros atrás el edificio tiene ahora cinco plantas, y se excavó una planta subterránea donde hay la cocina y almacén. La tercera planta acoge ahora una terraza y un bar (en la calle Vilà i Vilà). Las plantas superiores, cuarta y quinta, acogen las máquinas de las instalaciones. Hacia los lados y seis metros atrás, para no interferir con la silueta de las aspas del molino, se amplió para acoger salas de ensayo y camerinos (en la calle Roser). La terraza aprovecha precisamente el espacio horizontal que queda detrás de las aspas del molino, en la parte que antes había sido la azotea del edificio antiguo de Raspall y Alemany, hasta el edificio ampliado de detrás, más alto y que ha sido recubierto de lamas metálicas cubiertas de leds de colores, formando una gran pantalla gigante. Actualmente la superficie total construida es de 2.050 m2 y la superficie útil de 1.600 m2.

Interior

Interior de la Platea de El Molino (Rosa Puig)

El interior de El Molino se modificó completamente en la reforma de 2006- 2010. Así, actualmente las plantas superiores quedan divididas entre la platea y el anfiteatro, con un aforo total de 250 plazas. El interior mantiene las antiguas pequeñas dimensiones y la barra a la izquierda, además ahora tiene el piano de la Bella Dorita. El pequeño espacio de la orquesta ha sido transformado en plataformas móviles.

El interiorismo actual ha sido signado por Fernando Salas, a quien se le pidió que respetara el ambiente original de El Molino, pero teniendo en cuenta servicios que antes no tenía y que ahora si se querían dar, como por ejemplo los camerinos, las salas de ensayo y el almacén para el vestuario y material técnico. El escenario, con la platea y dos pequeños anfiteatros, uno encima del otro, es multiuso y está equipado con un plató. Se construyó el almacén y una cocina en un subterráneo excavado, que conecta con la platea, justo encima, y los dos anfiteatros con un montacargas, por el que los espectadores puedan tomar una copa o comer durante el espectáculo. La única escalera del edificio sale por la calle Roser.

El interior conecta las dos fachadas mediante una lengua roja, en algunas partes ondulada, por la cual los espectadores se desplazan como si estuvieran dentro de una boca. Está hecha de pladuro perforado, un material económico que evita reverberaciones, permite una buena audición y tiene buena electroacústica.

La decoración en general está subordinada al espectáculo y los espacios cercanos al escenario están concebidos para que puedan ser una prolongación, si el espectáculo lo requiere. Predomina el color negro. La platea tiene una barra de mármol negro y la disposición de las sillas se puede modificar. Para una mejor versatilidad, los elementos arquitectónicos de la platea y los anfiteatros se limitan a pocos elementos puntuales, en general destinados a vestir estas zonas según la temporada o el espectáculo. Un ejemplo son los laterales retroiluminados, que permiten modificar el uso del espacio a través del control de diferentes efectos de luz y color. También están retroiluminados las barandillas de los anfiteatros y destacados con luz los estantes de vidrio donde se encuentran las ampollas del bar de la platea. La iluminación, basada en juegos de luz con leds, en todo el interior está al servicio del espectáculo.

En la tercera planta, para aprovechar la terraza que forman las dos fachadas se añadió un bar-coctelería en el interior: el Golden Bar. El resto de la planta es una sala polivalente de paredes de vidrio que visualmente comunica con el bar. El Golden Bar es una estancia de tejado alto en el cual predomina el color negro en materiales clásicos nobles (mármol, cerámica), decorado con dos figuras doradas que recuerdan a Carmen Amaya y Joséphine Baker, una lista, también en color oro, de todos los artistas que una vez actuaron en el antiguo Molino y una gran fotografía mural en blanco y negro, hecha por Josep Ribas, de la vedette Christa Leem. En recuerdo de la decoración de la platea, y de la típica de los cabarets, los estantes de las botellas del bar están reseguidos con luz, se encuentran paneles de leds que pueden variar de color e intensidad de luz y un largo sofá tapizado en capitoné rojo, paralelo a una serie de pufs alineados a conjunto.

La planta cuarta, destinada a los servicios ( vestuarios, duchas, baños) y trabajo cotidiano de los artistas, es, en cambio, muy luminosa. De hecho, la sala de ensayo es el espacio más luminoso de todo el edificio, ya que la luz natural entra por dos grandes agujeros hechos para esta finalidad en la fachada. Las paredes son totalmente blancas, el suelo no es de parqué, sinó de pavimento negro. Tiene el espejo de pared a pared y la barra de trabajo que necesitan los artistas para trabajar.

Other Languages
català: El Molino
euskara: El Molino