Ejército realista en América

Realistas
Participante en Guerras de independencia hispanoamericanas
Estandarte real de 1761-1833.svg
Estandarte de Fernando VII de España, «Hispaniarum et Indiarum Rex» durante el absolutismo, y rey constitucional de «las Españas» bajo el régimen liberal.
Actividad 1803- 1833
Ideología monarquía absolutista, colonialismo, conservadurismo, tradicionalismo, confesionalismo, centralismo.
Objetivos Defensa del gobierno y la autoridad del Rey de España en América.
Organización
Líder
Área de
operaciones
América
Relaciones
Aliados Bandera de España España absolutista
Enemigos Patriota
Auxiliares
Andes
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Ejército Realista o Realistas son términos empleados para referirse a las fuerzas armadas formadas principalmente por españoles europeos y americanos, y empleadas para la defensa de la monarquía española frente a la revolución independentista hispanoamericana en el primer tercio del siglo XIX.[1]

Los diccionarios de la Real Academia los definen desde 1803 como regiarum partium sectator, el que en las guerras civiles sigue el partido de los reyes. En 1822 se añadió potestatis regia defensor, que defiende regalías y derechos de los reyes. En 1832 se suprimió guerra civil, y el año 1869 se añadió a los partidarios de la monarquía absoluta.[2]

El uso del término realistas puede extenderse a la población no beligerante o al partido realista.[3] En España, también se denominó realistas a los defensores de la monarquía absolutista, llamados generalmente carlistas.

Situación de la monarquía española

La monarquía española y sus defensores se vieron afectados por la revolución liberal a través de dos procesos paralelos y simultáneos, el constituyente español y la independencia hispanoamericana, y ambos procesos dieron origen a los nuevos estados nacionales que señalaron el final del absolutismo en todo el mundo hispánico.

El sentido patrimonial de la reunión de distintos Reinos (en plural) de Europa y Ultramar en una misma corona, bajo una dinastía absolutista, y que pretendía mantenerse en apariencia bajo un estado liberal títere en el estatuto de Bayona de 1808 con el nombre de Reinos de las Españas y de Indias, desapareció con el establecimiento del estado nacional español denominándose reino (en singular) por las Cortes de Cádiz en 1810, con un retroceso transitorio durante la restauración absolutista que suprimió la Constitución de Cádiz.[4]

La Junta Suprema Central, había sido obedecida por las juntas formadas desde 1808 en España y América, pero ante los avances de Napoleón en 1810, termina refugiada en Cádiz, y se disuelve, dando paso a la formación de la Regencia de España e Indias y la formación de las Cortes de Cádiz en 1810. La legitimidad de la Regencia ya no fue reconocida por las juntas americanas, y viceversa, las juntas tratadas de insurgentes. Las Cortes procedieron a la abolición de los antiguos reinos, y pretendían tener la soberanía de la península y de los territorios americanos, y nombraba en Cádiz, sitiada por Napoleón, diputados suplentes para América. En sentido contrario las juntas americanas rechazaban la soberanía de la España europea, y la obediencia frente a cualquier gobierno español o francés, y fundamentaban su propio autogobierno en base la retroversión de la soberanía y las leyes tradicionales de Siete Partidas, justificándolas en la renuncia del rey en Bayona 1808. La radicalización de posturas resultó en un conflicto militar que derivó en las declaraciones de independencia y el triunfo en el seno del juntismo americano de las ideas republicanas venidas de las revoluciones francesa y estadounidense.

Efectos de la revolución hispanoamericana en la monarquía

Constitución de Cádiz, La promulgación de la Constitución de 1812 obra de Salvador Viniegra ( Museo de las Cortes de Cádiz).

Inicialmente, casi todas las juntas americanas proclamaron su lealtad a la dinastía Borbón de Fernando VII, prisionero de Napoleón, pero bajo proyectos de monarquías americanas independientes, como la llevada a la práctica en el Primer Imperio Mexicano. También hubo propuestas de monarquías bajo otras dinastías en el caso de Perú,[5] o de una monarquía incaica, como en Argentina. En todas ellas se trató en todo caso de formas monárquicas que además de liberales tampoco renunciaban a la independencia, el eje del conflicto. También hubo proyectos americanos no concretados para apoyar el régimen monárquico liberal establecido en España, con el objetivo de detener el proyecto monárquico absolutista de las potencias de la Santa Alianza. En todos los casos manteniendo la independencia de las nuevas naciones hispanoamericanas.

Desde el año 1808, geográficamente, por su enorme amplitud, las campañas terrestres tuvieron por escenario las zonas continentales de los dominios americanos de la monarquía, inclusive Florida española, y las islas próximas al continente, como Isla de Margarita o Chiloé. En la logística y combates navales se vieron involucradas las islas de Cuba, Puerto Rico, las islas Canarias, y puertos de la península ibérica. No se vieron afectadas la Luisiana cedida a Estados Unidos ni Filipinas.

Políticamente el conflicto tuvo a la vez, un marcado carácter civil e internacional, pero siempre doméstico, sin intervención directa de otras potencias europeas. La intervención oficial de las potencias europeas se limitó a la defensa de España contra la invasión de Napoleón y la restauración en España de Fernando VII en el trono absoluto, manteniendo respecto a los dominios americanos de la monarquía una neutralidad en el conflicto, aunque permisiva con las empresas privadas de contratación de contingentes militares o voluntarios para los ejércitos independientes o de corsarios por parte de ambos bandos.

Socialmente ambas posiciones enfrentadas, realista y patriota, tuvieron una trascendencia incierta para los súbditos de la monarquía. En España se empleó el reclutamiento indiscriminado para las expediciones, en general forzoso por leva o quinta (sorteo).[10]

Decisivo para el desarrollo de la guerra fue que el Virreinato del Perú, en lugar de colapsar como sus pares rioplatense o neogranadino, se convirtió en el principal núcleo de las fuerzas realistas en sudamérica,[12]

El gobierno del virrey José Fernando de Abascal derrotó con fuerzas autóctonas a todos los movimientos revolucionarios en el Perú. Un conflicto similar ocurría en otras regiones dentro y fuera de la influencia de la esfera peruana:[21]

Las primeras etapas del conflicto fueron guerras entre las ciudades que se convirtieron en focos revolucionarios que pretendían extender sus ideas por el continente, y los núcleos leales a las autoridades nombradas desde Cádiz y que pretendían impedir dicha expansión y suprimir esos amagos rebeldes.[23]

Liberales y absolutistas

Rebelión del ejército de ultramar en la Revolución de 1820.

En España la monarquía española que gobernaba a través de un régimen de absolutismo fue abatida en 1808 por Napoleón, y desde 1812 controlada por los españoles partidarios de establecer una monarquía constitucional. La defensa de la monarquía española en América había quedado casi a sus propios medios locales, con auxilios esporádicos de Europa, hasta que Fernando VII y los partidarios del absolutismo, tras recuperar el gobierno en 1815, llevaron adelante acciones de verdadera envergadura, pero aisladas, como la primera expedición de ultramar de unos diez mil españoles, que bajo el mando de Pablo Morillo tenían como objetivo reprimir la insurrección hispanoamericana y alejar el peligro de los propios militares liberales de España.

Sin embargo en 1820, una segunda expedición a ultramar de unos veinte mil españoles que había sido organizada en Cádiz por el antiguo virrey de Nueva España, don Félix María Calleja del Rey, nunca llegó a partir porque fue sublevada contra el propio Fernando VII y en favor del Trienio liberal. Seguidamente, el gobierno del Trienio liberal suprimió cualquier auxilio a los realistas, paralizó las operaciones militares de forma unilateral, y envió negociadores a los independentistas americanos sin ningún resultado, convirtiéndose de facto en una renuncia a los territorios de ultramar en conflicto. El año 1820 marcó el declive de los realistas.

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