Ejército espartano

Ejército espartano
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La letra Lambda era el símbolo que portaban los espartanos en sus escudos.
Activa Siglo VIII a. C. - siglo II a. C.
País Esparta
Tipo Ejército
Función Seguridad, control y defensa del territorio espartano
Comandantes
Comandantes
notables
Reyes de Esparta
Cultura e historia
Lema «Vuelve con el escudo o encima de él»
Aniversarios Jacintias,
Carneas,
Gimnopedias
Guerras y batallas
Guerra de Troya,
Guerras mesenias,
Guerras Médicas,
Guerra del Peloponeso,
Guerra de Corinto,
Guerra de Cleómenes,
Guerra contra Nabis.
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El ejército espartano era la fuerza militar de la ciudad estado de Esparta, una de las más importantes en la historia de la antigua Grecia. El ejército constituía el pilar principal del estado espartano, en el cual la primera y principal obligación de sus ciudadanos era convertirse en buenos guerreros.[1]

Sometidos al entrenamiento militar desde su infancia, los soldados espartanos eran los más disciplinados, entrenados y temidos de la antigua Grecia. En los momentos de mayor apogeo de Esparta, entre los siglos VI y IV a. C., estaba aceptado comúnmente en Grecia el hecho de que "un soldado espartano valía lo que varios hombres de cualquier otro estado".[1]

Historia

El ejército en la época micénica

Imagen del héroe y dios griego Heracles, de quien los reyes de Esparta decían descender.

La primera referencia que nos ha llegado sobre los espartanos en la guerra se remonta a la Ilíada, en la que se relata cómo los espartanos participaron junto con otros contingentes griegos. Al igual que el resto de ejércitos de la civilización micénica, el ejército espartano estaba compuesto principalmente por infantería, la cual iba equipada con lanzas cortas, espadas y el característico escudo griego (dyplon).

Se trata de una era en la que los relatos que tenemos nos ofrecen un tipo de guerra de carácter heroico, basada en tácticas simples que a veces suponían poco más que una carga general. La mayor parte de las bajas se producían en el momento en que uno de los dos ejércitos enfrentados huía en desbandada, momento en el que el otro ejército vencedor podía perseguirle para dar muerte a los soldados en retirada.[2]​ En este tipo de guerra "heroica" descrita por Homero, el arco se veía como un arma afeminada.

Los carros de guerra eran utilizados por las élites. Sin embargo, y al contrario que sus análogos de Oriente Medio, parece que su utilización quedaba reducida al papel del transporte del guerrero al lugar de la batalla. En ese momento, el soldado bajaba del carro y luchaba a pie y, si era necesario, el soldado podía volver a tomar las riendas del carro para alejarse del combate. En cualquier caso, también existen relatos en los que los guerreros arrojan su lanza contra el enemigo en el momento previo a desmontar del carro.[3]

Las reformas de la Época Arcaica y la expansión

La Esparta micénica, al igual que gran parte de Grecia, pronto se vio envuelta por las invasiones dorias, que finalizaron en la civilización micénica y provocaron la conocida como « Edad Oscura de Grecia». Durante esta época, Esparta (o Lacedemón) era un mero pueblo dórico a la ribera del río Eurotas, en Laconia.

A comienzos del siglo VIII a. C., sin embargo, la sociedad espartana se transformó. Las reformas, que más tarde la leyenda acabaría atribuyendo a la figura posiblemente mítica de Licurgo, supondrían la creación de nuevas instituciones y el establecimiento de un reciente estado espartano de corte militarista.[4]

Desde aproximadamente el año 750 a. C. Esparta se embarcaría en una expansión continua, que le llevaría en primer lugar a someter a Amiclas y otros pueblos de Laconia para más tarde, en la Primera Guerra Mesenia, conquistar el fértil territorio de Mesenia. A comienzos del siglo VII a. C. Esparta era, junto con Argos, el poder dominante en el Peloponeso. Ambas polis se enfrentaron por la posesión de dos territorios fronterizos, Cinuria y Tirea, zonas cerealistas.[6]

En el siglo VI a. C., la política expansionista comportaba un cierto peligro para Esparta y frenó la evolución socio-cultural del estado espartano. Después de someter a los mesenios en el transcurso de dos guerras y de reducirlos a la condición de ilotas,[7]​ los espartanos encontraron una fuerte resistencia en Arcadia, región situada al norte del estado lacedemonio.

Establecimiento de la hegemonía espartana sobre el Peloponeso

Inevitablemente, los dos poderes dominantes en el Peloponeso, Argos y Esparta, terminarían colisionando. El enfrentamiento comenzó decantándose del lado de Argos, tras su victoria en la batalla de Hysias del año 669 a. C. Esta derrota espartana fue el desencadenante de la Segunda Guerra Mesenia, que ocupó al ejército espartano durante casi veinte años.[8]

A lo largo del siglo VI a. C., Esparta aseguraría su control sobre la península del Peloponeso: Arcadia fue obligada a reconocer la supremacía espartana, Argos perdió la ciudad de Cinuria cerca del 546 y sufrió un duro golpe a manos de Cleómenes I en la batalla de Sepea del año 494. Mientras tanto, una serie de expediciones espartanas contra las tiranías sirvieron para incrementar enormemente su prestigio militar.[9]

A comienzos del siglo V a. C., Esparta era la potencia indiscutible del sur de Grecia, y ostentaba la hegemonía de la recién creada Liga del Peloponeso (que era más conocida para sus contemporáneos como los «lacedemonios y sus aliados»).[10]

Guerras contra Persia y Guerras del Peloponeso

Estatua de mármol de un hoplita (siglo V a. C.). Es posible que represente a Leónidas I, rey de Esparta. Museo Arqueológico de Esparta, Grecia.

A finales del siglo VI a. C., Esparta era reconocida como la ciudad estado preeminente de Grecia. El rey Creso, de Lidia, firmó con ellos una alianza y, más tarde, las ciudades griegas de Asia Menor apelaron a también a Esparta en busca de ayuda en la revuelta jónica.[11]

En la segunda invasión persa, liderada por Jerjes I, Esparta recibió el liderazgo general de las fuerzas griegas en tierra y mar. Debido a esto, los espartanos jugaron un papel crucial en la expulsión de los invasores, principalmente en la batalla de las Termópilas y la batalla de Platea. En los hechos posteriores, sin embargo, los acuerdos del general Pausanias con los persas y la falta de interés de los espartanos en luchar muy alejados de su tierra supuso que se retiraran a una especie de aislamiento relativo, que supuso que fuese la ciudad de Atenas la que asumiese el mando en el esfuerzo contra los persas. La tendencia aislacionista de Esparta se vio fortalecida por las revueltas de algunos de sus aliados y por un gran terremoto en el año 464 a. C., al que le siguió una revuelta a gran escala de los ilotas mesenios.[9]

Más adelante, el crecimiento de Atenas como potencia llevaría a las consiguientes fricciones entre las dos ciudades, que a su vez desembocarían en dos conflictos a gran escala, la Primera y la Segunda Guerra del Peloponeso, que devastaron Grecia. Esparta sufrió una serie de duros reveses militares en estas guerras, incluyendo el primer caso de rendición de una unidad espartana completa en la batalla de Esfacteria en 425 a. C., pero finalmente lograron la victoria gracias a la ayuda de los persas. Bajo el mando de Lisandro, la flota peloponesia (financiada con dinero persa) capturó las ciudades de la alianza ateniense y logró la decisiva victoria naval de Egospótamos que forzó a los atenienses a rendirse.[9]​ La guerra dejó a Esparta en posesión de la hegemonía sobre la totalidad de Grecia.

La corta «hegemonía espartana»

Esta situación hegemónica del estado de Esparta sobre los demás estados de Grecia no duró demasiado. Esparta había sufrido duras bajas en las Guerras del Peloponeso, y su mentalidad conservadora y en ocasiones demasiado estrecha de miras, pronto provocó la alienación de muchos de sus aliados. En concreto, la ciudad estado de Tebas se enfrentó a Esparta en varias ocasiones, minando con ello su autoridad, y la Guerra de Corinto que siguió a esos hechos llevó a la humillante Paz de Antálcidas, impuesta por Persia, que destruyó la reputación de Esparta como protectora de la independencia de las ciudades estado griegas.

Al mismo tiempo, el prestigio militar espartano sufrió un duro golpe cuando un contingente de 600 hombres fue diezmado por peltastas (tropas ligeras) dirigidas por Ifícrates. A pesar de su continuo esfuerzo militar, Esparta era incapaz de proyectar su poder por encima de la totalidad de Grecia, y sufría de escasez de recursos humanos militares que se agravaban por su negativa a reformar el ejército para solventar ese problema. La consecuencia final fue que la fuerza de Esparta se colapsó tras la desastrosa derrota ante la fuerza tebana liderada por Epaminondas en la batalla de Leuctra, en 371 a. C. La batalla supuso la pérdida de numerosos espartiatas (las tropas ciudadanas de Esparta que tenían menor rango que el hoplita), y el final de su control de Mesenia.

Historia posterior

Después del desastre de Leuctra y el ascenso de Tebas, Esparta quedó reducida al estatus de potencia de tercer nivel, y se encerró en su aislamiento. Los espartanos fueron, curiosamente, el único estado griego que se negó a participar en las campañas de Alejandro Magno en Persia y, por ese motivo, cuando Alejandro envió 300 escudos[12]​ persas capturadas en la batalla del Gránico, envió también el siguiente mensaje:

Alejandro, hijo de Filipo, y los griegos - excepto los espartanos - de los bárbaros que viven en Asia[13]

Durante la ausencia de Alejandro en Oriente el rey Agis III provocó una revuelta, pero fue derrotado. Tras la muerte de Alejandro, Esparta volvió a verse envuelta como estado independiente en muchas de las guerras del siglo III a. C. Bajo los reyes reformistas Agis IV y Cleómenes III disfrutó de un corto renacimiento y logró una serie de éxitos contra la Liga Aquea, pero terminó con su derrota en la batalla de Selasia. El último resurgimiento de Esparta tuvo lugar bajo el mando de Nabis, pero tras su derrota en la Guerra contra Nabis la ciudad fue incorporada en la Liga Aquea en 189 a. C. Esto supuso el final de Esparta como poder independiente, y más tarde quedaría sometida al gobierno de Roma, aunque manteniendo el estatus de ciudad autónoma.