Egoísmo psicológico

El egoísmo psicológico es la teoría de la naturaleza humana que afirma que la conducta está impulsada por motivaciones autointeresadas, y niega la existencia de conductas verdaderamente altruistas.

Generalmente se considera que esta teoría fue propuesta originalmente por Jeremy Bentham[4]

El egoísmo psicológico pretende ser una teoría acerca del como los individuos se comportan, consecuentemente debe diferenciarse del egoísmo ético, de acuerdo con el cual los individuos deben moralmente estar motivados por su propio interés y del egoísmo racional, que sugiere que lo racional es maximizar los intereses del actor en todas circunstancias.

La forma más importante de egoísmo psicológico es el hedonismo psicológico, teoría que asegura que el deseo de experimentar placer o de evitar el dolor es el motivo que guía todas las acciones humanas voluntarias.

El hedonismo es una importante corriente filosófica de los tiempos clásicos de la antigua Grecia y Antigua Roma que actualmente ha perdido importancia por las múltiples morales divergentes sobre este tema. Su valor número uno es el placer sensible y, por tanto, coincide con el criterio que se está describiendo. Algunos de los autores, dentro de su teorías, añaden la posibilidad de la búsqueda del placer no enteramente vinculada con lo corporal, sino con aspectos racionales o espirituales, como por ejemplo: "Acepta un dolor que te propicie un placer mayor", "rechaza un placer que te conduzca a un dolor mayor".

Argumentos

Gutiérrez Sáenz[cita requerida], apunta que, desde la infancia el hombre posee un criterio que utiliza constantemente: buscar lo agradable, y evitar lo desagradable, buscar el placer y evitar el dolor. La aplicación de este criterio tiene un carácter instintivo, y en esto el hombre coincide con los animales.

Los bebés expresan su agrado y su desagrado en forma espontánea, algunos adultos también lo hacen, otros están "educados" con la idea de que deben ocultar esas tendencias. Cuando una persona es interrogada acerca de qué lo movió para elegir una conducta determinada y contesta "porque me gusta", tenemos el ejemplo típico del uso de este primer criterio. Muchas elecciones de la vida ordinaria están regidas por él. Así es como elegimos comer una manzana en lugar de un melón, o compramos una camisa azul en lugar de una verde.

Como es fácil vislumbrar, existen personas que utilizan este único criterio durante toda su vida, sin sospechar siquiera que existen otros modos de elegir. Lo que constatan los defensores de la teoría del egoísmo psicológico es una enorme sed de placeres en todos los terrenos: comida, bebida, sexo, bienestar, amistades, etcétera.

La teoría de Freud acerca del principio del placer, el ello y la libido, nos proporciona una perfecta ilustración de este nivel. Los instintos buscan su satisfacción en varias vertientes por todos conocidas.

Por otro lado, no habría por qué desechar este criterio cuando se trata de escoger una diversión, un pasatiempo, un tema de conversación de sobremesa, etc. Este nivel es, pues, un auténtico criterio y sirve como orientación en muchos casos en forma legítima. El error consiste en asentarse en cualquiera de los dos extremos opuestos: 1) el uso exclusivo de este nivel en cualquier situación de la vida, o 2) la eliminación absoluta de este criterio, como si el placer fuera algo malo.

Siguiendo este criterio entonces se puede pensar, que, realizar acciones que nos lleven al placer individual, no es malo, aún cuando se podría pensar que al hacerlo, estaríamos siendo egoístas, y por ende seríamos incapaces de realizar acciones altruistas; procurar placer para uno mismo siempre y cuando no se dediquen todas las acciones de nuestra vida en conseguirlo, y hacer el bien sincero a otros, se puede compaginar.

Al respecto, menciona Rachels en su Introducción a la filosofía moral" que los intereses de cada individuo son perfectamente compatibles con la preocupación genuina por los demás; no se contrapone desear la felicidad de uno mismo y también la de los otros. Si bien es cierto que hay gente que se mueve por propio interés, también es cierto que no es toda.