Efecto Munroe

Se denomina efecto Munroe a la capacidad que tienen algunos explosivos de concentrar el efecto de su emisión de energía (explosión) si se les moldea adecuadamente. El descubrimiento fue hecho por el científico estadounidense Charles Edward Munroe en la segunda mitad del siglo XIX.

Si tomamos la carga de un proyectil de artillería (normalmente ojival) y lo vaciamos anteriormente logrando una cavidad perfectamente parabólica, en el momento de la explosión toda la energía producida por la carga será condensada (principalmente en forma de calor) en el foco de la parábola.

Durante mucho tiempo, este fenómeno fue aplicado solo al corte de vías, realizado con pequeñas cargas lineales.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán comenzó a aplicar este principio en sus lanzacohetes antitanque Panzerfaust.

Los efectos de la explosión de una carga hueca contra un carro de combate son que el dardo de llama que surge del proyectil (con una temperatura del orden de 3000-3500 grados) funde la coraza del carro y hace penetrar en su interior un chorro de aire y gas candentes capaz de carbonizar a la tripulación, hacer estallar las municiones e incendiar el combustible. Exteriormente el resultado aparece como un agujero de pocos centímetros de diámetro, con bordes fundidos. Desde el interior el agujero tiene forma de embudo, con el diámetro mayor hacia el lado interno.

Durante la Guerra del Golfo, los tanques M1 Abrams nortemericanos utilizaron el proyectil de carga hueca STalbot y destruyeron muchos T-62 y T-55 al penetrar la coraza de estos, incinerar a la tripulación y posteriormente hacer detonar todos los explosivos en su interior.

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