Edward Sheriff Curtis

Edward Sheriff Curtis
ECurtis.jpg
Autoretrato circa 1889.[1]
Información personal
Nacimiento 16 de febrero de 1868
Whitewater (Wisconsin), EE. UU.
Fallecimiento 19 de octubre de 1952
Whittier, California, Estados Unidos de América
Causa de muerte Infarto agudo de miocardio Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Estadounidense Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Padres Ellen Sheriff (1844-1912)
Johnson Asahel Curtis (1840-1887)
Cónyuge Clara J. Phillips 1892-1919
Hijos Harold Curtis (1893-?)
Elizabeth M. Curtis (1896-1973)
Florence Curtis Graybill (1899-1987)
Katherine Curtis (1909-?)
Información profesional
Ocupación Fotógrafo
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Edward Sheriff Curtis ( Whitewater, 16 de febrero de 1868Whittier, 19 de octubre de 1952) fue un fotógrafo y autodidacta estadounidense.

Establecido en Seattle como fotógrafo de éxito, un encuentro fortuito con el antropólogo George Bird Grinnell le puso en contacto con las culturas nativas de Norteamérica. Este descubrimiento, a los treinta y dos años, cambió su vida. A partir de entonces se dedicó de manera casi exclusiva durante más de treinta años a documentar gráficamente y recopilar por escrito la cultura de los indígenas de los Estados Unidos, con el objetivo de conservar la memoria de unas formas de vida que se encontraban amenazadas por una desaparición inminente. A pesar de la falta de una formación académica, dejó una obra monumental de veinte volúmenes, titulada The North American Indian (El indio norteamericano), una recopilación exhaustiva de la cultura de las tribus de los Estados Unidos y parte de Canadá, así como la película In the Land of the Head Hunters, precursora del cine documental. Aunque su obra etnográfica le dio renombre, no generó ingresos. Tuvo una vida modesta durante los últimos años de su vida, y cuando murió, su obra ya se había olvidado. Sin embargo, a partir de la década de los años 1970, su obra ha sido revalorizada, no tanto por su valor académico, sino por la calidad artística, etnográfica y humana de las fotografías.

Biografía

Infancia y aprendizaje

Nació cerca de Whitewater ( Wisconsin).[5]

A los catorce años, dejó la escuela para ayudar en casa, debido a la mala salud de su padre.[2]

Fotógrafo de éxito

Seattle ofrecía muchas oportunidades para progresar, ya que era una ciudad dinámica y en pleno crecimiento; era el principal puerto de acceso al Extremo Oriente y Alaska, y una escala obligatoria para los buscadores de oro de Klondike. Tras un accidente de trabajo en el bosque, que lo mantuvo convaleciente durante meses, Edward entró a trabajar en un estudio fotográfico, y en poco tiempo abrió su propio estudio, asociado con el de Thomas Guptill. Tuvo bastante éxito comercial haciendo retratos de lujo.[5]

Curtis estaba al día de las tendencias del momento, especialmente de la corriente pictorialista, y se dedicó también a la fotografía de paisajes y a retratar la realidad de su entorno: temas urbanos, los mineros en camino al Klondike y, posteriormente, los indígenas de la zona que frecuentaban la ciudad.[7]

Su buena situación económica le permitió asegurar la estabilidad de la familia: su madre, su hermano y sus hermanas, así como una prima con un hijo. Además pudo darles trabajo frecuentemente en el estudio fotográfico. Su hermano Ashael inició su propia carrera como fotógrafo, aunque por separado de la de Edward desde 1989, debido a una discusión sobre la autoría de unas fotos, después de la que no se reconciliaron nunca.[2]

En 1896 se casó con Clara J. Phillips (1874-1932), una amiga de la familia que le había cuidado durante su convalecencia, después del accidente.[2] Tuvieron cuatro hijos: un varón y tres hijas.

Curtis era también aficionado al montañismo. En una ascensión al monte Rainier conoció Ella Mc Bride, que se convirtió en amiga de la familia. Curtis y Mc Bride se asociaron profesionalmente. Con el tiempo, Mc Bride se convirtió en una de las fotógrafas norteamericanas más destacadas, conocida internacionalmente. Además, la pasión compartida por la montaña los implicó ambos en un grupo de activistas que reclamaba que se convirtiera el monte Rainier en un Parque nacional, un objetivo que se consiguió en 1899.[8]

Fotógrafo de los nativos americanos

"Princess Angeline", del pueblo suquamish, 1896.

En 1895 Curtis hizo su primer retrato de una nativa americana: Kikisoblu o Princess Angeline (1800-1896), una anciana, hija del jefe Seathl, que vivía precariamente en Seattle. Este retrato le daría fama y le empujó a retratar otros nativos, cuyas fotos se vendían muy bien,[2]

Durante una excursión fotográfica al monte Rainier ayudó un grupo de científicos que se habían extraviados. Entre ellos se encontraron George Bird Grinnell, experto en la cultura de los nativos norteamericanos, y Clint Hart Merriam, cofundador de la National Geographic Society.[7]

El año siguiente, Grinnell, que llevaba veinte años haciendo trabajo de campo con los Blackfoot —que le llamaban «Padre de los Blackfoot»[4]

Tres jefes de la tribu piegan ( pies negros).

Esta experiencia inspiró el proyecto de su vida: fotografiar todas las tribus existentes en el país, y recoger en una gran obra los testimonios de su cultura antes de que se perdiera para siempre.[5]

Curtis buscó financiación para llevar adelante su proyecto. Se dirigió al Instituto Smithsoniano, pero los académicos desconfiaban de un hombre sin formación y con un proyecto desmesurado.[5]

Mecenas

Mosa - mojave, 1903. Con esta fotografía de una joven de la tribu mojave Curtis consiguió apoyo financiero del magnate John Pierpont Morgan.

Finalmente, en 1906 atrajo el interés del magnate John Pierpont Morgan, considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Este banquero y empresario era un gran bibliófilo y coleccionista de arte, y quedó seducido por una de las fotos de Curtis, una joven mojave. Morgan se comprometió a financiarlo, con la condición de que Curtis mismo escribiera los textos, y no un académico.[4]

Desde este momento hasta 1930, cuando se publicó el último volumen, Curtis se consagró a su obra, continuando con las estancias con los nativos por todo los Estados Unidos, incluyendo Alaska y parte de Canadá, además del trabajo con las fotografías y la redacción de los libros. Al mismo tiempo se desempeñó a buscar financiación suplementaria y a vender suscripciones de la obra. Pero en ambos lados se encontró con dificultades.[4]

Además, sus viajes continuos complicaban la vida familiar. En 1906, para salvar la situación, Clara y los niños le acompañaron en Nuevo México, en el territorio navajo. Pero un incidente relacionado con un parto problemático, que los sabios de la tribu atribuyeron a las fotografías de Curtis, los obligó a huir.[5]

En 1908, cuando trabajaba en el volumen sobre los sioux, Curtis recogió testimonios sobre el desenlace de la batalla de Little Bighorn, en la que murieron el general Custer y sus tropas. Tanto la versión de los sioux como la de los exploradores crow que habían trabajado para el ejército, y las observaciones del mismo Curtis escritos en el campo de batalla, desmentían la leyenda oficial en el que Custer aparecía como un héroe. Sin embargo, al hacer público sus descubrimientos, se encontró con el rechazo no sólo de la viuda del general, sino también del ejército, de la opinión pública e incluso del presidente Theodore Roosvelt, que había apadrinado su obra.[5]

Cine documental y finalización de la obra

En 1911, para promover las suscripciones, montó un espectáculo audiovisual con linterna mágica, The Indian Picture Opera, con proyección de fotografías, lectura de textos sobre las culturas indígenas elaborados por el propio Curtis, con acompañamiento orquestal compuesto por Henry Gilbert, basándose en la música indígena. Hubo representaciones hasta finales de 1912 en una gira por las principales ciudades de Estados Unidos.[6]

Curtis llevaría un paso más allá de este primer experimento. En 1912, con un barco comprado expresamente para la ocasión, hizo una expedición al territorio de los kwakiutl en Columbia Británica donde, además de las fotografías, hizo filmaciones. Al volver, fundó la Continental Film Company para producir su película documental titulada In the Land of the Headhunters (En el país de los cazadores de cabezas).[5]

Por otra parte, en 1913 murió J. P. Morgan. Su hijo accedió a seguir financiando The North American Indian,[5]

Ante sus continuos problemas financieros y patrimoniales, su hija Beth y Ella Mc Bride quisieron comprarle el estudio fotográfico, pero él no aceptó.[9]

Clara se divorció de él en 1916. Curtis, arruinado, dejó Seattle y cercó unos años por los parques nacionales, con un contrato con el Servicio Forestal.[2] En 1924, de nuevo con dificultades financieras, vendió a la American Museum of Natural History los derechos de la película In the Land of the Head Hunters, por menos del 10 % de lo que había invertido.

Cazador inuit a punto de lanzar su arpón.

En 1926, viajó a Oklahoma, donde se había concentrada forzosamente una cuarta parte de la población amerindia de los Estados Unidos. Curtis pudo comprobar el acelerado proceso de aculturación que habían experimentado.[5]

De vuelta al puerto de Seattle fue detenido por no haber pagado durante años la pensión a Clara. En el juicio demostró que, aparte de su obra, que no le producía ninguna ganancia, sólo tenía deudas.[5]

Durante la Navidad de 1927, su hija Florence reunió la familia en su casa en Oregón por primera vez desde la separación de Edward y Clara. La hija menor, Katherine, que vivía en Seattle con Clara, no había visto a su padre durante trece años.[2]

En 1929, justo antes de la Gran Depresión, Curtis logró terminar el último volumen, que se publicó el año siguiente.[2]

A partir de entonces, con más de sesenta años y con la salud afectada por los viajes y las estrecheces económicas[7]

Clara murió en 1932, y Katherine se trasladó a California. En 1947, Edward Curtis se fue a vivir en la casa de Beth y su marido en Whittier ( Los Ángeles).[2]

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