Eduardo Pironio

Siervo de Dios Eduardo Francisco Pironio
Eduardo Francisco Pironio.jpg
Presidente emérito del Pontificio Consejo para los Laicos

Título Cardenal obispo de Sabina-Poggio Mirteto
Otros títulos Obispo de Caeciri (1964) - Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata (1964) - Obispo de la diócesis de Mar del Plata (1972) - Arzobispo de Thiges (1975) - Cardenal diácono de Santos Cosme y Damián (1976) - Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (1976) - Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos (1984) - Cardenal presbítero de Santos Cosme y Damián (1987) - Cardenal obispo de Sabina-Poggio Mirteto (1995).
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 5 de diciembre de 1943 por el
obispo Anunciado Serafini
Ordenación episcopal ordenado obispo el 31 de mayo de 1964
Proclamación cardenalicia cardenalicia el 24 de mayo de 1976, por Pablo VI
Información personal
Nombre

Siervo de Dios

Eduardo Francisco Pironio
Nacimiento 3 de diciembre de 1920,
Nueve de Julio,
provincia de Buenos Aires,
Argentina Bandera de Argentina
Fallecimiento 5 de febrero de 1998 (77 años),
Ciudad del Vaticano Bandera de Ciudad del Vaticano
Alma máter Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino ( Roma).

Coat of arms of Eduardo Francisco Pironio.svg
''Christus in vobis spes gloriæ (Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria - Col 1:27).

[ editar datos en Wikidata]

Eduardo Francisco Pironio ( Nueve de Julio, 3 de diciembre de 1920 - Ciudad del Vaticano, 5 de febrero de 1998) fue un Cardenal obispo de la Iglesia católica -el sexto argentino agregado al Colegio cardenalicio, y el primer latinoamericano que desempeñó un cargo en la Curia Romana al momento de su creación cardenalicia-. El teólogo argentino Juan Carlos Scannone ubica las elaboraciones teológicas de Pironio como una de las cuatro ramas de la teología de la liberación, denominándola Teología de la Liberación desde la Praxis Pastoral.[1] Fue uno de los teólogos fundadores de la teología latinoamericana basada en la doctrina social de la iglesia opuesta a la llamada teología de la liberación y al marxismo[ cita requerida].

Ordenado presbítero en la Basílica de Nuestra Señora de Luján el 5 de diciembre de 1943, fue rector del Seminario Metropolitano de Villa Devoto en la Arquidiócesis de Buenos Aires, decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina y Visitador Apostólico a las universidades católicas de la Argentina. En 1964 fue designado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata, participando como padre conciliar en la III y IV sesión del Concilio Vaticano II.

Como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Pironio ejerció marcada influencia en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968), que definió el perfil de la Iglesia latinoamericana post-conciliar.

Fue administrador apostólico de la diócesis de Avellaneda en 1968, y obispo de la diócesis de Mar del Plata desde su designación el 19 de abril de 1972 hasta el 20 de septiembre de 1975. También en 1972 sería elegido presidente del CELAM y como tal le correspondió la aplicación de las «conclusiones de Medellín». El opúsculo de su autoría titulado «En el espíritu de Medellín. Escritos pastorales marplatenses II» (1976) tuvo una amplia difusión en América latina. Su prédica comprometida con la opción preferencial por los pobres, en línea con lo proclamado por la Iglesia latinoamericana en la conferencia de Medellín, le valió ser tildado por algunos de comunista.

En 1975 fue promocionado por el papa Pablo VI a Prefecto de vida consagrada y sociedades de vida apostólica y trasladado a Roma. Dicho traslado se da en un clima de hostilidad hacia su persona caracterizado por reiteradas amenazas a su vida durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón que un año después finalizaría con el golpe de Estado de 1976.

Creado cardenal en el consistorio del 24 de mayo de 1976, fue designado pro-prefecto (1975-76), y luego prefecto (1976-84) de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Fue profundamente apreciado por el papa Pablo VI, quien le pidió que fuera su confesor personal. Juan Pablo II lo designó presidente del Pontificio Consejo para los Laicos (1984-1996). Hombre de una profunda cultura teológica y espiritual, Pironio se distinguió por su afabilidad, por su continua prédica sobre la esperanza y sobre la Virgen María, madre de Jesús, y por su trayectoria eclesial impecable. Al momento de su fallecimiento, algunos medios lo consideraron el prelado argentino más encumbrado de la Historia. Fue declarado « siervo de Dios» por la Iglesia católica el 23 de junio de 2006.

Biografía

Sacerdote y formador

Eduardo Francisco Pironio nació en Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1920, siendo el vigésimo segundo hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos, Giuseppe Pironio y Enrica Rosa Buttazzoni, provenientes ya como matrimonio de la región de Friuli en 1898.

Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, con mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda. Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso. Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo.
Al no saber qué hacer, mi madre fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección.
Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último. Pero lo mejor no acaba aquí, pues después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquél que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró.

Eduardo Pironio[2]

Su vocación religiosa fue incentivada por su madre, y a los 18 años ingresó al seminario San José de La Plata, de donde egresó 5 años después. Con 23 años, fue ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora de Luján el 5 de diciembre de 1943 por el obispo de Mercedes, Mons. Anunciado Serafini,[3] y pasó a desempeñarse como docente en el Seminario Pío XII de Mercedes en la provincia de Buenos Aires. Por 15 años se dedicaría a la formación de futuros sacerdotes.

Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma, donde Pironio cursó la licenciatura en teología entre 1953 y 1955.

Entre 1953 y 1955 cursó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. Su Tesis versó acerca de «La Paternidad Divina en los escritos de Dom Columba Marmion».

A su retorno a la Argentina, continuó su trabajo como formador en los seminarios de Mercedes y de La Plata, hasta su nombramiento como vicario general. El 8 de diciembre de 1958, Pironio fundó el Instituto Secular «Misioneras de Jesucristo Sacerdote» en la localidad de Mercedes (provincia de Buenos Aires), con la consagración de las tres primeras Misioneras.[4]

A partir de 1960, fue rector y profesor del Seminario Metropolitano de Villa Devoto en la Arquidiócesis de Buenos Aires y, simultáneamente, fue miembro y decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, cargos que ocuparía hasta 1963 inclusive. En ese año se desempeñó como Visitador Apostólico a las universidades católicas de la Argentina. El papa Juan XXIII lo designó para participar en la segunda sesión del Concilio Vaticano II en calidad de perito.[2]

Obispo

El 24 de marzo de 1964 fue designado obispo titular de Ceciri y obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata.[3] Fue consagrado obispo el 31 de mayo en la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Pironio eligió como lema episcopal: «Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria», una frase de la epístola a los Colosenses 1:27. El tema de la esperanza estaría presente de forma continua en su predicación y en sus escritos.

Pironio participó en carácter de Padre conciliar en las sesiones tercera y cuarta del Concilio Vaticano II.[3] Desarrollaría su ministerio como obispo auxiliar de La Plata durante tres años. El 2 de diciembre de 1967, Jerónimo Podestá dejó su cargo como obispo de la diócesis de Avellaneda y se nombró a Pironio como Administrador Apostólico de esa diócesis hasta la designación del sucesor, Antonio Quarracino, el 3 de agosto de 1968. Pironio también fue elegido Asesor Nacional de la Acción Católica Argentina, función que desempeñó durante tres años.

Altar de la Catedral de la ciudad de Mar del Plata. Eduardo Pironio fue obispo titular de la diócesis entre 1972 y 1975.

El 19 de abril de 1972, Eduardo Pironio fue designado obispo de la diócesis de Mar del Plata, y asumió el 26 de mayo. Allí tendría su ejercicio episcopal más destacado, aunque también doloroso por las amenazas de muerte que recibió.

Trabajó en la Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) durante muchos años, primero como secretario general (1967-1972) y luego como presidente desde noviembre de 1972. Esto lo puso en posición de oficiar de secretario general en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín ( 24 de agosto al 6 de setiembre de 1968), caracterizada por su enfático compromiso con los pobres y oprimidos de América latina. Más tarde participó de la III y de la IV Conferencia, que tuvieron lugar en Puebla (1979), y en Santo Domingo (1992) respectivamente.

Teología de la liberación

Pironio, como gran parte de la Iglesia latinoamericana, adhirió y desarrolló los principios de la teología de la liberación aparecida en Medellín, de la que fue uno de sus fundadores. Juan Carlos Scannone ubica las elaboraciones teológicas de Pironio como una de las cuatro ramas de la teología de la liberación, denominándola Teología de la Liberación desde la Praxis Pastoral.[1] El propio Scannone sintetiza la teología de Pironio con estas palabras:

Esta teología acentúa el carácter integral y evangélico de la liberación, enfocándola preferentemente desde una perspectiva bíblica y eclesial. "Adopta el lenguaje liberador, pero insiste en sus fundamentos bíblicos y de espiritualidad, sin entrar directamente a reflexionar en los aspectos políticos" (cfr. E Pironio). Aunque no adopta la mediación socioanalítica, sino la ética-antropológica, no deja de tener en cuenta en su discurso teológico algunos datos estadísticos aportados por las ciencias sociales. Con respecto a los tres niveles del término "liberación", acentúa más la especificidad de ellos que su unidad. Su óptica coincide con la de una parte del episcopado latinoamericano, y tiende a tener menos en cuenta la explicitación teológica de la praxis liberadora propia de los laicos, quienes por su misión se comprometen más con la política.[1]

Clima de violencia y amenazas a Pironio

A mediados de la década de 1970, existía una marcada convulsión política y social en la Argentina, representada por la última etapa del gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón y el inicio de la última dictadura militar en 1976. La popularidad de Pironio había aumentado y, en aquel marco de inseguridad, el obispo y personas de su entorno recibieron acusaciones y amenazas.[5] Se desconoce el origen de las amenazas de muerte hacia el cardenal. Desde distintos sectores se asoció a los agresores con fuerzas paramilitares conocidas como la Triple A y organizaciones de derecha o, alternativamente, con organizaciones guerrilleras tales como Montoneros o el ERP, que no se identificaban con el magisterio de conciliación de la Iglesia.

Su vida corría peligro por aquel entonces. En vísperas del golpe militar del 1976, fue amenazado de muerte reiteradas veces. Tras aparecer pintadas callejeras en algunos edificios, colegios católicos, y en las paredes de la Catedral de Mar del Plata la inscripción "Pironio Montonero", tuvo que desalojar el edificio del arzobispado por amenazas concretas de bomba. Su prédica comprometida con la Iglesia latinoamericana le valió el mote de comunista utilizado por parte de los mismos sectores políticos y militares que asesinaron al padre Carlos Mugica en 1974, su discípulo espiritual y amigo.

Primo Corbelli[2]

El 9 de mayo de 1975 fue secuestrada la decana de la Universidad Católica de Mar del Plata, María del Carmen Maggi, muy cercana al obispo, como mensaje intimidatorio hacia él. Para Pironio, esa fue «una espina dolorosísima que lo hirió mucho».[9]

En 1975 el gobierno de María Estela Martínez de Perón le habría ofrecido a monseñor Pironio proveerle custodia personal, oferta que rechazó argumentando:

No puedo aceptar eso. Primero, porque confío en la protección de Dios. Segundo, porque considero inaceptable que un obispo desarrolle su labor rodeado de guardaespaldas. En tercer lugar, porque pueden atentar y no solo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale tanto como la mía.[2]

Eduardo Pironio

Como consecuencia de dichas amenazas, en 1975 la Santa Sede decidió trasladarlo a Roma.

Pironio cardenal, y final del pontificado de Pablo VI

Pablo VI creó cardenal a Eduardo Pironio en el consistorio del 24 de mayo de 1976.

El 20 de septiembre de 1975 Pironio fue nombrado arzobispo titular de Thiges y pro prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. El papa Pablo VI lo elevó al cardenalato en el consistorio del 24 de mayo de 1976, otorgándole la diaconía de los santos Cosme y Damián.

Tres días más tarde, el 29 de mayo de 1976 sería designado prefecto de la misma congregación, donde permanecería hasta el 8 de abril de 1984. Desde allí catalizó los cambios que las diversas congregaciones e institutos de vida consagrada debieron realizar a la luz del Concilio Vaticano II. Pablo VI tuvo gran empatía con Pironio,[10] e hizo de él su confesor personal.

Tanto en el cónclave de agosto de 1978 tras la muerte de Pablo VI, como en el cónclave de octubre de 1978 luego del fallecimiento de Juan Pablo I, fue considerado potencial candidato a Papa.

Pironio durante el pontificado de Juan Pablo II

Juan Pablo II lo designó presidente del Pontificio Consejo para los Laicos pocos días antes del Domingo de Ramos de 1984, cargo que ocupó hasta 1996. Muy amigo del obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y del prepósito general de los jesuitas Pedro Arrupe, los vaticanistas consideraron a Pironio parte del sector progresista y estimaron que su designación al frente del dicasterio de los laicos habría significado para él un virtual destierro.

Según el cardenal Camillo Ruini vicario de Roma, Pironio dijo en una entrevista de 1995: "Me parecía haber retrocedido a un cargo de serie B", en referencia a su nombramiento por Juan Pablo II en 1984 como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, pero más tarde se habría dado cuenta de que eso había sido una promoción, "porque los laicos son la mayoría del pueblo de Dios".[11]

Durante el gobierno dictatorial de Jorge Rafael Videla, el cardenal Pironio visitó con frecuencia la Argentina, aunque no aceptó recibir a familiares de las víctimas de la represión ni a organizaciones de derechos humanos.[12] Al visitar Mar del Plata, el 2 de septiembre de 1979, expresó:

Ahora en Europa se comprende mejor a la Argentina [...] Hay quienes siempre buscan lo negativo [...] pero el rostro de la Argentina se ve muy positivamente.

Eduardo Pironio[12]

Sin embargo, uno de los biógrafos de Juan Pablo II señaló que fue el cardenal Pironio y el secretario de Estado de la Santa Sede Agostino Casaroli quienes favorecieron una definición clara de la Santa Sede ante el régimen militar argentino en relación con el drama de « los desaparecidos».[13] Finalmente, se consideró que la defensa de la vida era prioritaria y, en el Ángelus del 28 de octubre de 1979, el papa habló públicamente del tema:

Así, con ocasión de los encuentros con peregrinos y obispos de América Latina, en especial de Argentina y Chile, se recuerda frecuentemente el drama de las personas perdidas o desaparecidas. [...] Pidamos que se acelere la anunciada definición de las posiciones de los encarcelados y se mantenga un compromiso riguroso de tutelar, en cada circunstancia en que se requiere, la observancia de las leyes, el respeto a la persona física y moral, incluso de los culpables o indiciados de infracciones. [...] En el contexto de estas diversas y dolorosas noticias que llegan de diferentes partes del mundo, se me presenta ante los ojos el no lejano encuentro con los Representantes de la Organización de las Naciones Unidas, el 2 del corriente mes de octubre. Deseo recordar las palabras que entonces dije sobre el tema de los derechos fundamentales e inviolables del hombre, como condición indispensable para la paz, tanto en todo el mundo, como en el interior de cada unos de los países y comunidades de pueblos. El camino real, el camino fundamental que conduce a la paz «pasa a través de cada hombre, a través de la definición, el reconocimiento y el respeto de los derechos inalienables de las personas y de las comunidades de los pueblos».[14]

Juan Pablo II

Cofundador de las JMJ

Como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Eduardo Pironio realizó la propuesta de instituir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ),[16] El cardenal Pironio fue el responsable de esas jornadas y acompañó a Juan Pablo II en Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (1989), Częstochowa (1991), Denver (1993) y Manila (1995).

Juan Pablo II recordó el gran aporte del cardenal Pironio a las JMJ en la misa de su funeral, el sábado 7 de febrero de 1998:

"¿Cómo olvidar la gran aportación que dio a las celebraciones de las Jornadas mundiales de la juventud? Quisiera dar gracias públicamente aquí a este hermano nuestro, que me prestó una gran ayuda en el ejercicio de mi ministerio petrino".[17]

Juan Pablo II

En 1987 optó por el orden de cardenal presbítero, y su diaconía fue elevada a título pro illa vice. En 1995, fue promovido a cardenal obispo de Sabina-Poggio Mirteto. Pironio participó de todos los Sínodos de Obispos ordinarios y extraordinarios.

Al momento de su fallecimiento en 1998, el cardenal Pironio era miembro del Consejo de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, de la Congregación para las Iglesias Orientales, de la Congregación para las Causas de los Santos, de la Congregación para los Obispos, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de la Congregación para la Educación Católica, del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos y de la Pontificia Comisión para América Latina.

Su muerte y el proceso de beatificación

Basílica de Nuestra Señora de Luján. Allí, Eduardo Pironio fue ordenado presbítero y consagrado obispo. Hoy, la basílica guarda los restos del prelado argentino.

Falleció en Ciudad del Vaticano (en Roma) el 5 de febrero de 1998 a causa de un cáncer óseo muy doloroso, que lo mantuvo postrado los últimos cinco meses de su vida, pero que lo había afectado durante años. Con una llamativa entereza ante el sufrimiento, permaneció lúcido hasta el final. Juan Pablo II dijo en sus funerales en la basílica de San Pedro, el 7 de febrero de 1998: "Fue un testigo de la fe valiente que sabe confiar en Dios".[18]

Sus restos fueron repatriados a la Argentina y descansan en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, junto al altar del Sagrado Corazón de Jesús.

Other Languages