Edmundo Cetina Velázquez

Edmundo Cetina Velázquez
Información personal
Nacimiento 1896
Tenosique, Tabasco
Fallecimiento 1959
Villahermosa
Nacionalidad Mexicana
Lengua materna Español
Información profesional
Ocupación Escritor y poeta.
Años activo Siglo XX
Lengua de producción literaria Español
Género Poesía, ensayo
Movimientos modernismo
Obras notables
  • Algunos balbuceos sobre una filosofía de la vida
  • Algunos aspectos de la Relatividad
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Edmundo Cetina Velázquez ( Tenosique, Tabasco; 1896 - Villahermosa, Tabasco; 1959), filósofo y escritor mexicano que dejó un legado en la memoria de la sociedad tabasqueña de principios del siglo XX.

Su vida

Edmundo Cetina nació en la villa de Tenosique, el año de 1896, siendo hijo legítimo del también llamado Edmundo Cetina y de María de Jesús Velázquez. Descendiente de fundadores de Mérida de Yucatán, tenía antiguo parentesco con el poeta español Gutierre de Cetina y con Beltrán y Gregorio de Cetina, compañeros de Montejo en la Conquista de Yucatán. Su familia se radicó en San Juan Bautista de Tabasco.

Perdió a su padre, quien también se llamaba Edmundo y gerenciaba plantaciones de madera en la selva Lacandona, cuando él aún era muy pequeño, desastre que causó el descenso económico de la familia. En San Juan Bautista de Tabasco realizó sus estudios elementales en la Escuela Manuel Romero Rubio y después en el Instituto Juárez, destacándose como uno de los mayores eruditos producidos por dicha institución. Más adelante, aprendió la teneduría de libros, profesión que desempeño por algunos años. Durante mucho tiempo, 'don Mundo', como afectuosamente se le conocía en Villahermosa, se dedicó a la práctica de la medicina. Como médico empírico adquirió merecida fama de acertado en sus diagnósticos y en su administración de medicamentos que, en su mayoría, él mismo preparaba.

Pero Edmundo Cetina se distinguió, sobre todo, por su entrega apasionada y tesonera al estudio de la filosofía y las ciencias exactas. Solo, lejos de los grandes centros culturales, padeciendo la carencia de bibliotecas en el terruño, Edmundo Cetina se sumergió en el profundo océano de los estudios filosóficos y, si bien algunos de sus conterráneos le miraban con cierto desdén, los más y los mejores, le admiraban, sabiéndolo hombre sabio, recto, y noble, que, además, recibía el reconocimiento de intelectuales nacionales y extranjeros, por la profundidad y solidez de sus razonamientos.

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