Edificio Telefónica

Edificio Telefónica
TelefonicaMadrid.jpg
Vista desde la Gran Vía (Desde la Red de San Luis)
Información general
Estado Completado
Uso(s) Oficinas, y servicios de conmutación
Dirección Gran Vía 28, 28013, Madrid, España
Localización Madrid
Coordenadas 40°25′12″N 3°42′07″O / 40.42, 40°25′12″N 3°42′07″O / -3.70189
Inicio 12 de octubre 1926
Finalización estimada 1 de enero de 1930
Año de construcción 1929
Propietario Telefónica
Altura
Altura de la azotea 89,30 m
Número de plantas 15
Diseño y construcción
Arquitecto(s) Ignacio de Cárdenas Pastor
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En los años veinte los edificios altos, los rascacielos se pensaban con toques neobarrocos que imitaban a las catedrales.

El Edificio Telefónica es una edificación de gran altura ubicada en la Gran Vía de Madrid (nº 28).[6]

Uno de los avances que trajo en el campo de las tecnologías de comunicación durante los años veinte fue la incorporación en Madrid de la denominada telefonía automática, es decir la implementación de la tecnología capaz de poner en contacto automáticamente a dos abonados cualesquiera. El edificio al nacer como una central telefónica, albergaba tanto los equipos industriales de la red de telecomunicaciones, como las oficinas, y los vestíbulos de cara al público con el objeto de mostrar la riqueza de la empresa propietaria y ofrecer un atractivo a los futuros inversores.[7] La elevada altura del edificio estaba obligada por las características de los equipos de conmutación automática instalados en sus primeras plantas (los Rotary 7-A). Es por esta razón, que alegando el edificio como "monumental y artístico, así como contenedor de un servicio público cuyo beneficiario es el estado" logrando el permiso del Ayuntamiento para ser edificado en una avenida en la que la altura máxima de treinta y cinco metros se encontraba muy por debajo de los ochenta requeridos.

Historia

A pesar de la existencia de diversas compañías de teléfonos a comienzos del siglo, cuyo ámbito de operaciones era puramente urbano, no se aborda la unificación de las mismas hasta 1924. La telefonía automática comienza en España mediante un contrato firmado en agosto de 1924 entre el estado y la compañía norteamericana International Telephone and Telegraph (IT&T) que previamente había adquirido la Compañía Peninsular de Teléfonos. En España existían en 1924 casi 80.000 abonados y en Madrid el número alcanzaba los 12.680.[2] Mediante este contrato se concedía a esta empresa «la organización, reforma y ampliación del servicio telefónico español». De esta forma la telefonía en España entra en un régimen de monopolio bajo el control de la Compañía Telefónica Nacional de España, que al ser una filial, tenía los puestos claves controlados por ingenieros de IT&T. La incorporación de la telefonía fue lenta pero existía una infraestructura a finales del siglo XIX. Desde el año 1885 que se estableció la red telefónica en Madrid, fue creciendo progresivamente su demanda.

Entorno tecnológico en los años veinte

Con el objeto de mejorar la comunicación postal, telegráfica y telefónica se construyó anteriormente en la calle de Alcalá en 1908 el Palacio de Comunicaciones por Antonio Palacios. En este edificio se dedicaba un espacio del Hall Principal a la telefonía mediante el establecimiento de ocho locutorios. La demanda de este nuevo medio de comunicación fue superando las previsiones iniciales.[4] Con esta nueva sede la Compañía Telefónica Nacional de España iniciaba su expansión en la capital. Anteriormente la Compañía había realizado obras en la ciudad con el objeto de abrir zanjas para las canalizaciones subterráneas, de esta forma eliminaba parte de la red aérea que iba creciendo hasta el punto de saturar con torres metálicas algunas calles.

El teléfono surge en la capital inicialmente como competencia directa de la telegrafía eléctrica. La telegrafía era un medio de comunicación de largas distancias muy popular a finales del siglo XIX, y por lo tanto era un medio aceptado en el caso de transmisión interurbana. A medida que las ciudades se iban haciendo más grandes, y densas de población, el teléfono se convirtió en un medio de comunicación puramente más urbano, en detrimento de la telegrafía. Esto ocurría, en parte a que a comienzos del siglo XX, la infraestructura del telégrafo no cubría las distancias urbanas, mientras que la del teléfono si. Una de las primeras concesionarias del servicio de telefonía en la capital era la Compañía Madrileña de Teléfonos[8] que comenzó sus servicios en 1900. Tenía su sede inicialmente en la calle Mayor, aunque en 1910 realizaba operaciones desde un edificio de la Puerta del Sol con capacidad de atención de 5600 líneas. La limitación técnicas del par de cables que une la central con el abonado es que se necesita una distancia máxima de cinco kilómetros entre ambos. Esta limitación supone distribuir diversas centrales a lo largo del tejido urbano. En 1916 la central ubicada en el nuevo barrio de Salamanca añadía 3600 líneas, y un año después la nueva central de Jordán extiende el servicio a otros 3.400 usuarios. La red de telefonía se enfrentaba a dos problemas a comienzos del siglo XX. Por un lado la proliferación de redes aéreas hacía que el panorama urbano se viera repleto de torres metálicas que estorbaban en muchos casos al creciente tráfico rodado de la ciudad. Por otro lado la creciente demanda de abonados hacía incómoda la operativa de comunicación interurbana, que en aquellos tiempos era fundamentalmente manual y dependiente de una operadora. A partir de un umbral de tráfico telefónico las operadoras humanas ofrecen un mayor coste que los equipos, a pesar de que sus salarios fueron constantemente reducidos. La solución a ambos problemas requería que se abandonara parte la infraestructura existente y se hiciera otra nueva " ab initio".

Dando solución a algunos de estos problemas en 1925 se comienza a soterrar parte de la red aérea, esto hizo que se abrieran zanjas por el barrio de Chamberí, Salamanca y casco histórico cercano a la Puerta del Sol. Esta actividad fue llevada a cabo por varios centenares de obreros, y se abrieron en total casi cuarenta kilómetros de zanjas sobre algunas de las calles principales de Madrid. Se mantuvo un acuerdo con el Canal de Isabel II con el objeto de agrupar servicios en los conductos que la empresa de canalización de aguas llevaba aprovechando desde hacía ya varias décadas. De esta forma se minimizó el impacto urbano que suponía tener varias calles bloqueadas temporalmente y con el tráfico viario retenido durante un plazo de tiempo estimado de medio año. En algunos casos las cajas de distribución, en lugar de ser soterradas, se grapaban a las fachadas de los edificios. Simultáneamente se abordó la solución de la instalación de los edificios que contenían los conmutadores automáticos en substitución de los operadores humanos (trabajo que generalmente realizaban mujeres). En la central, ya existente, de la calle Jordán.[8] se comenzó a emplear la nueva tecnología de conmutación automática. Posteriormente la de la calle Mayor y una nueva construida en la calle Fuencarral. Mientras tanto se edificaba, en la nueva Gran Vía, una gran central automática que daría servicio al centro de Madrid así como a las llamadas interurbanas. La compañía adquiere el local los "Grandes Almacenes Victoria" que pensaba construir unos grandes almacenes en el solar.

Gestación del Proyecto

Ignacio de Cárdenas finalizó en 1924 sus estudios de arquitectura en Madrid y fue contratado de inmediato por la CTNE[9] Nada más ingresar en el Departamento de Edificios se le asignó el diseño de este importante edificio para la Compañía que se ubicaría en la nueva Gran Vía madrileña. Cárdenas tuvo además implicación en el diseño de otros edificios similares en algunas capitales españolas: Valencia, Pamplona, León o Zaragoza. Su director de departamento de Edificación era el norteamericano Aldrich Durant que pertenecía a la ITT Corporation, la misión de Durant era la de crear equipos de trabajo en diferentes sucursales de la Compañía a lo largo de Europa. En 1927, finalizado su trabajo, Durant se desplaza a otros países y es relevado por el propio Cárdenas. Uno de los iniciales promotores del proyecto telefónico fue el Duque de Alba, que por entonces era presidente del Consejo de Administración de Standard Eléctrica (compañía filial, también, de I.T.T.).

El Duque de Alba se pone en contacto con el arquitecto Juan Moya, y éste pone como condición que Cárdenas esté en el equipo del anteproyecto. La Compañía había propuesto inicialmente que fuera un edificio español, es por esta razón por la que se inclinaron inicialmente por el barroco español.[11] Este edificio norteamericano de Manhattan será el modelo canónico de las centrales telefónicas de los años veinte y treinta.

Centrales similares al Edificio Español
Edificio "Palacio de comunicaciones" de Bucarest de Saanen Algi.  
Edificio Barclay-Vesey del arquitecto Ralph Thomas Walker.  

Cárdenas viaja a Estados Unidos por requerimiento de la Compañía. Allí vive en Nueva York y trabaja a las órdenes de Louis S. Weeks, experto en el diseño de edificios de telefonía. En boca de vicepresidente de la I.T.T. Corporation, Hermand Behn, en el diseño se imponía la idea de: "ser un edificio que halagase al posible comprador de acciones". Era por esta razón por la que las fachadas debían mostrar un clásico estilo español y siguiendo la corriente historicista aconseja poner diversas señas identificativas a lo largo de la fachada, indicando una similitud con la Casa de las Conchas de Salamanca. Este consejo no fue seguido por Cárdenas meses después cuando regresa a su despacho de Madrid. Louis S. Weeks trabajaba en las filiales de ITT, colaborando con Cárdenas y con Van Saanen Algi en la filial de Bucarest. Weeks actuaba como un ejecutivo de alto nivel, vigilaba la entrega en los plazos impuestos por la compañía, dejando los detalles técnicos a los subordinados: Cárdenas (Madrid) y Van Saanen (Bucarest). La visita de Cárdenas a la IT&T se produce cuando el edificio de Barclay-Vesey de Manhattan estaba en proceso constructivo.

Tras su estancia de "toma de contacto" en Norteamérica, al regresar a Madrid abre un estudio y se vale de la ayuda de arquitectos jóvenes y compañeros de Facultad: José María de la Vega Samper,[10] El diseño del edificio, tal y como se conoce en la actualidad, estaba dispuesto en agosto de 1926. Los detalles de cantería estaban definidos en 1927. En 1928 se había definido los detalles del vestíbulo. Durante este periodo el edificio se encontraba en fase de edificación.

Edificación

Contrario a lo que es habitual, no hubo acto protocolario de comienzo de la edificación. A pesar de ello la compañía mantiene que fue iniciado el 12 de octubre de 1926 y se necesitaron poco menos de tres años en completarlo. Las primeras operaciones de vaciado de miles de metros cúbicos de tierra se hicieron durante todo el invierno de 1926. Para la cimentación de las zapatas se hicieron pozos, para ser rellenos de cemento, algunos de ellos como los que daban a la calle Fuencarral tenían profundidad de veinte metros y quedaban por cotas debajo de las galerías de la línea 1 del metro. Se contrató a la moderna compañía Altos Hornos de Vizcaya (en colaboración con la madrileña Sociedad Comercial de Hierros) la realización de las vigas de acero laminado que conformarían el esqueleto metálico de su interior. Más de 3.000 toneladas. Durante los primeros trabajos se procedió por sistemas técnicos habituales, en octubre de 1927 se incorporaron dos grúas que aceleraron el proceso constructivo. La acera de la Gran Vía de la edificación se despejó al tráfico peatonal durante estos años, y se colocó un puente de contratación (era de madera y enlazaba la Avenida Pi y Margall con las calles de Fuencarral y Valverde), que hizo las veces de cinturón de seguridad en la acera.

El resultado de diseño del edificio en esta fecha se desglosa en numerosos dibujos (más de un centenar), en ellos se desglosa la distribución de las piezas de cantería, los servicios del interior, el esqueleto y armazón, etc. Todos están firmados por Cárdenas, lo que revela la autoría del edificio.[15]

Vistas del edificio de la Compañía Telefónica
Visión del edificio en el panorama urbano de Madrid.  
Relieve del edificio en la noche madrileña, con sus relojes iluminados  

Algunos de los servicios del interior se contrataron a firmas extrajeras como la calefacción e inodoros, proyectadas por la firma norteamericana de Clark MacMullen and Riley. Debe pensarse que la altura planteada del edificio era novedosa, con lo que los servicios que requerían presión hidrostática eran desconocidos. El depósito de agua ubicado en el edificio era autónomo, debido en parte a que las instalaciones del Canal de Isabel II no era capaz de generar presión en las partes más altas del edificio. Fueron contratados en el extranjero la colocación de los ascensores y el montacargas. Para el corte de la piedra se instaló un taller atendido por varias decenas de operarios especializados, se encontraba ubicado entre el Paseo de los Ochos Hilos (en la actualidad calle de Toledo) y el Paseo Imperial. A este taller llegaba la piedra transportada en ferrocarril desde Alicante ( piedra caliza),[18] Finalmente se impuso la denominación popular "la Telefónica".

Contrario a los usos habituales el edificio nunca tuvo una inauguración oficial, sin embargo se produjeron inauguraciones oficiales parciales de determinados servicios abiertos en su interior. Algunos de ellos celebrados incluso antes de que el edificio fuese totalmente acabado. Si bien algunas de las inauguraciones fueron notables con gran eco en la prensa, como la que realizó en octubre y noviembre de 1928 el rey Alfonso XIII inaugurando el servicio telefónico entre Madrid y Norteamérica, así como entre Madrid y Cuba respectivamente. En esta ocasión mantuvieron una conversación telefónica Alfonso XIII y el presidente Calvin Coolidge en actitud de mejora de las relaciones diplomáticas. Y en la segunda el rey con el presidente de la República de Cuba, el general Gerardo Machado.

Puesta en funcionamiento y Guerra Civil

Siendo el director de la compañía Esteban Terradas, el 14 de julio de 1929 se ponía en funcionamiento la denominada en sus comienzos: central de Gran Vía, con sus nuevos equipos Rotary 7-A.[20]

Cuando el edificio tenía escasos seis años de funcionamiento, estalla la Guerra Civil Española y tras el fracaso del pronunciamiento en Madrid, convierte a la ciudad en uno de los objetivos militares de los sublevados. El avance de las tropas rebeldes a la capital tiene su llegada a finales otoño de 1936, fecha en la que Madrid comienza su defensa y con ello aparecen los primeros los bombardeos aéreos y posteriormente los artilleros desde las baterías colocadas en el cerro Garabitas.[22] ser además un punto de referencia artillero para los asaltantes debido a su inconfundible silueta vista desde lejos. En los asaltos que se harían desde la Casa de Campo hasta llegar a la Ciudad Universitaria dejaban como intención ocupar ciertos lugares vitales de la capital, siendo este edificio uno de ellos en la invasión de la ciudad.

La metropolitana Gran Vía, lugar en la que estaba construido el edificio, era una gran avenida en línea recta hacia el frente madrileño. Entendida como línea de suministro de tropas y materiales al frente. El edificio se vio afectado por más de ciento veinte proyectiles, sólo en octubre de 1936, sin que hubiera víctimas, ni colapsos en sus estructuras.[25] Parte de sus sótanos fueron empleados como refugio antiaéreo. Estuvo completamente operativo el edificio debido a que los sistemas de comunicación vitales se encontraban entre los primeros cinco pisos, es decir por debajo de la cota media de los edificios colindantes (que era de ocho). Por lo tanto, de alguna manera estaba protegido por los edificios de alrededor, recibiendo los impactos de proyectiles que afectaban a cotas por debajo del piso séptimo. Dos pisos encima del piso octavo estaban completamente abandonados y en la parte superior se encontraba el puesto de observación anti-aéreo. Es por esta razón que, a pesar de sus múltiples impactos de proyectiles sobre su fachada, apenas cesara durante el conflicto en sus funciones como central de comunicaciones.

Periodo de posguerra y declive

Al finalizar la contienda en 1939, exiliado Ignacio de Cárdenas en París no pudo añadirse en los años cincuenta al equipo encargado de la denominada "ampliación" del edificio. Las modificiaciones del edificio, así como las transformaciones de su tecnología se finalizaron en 1955 (los croquis estaban firmados por el arquitecto F. del Amo).[27] En la época en que se construyó el edificio de la Telefónica, el espectro de frecuencias radioeléctricas llegaba apenas a la onda corta, los equipos de emisión con estas características necesitan de grandes espacios de terreno y por regla general se encuentran alejadas de núcleos urbanos. A partir de los años cincuenta la comunicación con grandes frecuencias permitió la instalación de antenas y es cuando se instalan grandes antenas en la parte superior del edificio. Estas nuevas tecnología de comunicación hicieron que se adecuaran locales en los cuerpos de menor superficie que rematan el edificio y adosar estructuras metálicas a las terrazas para permitir la fijación de las parabólicas y antenas de diverso tipo. El 14 de mayo de 1945 el Gobierno Español aprobó la nacionalización de CTNE, y de esta forma el Estado pasó a controlar la Compañía, nombrando nuevo Consejo de Administración presidido por José Navarro-Reverter.

El uso de telefonía móvil desde que se produjo en 1976, con la puesta en servicio del "Teléfono automático en vehículos" (TAV), y las mejoras tecnológicas fueron quitando protagonismo funcional al edificio, mientras que su valor histórico poco a poco iba creciendo. Los viejos sistemas de conmutación fueron quedando obsoletos. Retirados por otros de menor volumen, con mayor capacidad de líneas y menor mantenimiento.

Actualidad

A comienzos del siglo XXI ocupa el 16º edificio más alto de Madrid, contando la nueva área de rascacielos CTBA. En la planta quinta continúan funcionando los sistemas de comunicación. En el año 1992 Juan Carlos I realizó una inauguración de la remodelación del edificio. En esta rehabilitación los pisos del primero al cuarto acomodan un espacio cultural y sede de la Fundación Telefónica. Tras la rehabilitación se contempla que un 46% de su superficie edificada se dedique a a usos culturales, se menciona un Museo de Telecomunicaciones. Actualmente, tiene en sus plantas más bajas (plantas baja y primera del edificio) la tienda de cabecera de Telefónica "Telefónica Flagship Store" donde se abre un espacio expositivo en el que se muestra la tecnología de la empresa. En las celebraciones del centenario de la Gran Vía se empleó la fachada del edificio para realizar la proyecciones históricas a gran escala. En la parte superior de la fachada está el escudo de España sin los pilares de Plvs Vltra y las coronas y más arriba un reloj circular que de noche se enciende de color azul (antiguamente de color rojo, como podemos contemplar en la imagen anterior).

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