Economía planificada

Una economía planificada consiste en la sustitución parcial o total del libre mercado, estableciéndose en su lugar la asignación centralizada de recursos por parte del Estado. En una economía planificada, las variables económicas como producción, intercambio, consumo, precios o salarios, son definidas por la estructura gubernamental -generalmente central-, a través de la intervención estatal directa o indirecta sobre las factores económicos, reemplazando a la oferta y demanda (acuerdos voluntarios entre compradores y vendedores) como mecanismos regidores del sistema económico. Tales intervenciones, sustentadas en leyes o decretos, se concretan a través de políticas públicas como el control de precios, control de cambio, regulaciones laborales restrictivas, monopolios estatales sobre actividades económicas determinadas (especialmente las relativas a hidrocarburos y materias primas) entre otros instrumentos jurídico-administrativos que confieren al Estado la capacidad decisoria y especialmente, dirigente, sobre el hecho económico.

La economía planifica implica la conformación de una estructura administrativa ampliamente burocratizada y centralizada, que concentre funciones en un cuerpo político extenso y numeroso, organizada en forma vertical y piramidal, homogénea y hermética a las reformas de Estado o planes de modernización, a efectos de conservar el rol unitario o dirigente del gobierno en la economía y la sociedad. Por ello, el conglomerado de ministerios y órganos gubernamentales que a nivel central constituyen el Poder Ejecutivo, se le suele incluir la figura de <Ministerio de Planificación>, como supraestructura de los ministerios de Hacienda Pública, Economía o Finanzas. El incremento en el tamaño sustantivo del Estado será directamente proporcional al incremento de la intervención de éste sobre los asuntos económicos e individuales. En este sentido, dada la tendencia burocrática a concentrar el poder y aumentar el rol interventor del Estado, la economía planificada organiza al país en un Estado unitario, en lugar de un Estados federal o Confederal. A esto se suma el hecho de que, puesto que el ejercicio planificado de la economía implica la concurrencia de distintos mecanismos institucionales, no sólo presidenciales, sino igualmente legislativos y jurídicos, este modelo prescinde de la separación de poderes y la autonomía de las instituciones, caracterizado por un gobierno nacional que dispone discrecionalmente del Banco central para el financiamiento y monetización de la deuda pública, así como de un parlamento y un sistema judicial cuyos actos obedecen el uno, a legislar únicamente en la materia que considere el ejecutivo y no someter a control político a éste, mientras el otro a juzgar las leyes intervencionistas sobre las empresas o particulares.

La economía planificada representa un modelo propio de la Economía política comunista, en virtud de la cual se propende a disminuir o, en último término, a abolir la propiedad privada como medio de producción, y con ello, el orden espontáneo que resulta de éste, a quien la escuela historiográfica del Materialismo histórico juzga como una relación de explotadores y explotados, y en cuya dinámica resulta la extracción de la plusvalía de los unos sobre los otros. No obstante, aunque teóricamente la economía planificada funda sus principios en el comunismo -entendido propiamente tal como el constructo social basado en una forma de organización colectivista, igualitaria, en ausencia de clases sociales y de dominación- antes bien, en la práctica deviene en estatismo, al incrementar las facultades y competencias del aparato estatal de tal suerte que se convierte en el principal o único agente económico. Al concebir la riqueza como un juego de suma cero, esto es, como proceso en el que unos obtienen los recursos y sus beneficios, en detrimento de otros que son marginados de éstos, el planificador económico asume el redistribucionismo de la riqueza como elemento central de sus políticas económicas, de modo que una característica inherente a este modelo económico es la muy expansiva ejecución del gasto público, con las denominadas políticas sociales. Los gobiernos de corte planificador, por ende, incurren en déficit fiscal durante el ejercicio del año fiscal.

Entre los países en cuya organización económica ha sido, o es aplicado este modelo, destacan; la URSS, la República Democrática Alemana, y en la actualidad, Cuba, Corea del Norte y Venezuela. Empero, la práctica de controlar y regular la actividad económica desde la autoridad pública se remonta a sociedades como el Hatti, Asiria, Babilonia o Sumeria, así como en el Imperio Egipcio, el Imperio romano, o el Imperio aqueménida, en todas las cuales la economía estaba supeditada al mandato del jefe, faraón, emperador o rey. Asimismo, durante la Edad Medía, caracterizada esencialmente por el feudo, nada ocurría en la economía sin la intervención del rey, el señor o el vasallo, a quienes se le debía el pago de una renta por el empleo de la tierra, y a quienes cuyo criterio se asignaban las cantidades producidas. Por lo cual, aunque característica del Estado comunal del siglo XX, la planificación de la economía constituye una práctica antigua y extendida por el mundo, que encontró como antítesis histórica a la Revolución industrial y el liberalismo económico

Ventajas de la economía planificada

las ventajas de estar en una economía planificada son varias en las que podemos destacar las siguientes:

Conformidad con grandes diseños

Mientras la economía de mercado mejora los bienes por evolución, la economía planificada favorece el diseño. Mientras que la evolución tiende a conducir a un máximo local en la riqueza agregada, el diseño es, en la teoría, capaz de alcanzar un máximo local. Por ejemplo, en una ciudad planificada puede ser diseñado un transporte eficiente, mientras las ciudades mercado en crecimiento tenderían a sufrir problemas de congestión de tráfico. Empresarios señalan que las ciudades planificadas sufrirán los mismos problemas que las ciudades no planificadas, a menos que la reproducción y el crecimiento de la población estén sujetos a estricto y constante censo o monitoreo; o en otro caso, control absoluto como en una ciudad cerrada.

Cumplimiento de objetivos colectivos

Una economía planificada tiene la capacidad de servir colectivamente en vez de cumplir con necesidades individuales: en virtud de un sistema de este tipo, las recompensas, ya sean salarios o bonos, serán distribuidos de acuerdo con el valor que el Estado atribuya a los servicios prestados.

En una economía planificada se elimina el lucro individual como fuerza motriz de la producción y lo coloca en manos de los planificadores del colectivo para determinar cuál es la adecuada producción de diferentes tipos de mercancías. El gobierno puede aprovechar la tierra, trabajo y capital al servicio de los objetivos económicos de la comunidad y no del individuo a veces por medio del Estado. La demanda secundaria de los consumidores puede ser restringida a favor de una mayor inversión de capital para el desarrollo económico de un sector prioritario. El estado puede comenzar a construir una industria pesada a la vez en una economía subdesarrollada, sin esperar años para acumular capital a través de la expansión de la industria ligera, y sin la dependencia de financiación externa. Esto es lo que sucedió en la Unión Soviética durante la década de 1930 cuando el gobierno dirigió la proporción del PIB dedicada al consumo privado de 80 por ciento a 50 por ciento. Ello conllevó un crecimiento espectacular, vía el aumento de la tasa de inversión y la acumulación de capital, situación explicada por el modelo clásico de Solow. Esto permitió al estado cumplir la mayoría de sus objetivos económicos a medio plazo. Esto por otra parte comportó postergación del nivel de consumo de bienes no prioritarios en pro de un mayor desarrollo que a largo plazo repercutiría en un rápido mejoramiento de la calidad de vida del pueblo, que de hecho sucedió.

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