Economía planificada

Una economía planificada es aquella en que se prescinde de un mercado o el mercado tiene un papel secundario para la asignación de recursos. Hay varios modelos de planificación del que surge el consenso entre los factores económicos a través de la socialización de los medios de producción en un entorno descentralizado y de participación activa de los productores y ciudadanos (planificación colectiva o comunitaria) hasta la organizada por una entidad central en la que se coordina toda la economía de la región (planificación centralizada).

Ventajas e inconvenientes de la economía planificada

Ventajas

Conformidad con grandes diseños

Mientras la economía de mercado mejora los bienes por evolución, la economía planificada favorece el diseño. Mientras que la evolución tiende a conducir a un máximo local en la riqueza agregada, el diseño es, en la teoría, capaz de alcanzar un máximo local. Por ejemplo, en una ciudad planificada puede ser diseñado un transporte eficiente, mientras las ciudades mercado en crecimiento tenderían a sufrir problemas de congestión de tráfico. Empresarios señalan que las ciudades planificadas sufrirán los mismos problemas que las ciudades no planificadas, a menos que la reproducción y el crecimiento de la población estén sujetos a estricto y constante censo o monitoreo; o en otro caso, control absoluto como en una ciudad cerrada.

Cumplimiento de objetivos colectivos

Una economía planificada tiene la capacidad de servir colectivamente en vez de cumplir con necesidades individuales: en virtud de un sistema de este tipo, las recompensas, ya sean salarios o bonos, serán distribuidos de acuerdo con el valor que el Estado atribuya a los servicios prestados.

En una economía planificada se elimina el lucro individual como fuerza motriz de la producción y lo coloca en manos de los planificadores del colectivo para determinar cuál es la adecuada producción de diferentes tipos de mercancías. El gobierno puede aprovechar la tierra, trabajo y capital al servicio de los objetivos económicos de la comunidad y no del individuo a veces por medio del Estado. La demanda secundaria de los consumidores puede ser restringida a favor de una mayor inversión de capital para el desarrollo económico de un sector prioritario. El estado puede comenzar a construir una industria pesada a la vez en una economía subdesarrollada, sin esperar años para acumular capital a través de la expansión de la industria ligera, y sin la dependencia de financiación externa. Esto es lo que sucedió en la Unión Soviética durante la década de 1930 cuando el gobierno dirigió la proporción del PIB dedicada al consumo privado de 80 por ciento a 50 por ciento. Ello conllevó un crecimiento espectacular, vía el aumento de la tasa de inversión y la acumulación de capital, situación explicada por el modelo clásico de Solow. Esto permitió al estado cumplir la mayoría de sus objetivos económicos a medio plazo. Esto por otra parte comportó postergación del nivel de consumo de bienes no prioritarios en pro de un mayor desarrollo que a largo plazo repercutiría en un rápido mejoramiento de la calidad de vida del pueblo, que de hecho sucedió.

Inconvenientes

El problema de los excedentes y la escasez

Los críticos de las economías planificadas sostienen que los planificadores no pueden detectar las preferencias de los consumidores, la escasez, y los excedentes con la suficiente precisión y, por tanto, no puede coordinar eficazmente la producción (en una economía de mercado, un sistema de precio libre se destina a este fin). Sin embargo este argumento descuida la solución de Lange-Lerner de equivalencia entre planificación y mercado.

Si bien es cierto que durante ciertos períodos, en la Unión Soviética, la escasez de bienes básicos fue común en zonas determinadas pudiéndose generar colas. De hecho, la escasez de ciertos productos en la Unión Soviética, en ocasiones fue un resultado premeditado de una medida política, ya que las autoridades, por ejemplo, restringían productos que facilitaran la comunicación rápida, como el teléfono, con fines políticos y no tanto por una limitación de las posibilidades de planificación. Por otra parte, algunas escaseces se debieron en parte a que los planificadores debían decidir, por ejemplo, que los tractores eran más importantes de producir que hacer zapatos en ese momento, o por que las órdenes no fueron dadas para proporcionar una cantidad de cuero a la fábrica de zapatos, o por que los planificadores centrales no habían dado el incentivo a la fábricas de zapatos para producir la cantidad necesaria de los zapatos de una cierta calidad requerida. El economista János Kornai desarrolló este tema en su obra Economía de penuria.

También existe el problema de los excedentes. Los excedentes indican una pérdida de mano de obra y materiales que podrían haber sido aplicados a las necesidades más apremiantes de la sociedad. Los críticos de la planificación central señalan que impide a largo plazo los excedentes, porque el funcionamiento de la oferta y la demanda hace que el precio tienda a hundirse cuando la oferta supera la demanda, lo que indica a los productores a detener la producción o se enfrentarían a pérdidas.

Esto libera recursos para ser aplicados a satisfacer a corto plazo la escasez de otros productos básicos, según lo determinado por su demanda como el aumento de los precios superior a la oferta comienza. Se argumenta que esta "mano invisible" previene a largo plazo la escasez de excedentes y permite la máxima eficiencia en la satisfacción de las necesidades de los consumidores. Los críticos argumentan que, desde una economía planificada, los precios no están autorizados a cambiarse libremente, y además no hay un mecanismo exacto para determinar lo que se produce en grandes cantidades innecesariamente y lo que se produce en cantidades insuficientes. Ellos argumentan que la eficiencia se logra mejor a través de una economía de mercado donde los productores individuales pueden tomar cada uno, sus propias decisiones de producción basados en sus propias ganancias y gastos.

Los análisis sobre economía planificada no suelen tener en cuenta los medios tecnológicos disponibles hoy en día para que el consumidor pueda informar de sus necesidades a través de redes como Internet.

Priorización de la producción

Se[¿quién?] ha argüido que una economía planificada no puede determinar y dar prioridad a los bienes sociales mejor de lo que lo hace el mercado.[cita requerida] Aunque tal como sugiere la propuesta teórica conocida como solución de Lange-Lerner, potencialmente existen medios por el cual una economía planificada puede igualar los resultados del mercado.

Por otra parte, incluso algunos autores que se oponen a las economías de planificación[¿quién?] sostienen que en algunos casos la planificación centralizada está justificada. En particular, es posible crear bienes no rentables pero socialmente útiles en el contexto de una economía de mercado. Por ejemplo, se podría producir un nuevo medicamento con el gobierno para recaudar los impuestos y luego gastar el dinero para el bien social. Por otra parte, los oponentes de dicha planificación central dicen que "la ausencia de datos sobre las prioridades que se transmiten a través de señales de precios creados por las personas que actúan libremente, entonces, son cuestionables absolutamente las determinaciones estatales sobre lo que es socialmente importante." Los opositores no niegan que algo útil se puede producir si el dinero es de la expropiación de empresas privadas y los particulares, pero su denuncia es que "no se sabe con certeza que esos fondos no se han gastado mejor" si los individuos se les permitió gastar e invertir, ya que desea de acuerdo a sus propios deseos.

Podemos ver las cosas de valor que se producen por la situación tributaria y el uso de esos fondos para llevar a cabo proyectos que se cree que son bienes sociales, pero no podemos ver lo que los bienes sociales no han producido debido a la riqueza fuera de las manos de aquellos que han invertido y gastado su dinero en otras formas de acuerdo con sus propias metas. Estos opositores de la planificación central argumentan que la única manera de determinar lo que la sociedad realmente quiere, es permitir que la empresa privada aproveche sus recursos en la competencia para satisfacer las necesidades de los consumidores, en lugar de tomar los recursos y permitir que el gobierno ejerza a la inversión directa, sin responder a las señales del mercado. Según Tibor R. Machan, "Sin un mercado en el que las asignaciones se pueden realizar en la obediencia a la ley de la oferta y la demanda, es difícil o imposible el redireccionamiento de recursos con respecto a las preferencias humanas reales y objetivos."

Si el gobierno en cuestión es democrático, democráticamente determina las prioridades sociales que se pueden considerar legítimas y los objetivos sociales, en los que el gobierno justifica su intervención en la economía. Cabe señalar que hasta la fecha,no sólo la mayoría, sino que todos los países que emplean a las economías planificadas han sido las dictaduras u oligarquías (pocos o ninguno eran democracias). Muchas naciones democráticas, sin embargo, tienen una economía mixta, donde el gobierno interviene en cierta medida y en determinados aspectos de la economía, aunque otros aspectos de la economía se dejan al libre mercado.

Falta de incentivos para la innovación

Otra de las críticas de algunos a la planificación central, es que es menos probable que promueva la innovación en comparación con una economía de libre mercado. En esta última, los inventores pueden obtener enormes beneficios de patentar la nueva tecnología, por lo que es, sin duda, un gran incentivo para innovar. En una economía planificada se puede entregar los recursos nacionales en gran investigación y desarrollo si se obtiene la idea de que un campo en particular es fundamental para los intereses del Estado, por lo general la tecnología militar.

A pesar de tener una economía planificada, la Unión Soviética tuvo la capacidad de mantener una fuerte competencia frente a los Estados Unidos durante la carrera espacial y la Guerra Fría. Se desconocen las razones por las que algunos creen que la empresa pública no puede aplicar la meritocracia, como hacen las empresas privadas.

Imposición estatal frente a libertades individuales

La estructura de arriba abajo de una economía centralmente planificada dicta una cultura hegemónica de funcionamiento, mientras que en una economía de libre mercado varios modelos de explotación puedan competir al mismo tiempo de una manera similar a los organismos en un ecosistema.

Los críticos también sostienen que este tipo de economía podrá exigir un Estado que intervenga demasiado en las vidas personales de las personas. Por ejemplo, si el Estado dirige todos los empleos, las opciones de carreras universitarias pueden ser más limitadas. Si los bienes son asignados por el Estado y no por una economía de mercado, los ciudadanos no pueden, por ejemplo, ir a otro lugar sin permiso del Estado porque no serían capaces de adquirir los alimentos o vivienda en la nueva ubicación, como los recursos necesarios no planeados.

Asimismo, debido a que algunos estados de economía planificada controlaron en demasía las opciones personales de un individuo, algunos críticos sostienen que en la planificación central los resultados intrínsecamente son de arriba abajo, un estado coercitivo en que los planificadores podrían usar el estado para sus propios fines, en lugar de objetivos "sociales" del Estado. Algunos críticos sostienen que el socialismo valora mal las preferencias individuales, y sólo resume algunos objetivos de grupo. Esta crítica es respaldada por la observación de Rummel, que establece que mientras menos libertad tenga los individuos de un país, más probable que desde el Estado los asesinen.[1]

El Camino de servidumbre de Friedrich Hayek es una crítica del colectivismo. El libro argumenta que una economía de planificación central en última instancia, debe dar lugar a la tiranía. Una idea similar a ésta es la idea de la "Jaula de hierro", presentado anteriormente por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. El libro negro del comunismo afirma que los regímenes comunistas son los responsables de un mayor número de muertes que cualquier otro ideal político o movimiento.

En contraposición a esto, hay quienes aseguran que una política planificada o semi-planificada no tiene tanto que ver con lo anteriormente propuesto, pues, los estados de socialismo real han pretendido no solo hacer una economía planificada, sino que también una vida colectiva planificada, poniendo a la sociedad por sobre el individuo. Aun así siendo el socialismo ineficiente para solucionar los problemas de una nación, se ha prestado este argumento sobre la represión de izquierda para justificar la política de libre mercado como algo completamente justo, cuando en la práctica no siempre suele ser equitativo o productivo para el país en su conjunto, pues, al dejar que una pequeña cantidad de individuos acumular riquezas por sobre otros, se genera una contradicción y estancamiento en la economía.

De esta manera, los teoremas libre-mercadistas aseguran que el mercado por medio de su autorregulación provocará un avance social general, dando la idea a muchos directores generales, que su avaricia personal estaría justificada por ser productiva para todos, pero como se ha observado en muchos casos, la economía de libre mercado acarrea contradicciones fuertes para su desarrollo, y el triunfo de un agente del mercado muchas veces puede significar la caída de otro.[cita requerida]

Democracia económica y la autonomía de gestión

La planificación centralizada es también criticada por elementos de la izquierda radical. El economista libertario socialista Robin Hahnel observa que aun cuando la planificación central supere sus inhibiciones inherentes de incentivos y la innovación, no obstante, no estaría en condiciones de maximizar la democracia económica y la autogestión, que él cree que son conceptos que son intelectualmente más coherentes, consistentes y justos que los principales conceptos de la libertad económica.

Hahnel lo explica como, "combinada con un sistema político más democrático, más cerca a una versión mejor de los casos, las economías de planificación centralizada, sin duda, tendrían mejores resultados. Pero nunca hubieran permitido una auto-administración económica, siempre han sido lentos a la innovación, como la apatía y la frustración tuvo su inevitable peaje, y siempre han sido susceptibles al crecimiento de las desigualdades e ineficiencias de los efectos del diferencial de poder económico. En virtud de la planificación central, ni los planificadores, administradores, ni los trabajadores tienen incentivos para fomentar la integración social de interés económico. Es inminente para los mercados de bienes finales del sistema de planificación de facultar los consumidores de manera significativa. La planificación central, no habría sido incompatible con la democracia económica, incluso si han superado sus obligaciones de información y de incentivos. Y la verdad es que sobrevivió tanto tiempo como lo hizo sólo porque era impulsada por un poder político totalitario sin precedentes. "

Corrupción

Los detractores de la economía planificada entienden que ésta crea las condiciones sociales más favorables para la corrupción política.[cita requerida] En primer lugar, la centralización de la toma de decisiones predispone a los planificadores a los abusos de poder si no hay las suficientes medidas de control. En segundo lugar, la ineficiencia inherente de planes con suficiente información crea la necesidad de evitar la oficial toma de decisiones. Sin embargo, sus defensores comprenden que las mismas no han sido más proclives a actos de corrupción que las economías no planificadas. En efecto, no hay estudios serios, fiables y libres de cualquier sesgo como para tomar una decisión racional que deje por fuera meras simpatías políticas.

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