Economía ecológica

La Tierra en el espacio ilustra la fragilidad de nuestro hogar y la nueva conciencia de la finitud de la economía.

La economía ecológica (en adelante EE) es la ciencia de la gestión sostenible o el estudio y valoración de la (in)sostenibilidad.[4]

El problema básico que estudia es la sostenibilidad de las interacciones entre el subsistemas económicos y el macro sistema natural. Dicha sostenibilidad entendida como la capacidad de la humanidad para vivir dentro de los límites ambientales[6]

La EE, pues, estudia las relaciones entre el sistema natural y los subsistemas social y económico, incluyendo los conflictos entre el crecimiento económico y los límites físicos y biológicos de los ecosistemas debido a que la carga ambiental de la economía aumenta con el consumo y el crecimiento demográfico. Los economistas ecológicos adoptan posturas muy críticas con respecto al crecimiento económico, los métodos e instrumentos de la economía tradicional y los desarrollos teóricos que proceden de ésta como la economía ambiental y la economía de recursos naturales.

El interés en la naturaleza, la justicia y el tiempo son características definitorias de la EE. Estos aspectos son dejados de lado por la economía convencional.[7]

En ocasiones se le denomina economía verde,[10] y se encuentra en amplio contraste con las escuelas de pensamiento de la economía, denominándolas como economía convencional (mainstream economics) o economía neoclásica por el predominio de esta escuela en la actualidad.

Características

En resumen las ideas básicas de la EE son:[11]

La economía está incrustada en la naturaleza, existen límites al crecimiento material y problemas ambientales críticos, la escala de la economía ha podido sobrepasar su tamaño sostenible afectando la resiliencia de la misma.

El trabajo transdisciplinar, el pluralismo y la visión holística del mundo son fundamentales para enfrentar los problemas ambientales, ninguna disciplina aislada proporciona una perspectiva suficiente ante la magnitud y complejidad de la problemática ambiental planetaria.

La naturaleza es el soporte vital de la humanidad, nos faltan conocimientos sobre la naturaleza y las relaciones entre las sociedades y su medio. Por ello existe incertidumbre respecto a las consecuencias de nuestras acciones, lo que a su vez supone adoptar principios precautorios y enfoques abiertos a la participación social ya que el conocimiento científico es insuficiente.

Uso de la teoría de sistemas, proveniente de las ciencias naturales, para comprender la dinámica y evolución de los problemas.

Las cuestiones de equidad y distribución inter e intrageneracionales son fundamentales.

La naturaleza tiene un valor por sí misma, independientemente de su uso o utilidad para los humanos.

La economía está integrada en sistemas culturales y sociales más amplios de tal manera que naturaleza, economía y sociedad coevolucionan. Los aspectos sociales y culturales adquieren mucha importancia.

Otras bioeconomías

No debe confundirse con una corriente de economía convencional (neoclásica), ligeramente posterior en el tiempo, denominada también bioeconomía [5]. Fue fundada por economistas de la Escuela de Chicago como Gary Becker, Jack Hirshleifer y Gordon Tullock quienes presentaron ideas muy distintas. Consistentes en aplicar el análisis neoclásico (escasez, competencia, egoismo) para explicar la conducta en temas sociales como el matrimonio, el crimen, racismo... hasta el comportamiento de otros seres vivos.

Es el llamado imperialismo económico que consistiría en introducir los principios neoclásicos de competencia y maximización en otras ciencias, como la biología, hasta convertirlas en economía según Hirshleifer. Tal reduccionismo ha recibido críticas también desde la biología pues la naturaleza no maximiza y la competencia es sólo un aspecto.

Por otro lado, estos autores basan tales características en la genética, afirmando por ejemplo que cuando sean identificados los genes de los deseos humanos se sabrá qué política tendrá efecto,[14]

Esta corriente no está relacionada con la EE pero se presta a confusión con facilidad pues la revista publicada por Springer incluso dedicó un número a la EE [6].

En 1975 Nicholas Georgescu-Rogen en el ensayo titulado “Energía y mitos Económicos” publicado en el Southern Journal, afirmaba que los economistas se han contentado con desarrollar su disciplina siguiendo las huellas dejadas por sus antecesores, luchando ferozmente contra cualquier sugerencia de que la economía puede ser concebida como algo distinto de la ciencia de la mecánica. Esta fidelidad al dogma mecanicista significa que el proceso económico ha estado regido por un principio de transformación y una norma de maximización. La esencia de su análisis es que el proceso económico no es un proceso aislado y autónomo, y no puede funcionar sin un intercambio continuo que altera el entorno de modo acumulativo, ni tampoco sin verse influido por esas alteraciones. Este análisis sirve de base para el surgimiento de la Bioeconomía o Economía Biológica que ofrece una nueva epistemología para investigar el sistema socioeconómico en asociación con el sistema biológico como un todo, y así estudiar las interacciones no lineales entre sus componentes y no sólo entre las características de los componentes individuales. Estos conceptos se plasman en la obra del autor Mansour Mohammadian “Bioeconomics: Biological Economics. Interdisciplinary Study of Biology, Economics and Education “ en donde afirma que es posible el desarrollo de la ciencia holística interdisciplinar de la Bioeconomía como respuesta a los avances incrementales de las otras disciplinas de economía-ambiente (Economía de Recursos Naturales, Economía Ambiental, Economía Ecológica) a través de las cuales se han investigado de manera individual y por separado las patologías del capitalismo y su sistema industrial. El principal objetivo de la Bioeconomía es servir de puente entre la ciencia empírica de la Biología y la ciencia literaria de la Economía y acabar con la desunión y separación de “las dos culturas”.

 1.Georgescu-Rogen, N. (mayo de 1975). Energía y mitos económicos. Southern Journal, 94-122.
 2.Mohammadian, M. (2000). Bioeconomics: Biological Economics. Interdisciplinary Study of Biology, Economics and Education. Madrid: Personal.

Potencia teórica y debilidad institucional de la EE

El conservadurismo social y político perjudica a la libertad y difusión de nuevas ideas. La reacción a los atentados del 11S incrementó las dificultades para las propuestas de la economía crítica.

Nunca hubo tantos investigadores, corrientes o etiquetas científicas en competencia por la elaboración teórica de los problemas, financiación y prestigio profesional.

El predominio de la escuela neoclásica,[18] [7] [8] y neuroeconomics [9] respectivamente.

Esto crea una bruma confusa de superficiales reformulaciones de los principios neoclásicos (y la correspondiente abundancia de siglas y asociaciones en competencia EAEPE, EAERE, AERE, ASE, SASE, AFEE por citar algunas) que carecen de la profundidad de la EE, representando más bien intercambios limitados entre disciplinas (algo muy frecuente en la historia de la ciencia), la focalización en aspectos particulares (como feminist economics) hasta mero oportunismo en busca de promoción profesional (publica o perece). Todo ello, según ciertos autores, contribuye a enterrar los intentos serios de crítica radical[9] y puede confundir a las personas interesadas.

El conservadurismo político de las últimas décadas también ha contribuido a desgastar la renovación conceptual que promueve la EE. Pues la apertura de las comunidades científicas hacia la crítica y la renovación va de la mano de la impugnación del status quo social y político.[17]

En el interior de la EE existen tensiones respecto al desarrollo del campo. Así, una parte de los miembros, principalmente economistas, desean profundizar en la crítica hacia la economía neoclásica mientras los científicos naturales en general buscan cooperar con ella. Algunos miembros quieren que la transdisciplinariedad sea el elemento definitorio de la EE mientras otros lo encuentran demasiado amplio. También existe división en torno a la prioridad de los modelos económico-ecológicos y la valoración mientras otros recalcan los estudios socioeconómicos o el intercambio desigual. Se discute la preeminencia de la Ecología sobre otras disciplinas naturales y la necesidad de atraer más científicos naturales.[17]

Es de notar que la alusión a la Fe como principal baluarte de la economía neoclásica es frecuente en algunos economistas críticos ante la imposibilidad de establecer un debate riguroso y nivelado sobre sus principios [10]. Un aspecto relacionado con la relativa debilidad política e institucional de la EE es el riesgo de subordinación a la economía ambiental y de los recursos naturales, como propuso abiertamente David Pearce en la conferencia inaugural de la ESEE en 1996 y que fue muy criticado. Lógicamente, según muchos autores, debiera ser al contrario. Un ejemplo es su presentación como una corriente o etiqueta adicional junto a la economía ambiental y la de recursos naturales: [11].

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