Ecdótica

Se denomina ecdótica, crítica textual o crítica menor a una rama de la filología que tiene por cometido editar textos de la forma más fiel posible al original o a la voluntad del autor, procurando principalmente la eliminación de errores de transcripción. Para ello se vale de un amplio instrumental filológico altamente codificado y experimentado milenariamente desde tiempos del Museo de Alejandría, así como de una serie de disciplinas auxiliares como la codicología, la paleografía o la biblioteconomía. Las ediciones que se realizan con criterios ecdóticos se denominan ediciones críticas, en sentido estricto cuando agotan mediante el estudio la transmisión y las posibilidades de determinación del texto y sus diversas lecciones, o más ampliamente ediciones filológicas. Los escribas, amanuenses y copistas en general cometían errores o alteraciones al transcribir caligráficamente los manuscritos.[1] Dada una o varias copias de un manuscrito, pero no la original, la crítica textual pretende reconstruir un texto tan cercano al original perdido como sea posible.

La crítica textual ha de afrontar los problemas relativos a Autoría, Datación o fechación y Edición propiamente dicha. El proceso crítico, que se resuelve expositivamente en la configuración de un aparato, tiene sus momentos clave en la recensio, la emendatio y el establecimiento del stemma o árbol genealógico de la obra.

La ecdótica es de singular importancia para la edición de textos antiguos y transmitidos de manera fragmentaria o incompleta, cuyo original puede haber desaparecido, y de los que sólo poseemos copias que a menudo difieren entre sí. Se aplica a la reconstrucción de textos que han sido deturpados por el paso del tiempo, la tradición manuscrita, la pérdida de originales, la ausencia de copias fiables, etc. Desde este punto de vista, la ecdótica puede considerarse la arqueología del texto.

Breve historia de la ecdótica

Los primeros filólogos preocupados por la integridad y fidelidad en la edición de las obras fueron los filólogos alejandrinos que editaron las obras de Homero. En la Edad Media, el filólogo romano y padre de la Iglesia San Jerónimo se preocupó de conocer bien el hebreo y el griego para establecer un canon fiable de textos sagrados para el Cristianismo, la Biblia conocida como Vulgata. Con posterioridad, el Humanismo del Renacimiento se aplicó a realizar esa misma tarea con mayor amplitud para la literatura grecolatina clásica, que por primera vez se intentó restituir de manera amplia y, por así decir, programada. En el siglo XIX Karl Lachmann hizo los primeros intentos estables para superar de forma científica el procedimiento impresionista de enmienda de errores (emendatio ope ingenii) de los humanistas. En este sentido hizo también contribuciones Gaston Paris. Por otra parte, Henri Quentin ideó el método reconstructivo,[3] encontró algunos fallos en el método de Lachmann al editar el Lai de l'ombre: no preveía las contaminaciones "horizontales" entre varios textos simultáneamente. El neolachmannismo, sin embargo, resurgió con fuerza como un mal menor ( Sebastiano Timpanaro, Cesare Segre). Pero la era electrónica o digital, no sólo ha aportado una gran catalografía tendente a una ingente unificación por países e incrementado en extremo las posibilidades de búsqueda, localización y cuantificación de materiales sino que, mediante los nuevos campos ya establecidos de la llamada Informática para Humanidades, o Informática humanística o Humanidades digitales y los conceptos y usos de la edición digital, su concepto de hipertexto y las consiguientes nuevas posibilidades que aportan, ha venido a amplificar notablemente el panorama y la gama de medios existentes.

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