Drama litúrgico

El drama litúrgico, en el contexto de la religión cristiana, se originó en las iglesias europeas a finales del siglo IX y a partir de breves composiciones dramáticas cantadas o recitadas en latín, desarrollándose a lo largo de la Edad Media en España y Francia. Su evolución generó los milagros, los misterios y los autos sacramentales.[2]

La adoración de los pastores, de Hugo van der Goes, pudo tomar elementos del Officium pastores. Así lo evoca el gesto teatral de los profetas Isaías y Jeremías que levantan unas cortinas para desvelar la escena.

Evolución histórica

Los tropos

Se considera que el drama litúrgico tuvo su origen en los llamados tropos, breves textos recitados o cantados en forma de diálogo, (probablemente nacidos en torno al canto del Aleluya e incorporando con frecuencia antiguos melismas de origen griego o romano), que comenzaron a tener estructura musical en algunas de las más importantes fiestas litúrgicas como la Pascua y la Navidad.

Su uso más antiguo se localiza en el siglo IX, en el Abadía de San Galo ( Suiza) y de ahí se difundieron por Europa.[4]

Primeros dramas

Las primeras representaciones conocidas son las del llamado Quem quaeritis? o Visitatio sepulchri, asociado con las celebraciones de la Vigilia Pascual, que dramatizaba la visita de las Tres Marías al sepulcro de Jesús y su conversación con un ángel. Se desarrolló por toda Europa occidental en los siglos X y XI. La primera noticia de este drama litúrgico en la Península Ibérica se da en unos breviarios de finales del siglo XI del monasterio de Santo Domingo de Silos. Además del Quem quaeritis?, otros dramas litúrgicos de la época son:

  • El Officium pastorum, que representa la adoración de los pastores al niño Jesús y supone la representación más antigua relacionada con la Navidad.
  • El Ordo stellae, relacionado con las visita de los Reyes Magos o Epifanía.
  • El Ordo prophetarum, representación en que los profetas del Antiguo Testamento anuncian la venida de Jesucristo. En ocasiones se añaden también las figuras de Virgilio y la Sibila.
  • La Depositio, dramatización de la deposición del cuerpo de Jesús en el sepulcro el día de Viernes Santo.[5]

Localizaciones

Según Alan Deyermond, los dramas litúrgicos en latín se han documentado con facilidad en Cataluña, pero no así en Castilla (en las catedrales de Palencia y Segovia); en el resto de reinos peninsulares medievales hay algunos restos y pistas, como un Quem quaeritis de Santiago de Compostela, y ejemplos muy similares del Officium pastorum en Coímbra, Huesca y un misal del siglo XV procedente de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. Para el hispanista británico, la abundancia de estas piezas en Cataluña se debe al influjo político y cultural occitano. A su vez, el escaso desarrollo del drama litúrgico en latín en Castilla se debería a la introdución tardía del rito romano en la Meseta y la influencia que ejercían los monjes cluniacenses, orden que, al parecer, no estaba interesada en el desarrollo del drama.[6]

El Canto de la Sibila

La pieza que con mayor presencia se ha rastreado en la península es el llamado Cantus sybillae o Iudicium signum, como parte del primitivo Ordo prophetarum, con textos tanto en latín como en lenguas vulgares. En su argumento, la Sibila profetiza la llegada del Juicio Final. Se desarrolló particularmente en los territorios de lengua catalana: se conocen versiones en Barcelona, Valencia, Montpellier, Palma de Mallorca, Lluchmayor, entre otros. También se dio en territorio castellano: las más famosas fueron las de Toledo, Córdoba y León.[7]

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