Disolución de Yugoslavia

Bandera oficial de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (1945-1992)

La disolución de Yugoslavia se refiere a los hechos ocurridos en la antigua Yugoslavia entre el 25 de junio de 1991 y el 5 de junio de 2006, que condujeron a esta disolución y a la formación de seis nuevas repúblicas soberanas (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia), y que para algunos expertos también incluyen la independencia no reconocida internacionalmente de la provincia serbia de Kosovo y Metohija ocurrida en 2008. La disolución de Yugoslavia se produjo como resultado de una serie de agitaciones políticas y conflictos durante la década de 1990. Las repúblicas constituyentes de la República Federal Socialista de Yugoslavia se separaron, después de sufrir un período de crisis política en la década de 1980 tras la muerte de Tito, pero los problemas no resueltos causaron una serie de cruentos conflictos bélicos, conocidos como guerras yugoslavas que afectaron principalmente a Croacia, Bosnia y a la zona de Kosovo.

La RFS Yugoslavia era un país que ocupaba un territorio que abarcaba desde Europa Central hasta los Balcanes, con un conflicto étnico histórico. El país era una conglomeración de seis repúblicas regionales y dos provincias autónomas, que estaba dividido según las etnias y que en la década de 1990 se separó en varios países independientes. Estas ocho entidades federativas pasaron a ser seis repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro, Serbia, y dos provincias autónomas dentro de Serbia: Kosovo y Metohija y Vojvodina. Bosnia y Herzegovina no había existido como un estado mezclado étnicamente desde 1465, y además no tenía una mayoría étnica clara, con "44 % de musulmanes, 33 % de serbios, 18 % de croatas y otras minorías".[cita requerida] La distribución geográfica de los grupos étnicos que componían Yugoslavia representaba el hecho de que cada nación tenía una población en cada una de las seis repúblicas. Yugoslavia pasó a ser un país con siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder.

La agitación nacionalista serbia iniciada por Milosevic a finales de la década de 1980 es considerado la clave del inicio de la disolución de este estado.[2]​ aunque Serbia y Montenegro seguirán usando esta denominación (sin reconocimiento internacional) hasta el 2003.

Ya que la estructura demográfica de Bosnia comprendía una población de serbios y croatas cercana al 50 % y con ideas de independencia basadas en las etnias más que en la nación, el control del territorio volvió a abrirse a diferentes interpretaciones, y grandes zonas de Bosnia, Croacia y Serbia se denominaron como zonas en disputa. Los elementos más importantes que fomentaron la discordia fueron la formación del Reino de Yugoslavia, la guerra civil y el genocidio (véase campo de concentración de Jasenovac) llevada a cabo por el Estado Independiente de Croacia durante la Segunda Guerra Mundial, la idea de la "Gran Serbia", y las adaptaciones balcánicas del Paneslavismo.

La desintegración de Yugoslavia está claramente relacionada en el contexto del fin de la guerra fría y la disolución de otros países del bloque oriental como la disolución de Checoslovaquia y la disolución de la URSS.

Causas de la disolución

Colapso económico y clima internacional

Yugoslavia fue, una nación con un gran poder industrial y una economía próspera. Veinte años antes de 1980, el crecimiento del producto interior bruto (PIB) promediaba el 6,1 por ciento, la atención médica era gratuita, la alfabetización era del 91 por ciento y la expectativa de vida alcanzaba los 72 años.[3]​ Pero después de una década de mala administración económica y cinco años de desintegración, guerra y boicot, la economía yugoslava colapsó.

Yugoslavia era un estado único, que abarcaba tanto Oriente como Occidente. Además, su presidente, Josip Broz Tito, era uno de los principales miembros del "tercer mundo" o el "grupo de los siete", que era una alternativa ante los países más poderosos. Lo que es más importante, Yugoslavia actuó como un estado colchón entre Occidente y la Unión Soviética y también evitó que la URSS tuviese una salida al mar Mediterráneo. La gente utilizaba una frase de uso común pero con un fuerte sentido filosófico y político, que era «Yugoslavia tenía siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder», con lo que se indicaba el fuerte control central que debían estar sometidos sus habitantes en su existencia como nación.

Sin embargo, después de la muerte de Tito, y con el ascenso de Gorbachov en la Unión Soviética, la promulgación de iure de la perestroika y el glásnost dentro de la Unión Soviética, Occidente se sintió tan seguro de conocer las intenciones de la URSS que Yugoslavia ya no significaba una central de importancia estratégica. Pese a que Belgrado no fomentó alianzas y pese a sus importantes relaciones con la Comunidad Europea y con Estados Unidos, la administración de Ronald Reagan específicamente apuntó a la economía yugoslava en una operación secreta en 1984 (NSDD 133), "La política estadounidense hacia Yugoslavia". En Europa Oriental se elaboró una versión censurada descartada en 1990, creada en 1982.[5]

El statu quo externo, del que dependía el Partido Comunista para ser viable, estaba comenzando a desaparecer. Además, la caída del socialismo en Europa Central y Occidental una vez más había causado conflictos, contradicciones y discordias etno-religiosas en Yugoslavia. Su estatus sin alianzas resultó en una serie de préstamos por parte de ambos bloques (el capitalista y el socialista). Este contacto con los Estados Unidos en Occidente abrió los mercados de Yugoslavia antes que en el resto del continente.

La crisis del petróleo de 1973 se sumó a las barreras del comercio con Occidente, entorpeciendo dramáticamente sus treinta años de crecimiento económico desmesurado. Para contrarrestar este efecto, Yugoslavia solicitó préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y posteriormente cayó en una deuda externa muy elevada. Como condición por recibir préstamos, el FMI demandó la liberación del mercado en el país. Hacia 1981, Yugoslavia tenía una deuda acumulada de 19,9 mil millones de dólares. Otra preocupación era la tasa de desempleo, de un millón hacia 1980. Este problema se agravó con la "improductividad general del sur", la cual no sólo sumergió a Yugoslavia más aún en la catástrofe, sino que también irritó a Eslovenia y a Croacia. Una década de pobreza resultó en una frustración y resentimiento crecientes contra la "clase alta" serbia y hacia las minorías que se veían beneficiadas por la legislación gubernamental. Las verdaderas ganancias de Yugoslavia cayeron en un 25 % desde 1979 a 1985. Hacia 1988 la deuda llegó a los 4,5 billones USD, y en 1989 alcanzó los 6,2 billones USD, siendo un 19 % de la deuda total del mundo.[7]

Problemas estructurales

La Yugoslavia de Tito estuvo caracterizada por reformas constantes que no lograban resolver los problemas nacionales claves. Además, el sistema federal, debido a la creciente tirantez nacional y el deseo del Partido Comunista de "apoyar la autodeterminación nacional" comenzaron a salir de control. Esto resultó en la creación de Kosovo, como región autónoma de Serbia, regida por la constitución de 1974. La constitución no reconoció el poder de la capital sobre las regiones autónomas creadas recientemente en Vojvodina (un área de Yugoslavia con un gran número de minorías étnicas) y Kosovo (con una gran etnia de albaneses). Esto no sólo agravó los temores de los serbios de "una Serbia débil para una Yugoslavia fuerte" sino que también golpeó la base de la identidad nacional de Serbia. La mayoría de los serbios ve a Kosovo como "la cuna de la nación", y no aceptan la posibilidad de perderla permitiendo que se pueble mayoritariamente de albaneses.

La importancia especial de Kosovo se debe a la derrota del duque Lazar Hrebeljanović. Se dijo que había sido traicionado en Kosovo Polje (batalla de Kosovo) contra los turcos otomanos. La devastante derrota fue el final del reino serbio y el comienzo de casi quinientos años de subyugación ante los otomanos (1389-1868). Sin embargo, los primeros registros de la batalla no datan hasta cien años después de la misma, en forma de poema. El giro romántico otorgado a este episodio de la historia contribuyó a la naturaleza sagrada y venerable de la región de Kosovo. La importancia de Kosovo en esta época tenía mucho peso en lo que respecta a Serbia.

Esta versión de la federación esencialmente convirtió a Yugoslavia en una confederación, cuestionando la legitimidad del régimen y engendrando resentimiento en las repúblicas más ricas. Eslovenia y Croacia, las repúblicas más desarrolladas se sentían continuamente frustradas por su incapacidad de elevar su nivel de vida, ya que tenían que subsidiar el desarrollo de las repúblicas más pobres en lo que describían como "el agujero negro económico". Éste resaltaba las vastas diferencias en la calidad de vida en las distintas repúblicas. La muerte de Tito trajo más problemas; en un esfuerzo por asegurar su legado, la constitución de Tito de 1974 estableció un sistema de presidencias de un año de duración, con una base de los ocho líderes de las repúblicas. Estos mandatos tan cortos eran muy inefectivos. Esencialmente, dejaron un vacío en el poder que quedó abierto durante la mayor parte de la década de 1980, y sólo Slobodan Milošević tomó las riendas en 1989.

Nacionalismo

En 1989, el 600 aniversario de la derrota histórica de Serbia en Kosovo Polje, Slobodan Milošević pronunció un discurso ante 1 000 000 de serbios, en el que hizo referencia al gran pasado histórico de la nación. La respuesta de Milošević hacia la incompetencia del sistema federal fue la de centralizar el gobierno. Considerando que Eslovenia y Croacia estaban planeando su independencia, esto fue catalogado como inaceptable.

En la conferencia yugoslava de finales de 1989 se cortó el diálogo. Los líderes no pudieron llegar a un acuerdo sobre cómo luchar con las cambiantes presidencias. Además, muchos miembros ya no estaban dispuestos a rescatar a lo que veían como un barco hundido. Croacia y Eslovenia declararon sus respectivas independencias y se desató la guerra de los Diez Días en Eslovenia en 1991. Después de una semana, los eslovenos se alzaron victoriosos y comenzó la disolución de Yugoslavia.

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