Dionisio Ridruejo

Dionisio Ridruejo
Información personal
Nombre de nacimiento Dionisio Ridruejo Jiménez
Nacimiento 12 de octubre 1912
Bandera de España Burgo de Osma, España
Fallecimiento 29 de junio de 1975, (62 años)
Bandera de España Madrid, España
Nacionalidad Española
Religión Católica
Partido político Falange Española
Falange Española de las JONS
FET y de las JONS
Unión Social Demócrata Española
Familia
Cónyuge Gloria de Ros
Información profesional
Ocupación Propagandista, político, docente, poeta, escritor
Género Poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones Premio Nacional de Poesía en 1952
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Dionisio Ridruejo Jiménez ( Burgo de Osma, Soria, 12 de octubre de 1912Madrid, 29 de junio de 1975) fue un escritor y político español perteneciente a la Generación del 36 o Primera generación poética de posguerra. Participó como falangista en el bando de Franco, pero ya desde 1941 su distancia con el nuevo régimen se iniciaba, consumándose al año siguiente con la dimisión de sus cargos. Desde entonces, se enfrentó al franquismo, sufrió cinco años de destierro y unos meses de cárcel; manteniendo cierta libertad de acción, luchó hasta el final de su vida por las libertades, uniéndose con la oposición democrática.[1]

Biografía

Su padre, comerciante que había estado en el sur, se hizo cargo de la sucursal que el negocio comercial y bancario abierto en Soria estableció en el Burgo, iniciando un sistema de proliferación (promover hasta 35 filiales en Castilla) que duró hasta que Dionisio tuvo veinte años.[2] Estudió con los maristas en Segovia y luego con los jesuitas en Valladolid y en Madrid. Ingresó en la Universidad María Cristina de El Escorial.

De educación tradicional y religiosa, a los 21 años, en 1933 Dionisio se afilió a Falange Española, como uno de los primeros seguidores de José Antonio Primo de Rivera (al que conoció en 1935), y ocupó cargos políticos; se le deben dos versos de la letra del himno falangista Cara al sol («Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz»). Avanzada su vida escribirá en 1957, por el contrario, un Himno a la libertad ("Adelante... / al combate que funda la paz, / al trabajo que gana la tierra / en el nombre de la libertad").[3]

Como luego dirá de su mocedad: "Mi conocimiento de las realidades políticas y sociales era sumario", y con los años fueron llevándole "a conclusiones muy alejadas de mis apriorismos juveniles, más bien recibidos por influencia que conquistados por reflexión".[4]

Guerra Civil

Durante la Guerra Civil fue Director General de Propaganda del bando franquista, no sin arrebatos entusiastas.[7] En 1940 fundó con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial.

Dictadura franquista, primeros años

El 13 de septiembre de 1940, Ramón Serrano Súñer parte hacia Alemania como enviado especial de Franco, acompañado de un grupo de personas inclinadas en favor del nacionalsocialismo. En este séquito figura Demetrio Carceller Segura junto con Miguel Primo de Rivera, Antonio Tovar, Manuel Halcón, Miguel Mora Figueroa y el propio Dionisio Ridruejo.[9]

En 1941 marchó como soldado raso voluntario a la División Azul que fue a luchar a la Unión Soviética junto a las tropas alemanas. «Los años 1940 y 1941 fueron los más contradictorios, desgarrados y críticos de mi vida».[10] A su vuelta, sin embargo, se enfrentó con el régimen del general Francisco Franco, porque el dictador se comportaba como un gobernante revanchista que, más que seguir las líneas de la revolución falangista, se entregaba a las corrientes más conservadoras y pretendía destruir a los adversarios. Como el propio Ridruejo escribió, Franco fingía «la suprema defensa de nuestra generación» mientras entonaba «el cántico de los derechos incondicionales» y predicaba «una especie de revanchismo deportivo, dando a la honrosa tarea del Poder una categoría de pago de gratificaciones».

«Lo cierto es que la División en bloque -sin que en ello participe conscientemente la mayor parte de la oficialidad, que es lo más grave- siente una especie de conciencia mesiánica: somos casi todos falangistas desilusionados, disconformes de cómo van las cosas en la España reaccionaria y quietista que se nos ha organizado. (...) Fríamente considerados -desde un criterio de Ministerio de Estado-, somos el precio de la neutralidad. »

Dionisio Ridruejo, Cuadernos de Rusia

Su discrepancia la expuso en persona al propio Franco: lo acusó de utilizar a la Falange hasta la traición, le explicó que el mando no legitima todo y que, en lugar de encarnar la revolución, pretendía ser un árbitro entre fuerzas contradictorias, no consiguiendo sino un régimen político impopular que solo administraba el hambre, cedía ante las presiones eclesiásticas, sostenía una justicia arbitraria y se sostenía gracias a un ejército opresor. Concluyó diciendo que el «Régimen se hunde como empresa aunque se sostenga como tinglado».

Opositor al Régimen

Descontento con el Régimen por su falta de carácter falangista, rompe con él en el año 1942. Enseguida abandona la Falange y deja todos sus cargos públicos, como se lee en una carta a Serrano Suñer.[13]

Desde 1951 reside en Madrid dedicándose a dar conferencias luchando por liberalizar el régimen de Franco. A pesar de todo, su pertenencia a los antiguos combatientes franquistas le permite una libertad de actuación que nunca habrían podido gozar los antiguos republicanos. Escribe libros, artículos y colaboraciones periodísticas pagadas que le permiten subsistir, pese a las dificultades que va sufriendo. El equipo que constituyó en sus años de jerarca falangista ( Gonzalo Torrente Ballester, Xavier de Salas, Juan Ramón Masoliver, José María Fontana, Samuel Ros, Román Escohotado, Carlos Sentís, Antonio de Obregón, Martínez Barbeito, Edgar Neville, Luis Escobar, Manuel Augusto García Viñolas, Pedro Laín Entralgo, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, etc…), «el menos sectario de cuantos se constituyeron durante la guerra» según él, siempre estuvo, de una u otra forma, para echarle una mano. Entonces se da cuenta de que la única forma de liberalizar el régimen franquista es unirse a la oposición democrática.

En 1956 participa en la plataforma Acción Democrática. Es encarcelado por participar en un movimiento de escritores jóvenes; allí colabora con militantes del PCE sin saberlo, pues mantienen en secreto su militancia (entre ellos destacan Ramón Tamames y Javier Pradera).[15]

Acusado de haber fundado el grupo político « Acción Democrática», se le encarceló otra vez y se le sometió a dos procesos. Ejerció la docencia en Estados Unidos a principios de los años sesenta. Dirá en 1961 que no se ha callado porque «me equivoqué, esto es, porque intervine una vez (sin duda con insignificancia) en el proceso histórico español, me considero comprometido con ese proceso».[16]

En 1962 acudió al IV Congreso del Movimiento Europeo, un famoso encuentro en Múnich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio, bautizado por la prensa oficial como « contubernio de Múnich»; un año antes había tenido que publicar en Buenos Aires su libro Escrito en España, que la censura no dejó publicar en la península. Tras la reunión de Múnich no pudo volver a España y se exilió en París desde 1962 hasta 1964. Durante ese periodo mantiene una correspondencia epistolar con su esposa, que se edita con el nombre de Cartas íntimas desde el exilio.[18]

En 1968-1969 da clases en Madison (Wisconsin) y en la Universidad de Austin (Texas). Desde 1971 prodiga entrevistas en las que expone su oposición al Régimen. Empieza a colaborar en la revista Destino de un modo regular.

En 1974 refundó su viejo partido con nuevos nombres, llamándolo Unión Social Demócrata Española, USDE, de planteamientos reformistas que propugnaban una democracia social más allá de la democracia cristiana de su amigo Joaquín Ruiz-Giménez, con otros contactos socializantes.[20]

Murió en Madrid el 29 de junio de 1975.

Vida privada

Tuvo relaciones algo tumultuosas con Marichu de la Mora (madre del director de cine Jaime Chávarri) y con la condesa von Podevils (Hexe), que rompió en 1943.[21] Se casó con Gloria de Ros en junio de 1944 y fueron a vivir a San Cugat. Ella fue su gran apoyo en la lucha que sostuvo desde 1942 por restaurar la democracia en España. La prematura muerte de su marido hizo que ella tuviera que encargarse de las anotaciones de algunos de sus poemas, que iban a ser publicados en la Editorial Castalia.

Muerte

La salud de Ridruejo siempre había sido delicada, aunque la razón no se conoció con exactitud hasta días antes de su muerte, cuando descubrió que padecía insuficiencia coronaria. Fue internado en la Clínica de Nuestra Señora de Madrid el 27 de junio. Iba a ser sometido a una delicada operación, que estaba prevista para el 2 de julio de 1975. Tan solo pudo ser visitado por seis personas (entre ellas Ramón Serrano Súñer) debido a la prohibición por orden facultativa. Durante este breve periodo antes de su muerte, el escritor afirmó no estar preocupado por dicha operación. El respeto por su figura llega hasta un escritor como Juan Benet, que colaboró con él, y quien dedicó un artículo muy elogioso e informado a su muerte.[22]

Actualidad

Las investigaciones sobre Dionisio Ridruejo han experimentado un gran empuje en el siglo XXI. Un tomo biográfico valioso, por su escritura y su claridad de análisis, Casi unas memorias —que aparecieron montadas cronológicamente en 1976—, fue del todo reordenado por Jordi Amat en 2007: dejó la forma de cada uno de los textos que lo componen, añadió unos importantes Recuerdos familiares así como muchos documentos fundamentales (reeditado en 2012). Francisco Morente Valero, ha escrito una monografía, en 2006, Dionisio Ridruejo: del fascismo al antifranquismo

Jordi Gracia García, por su parte, lo ha estudiado a fondo en tres libros: Materiales para una biografía (2005), El valor de la disidencia. Epistolario inédito de Dionisio Ridruejo (2007), La vida rescatada de Dionisio Ridruejo (2008), su biografía. Además, con Jordi Amat ha recuperado unas inéditas Cartas íntimas desde el exilio (2012), epistolario a su esposa, Gloria de Ros. Aparte de su calidad como escritor, defiende su valía moral porque «asume como responsabilidad ética y biográfica sus errores políticos de juventud y primera madurez, y dibuja así una trayectoria infrecuentísima de reparación: su capacidad analítica, su veracidad ética, su integridad moral y su don de prosa cristalizan en una figura histórica muy rara. Y además se murió sin poder disfrutar de nada de lo que contribuyó a reparar».[23]

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