Diccionario de autoridades

El Diccionario de autoridades, publicado entre 1726 y 1739, fue el primer diccionario de la lengua castellana editado por la Real Academia Española, fundamento de lo que hoy se conoce como el Diccionario de la lengua española.

Primer tomo (1726) del Diccionario de autoridades.

Información histórica

El Diccionario de autoridades es el primer diccionario confeccionado por la Real Academia Española (RAE), que en 1713 siguió los ya existentes de las academias de la lengua francesa e italiana, la Académie Française y la Accademia della Crusca, respectivamente. En contraste con ellas, la RAE tenía como propósito principal crear un diccionario en muy poco tiempo tras su fundación.

En el prólogo se establecen los criterios lexicográficos y ortográficos que seguirá la RAE, así como su lema: «Limpia, fija y da esplendor», que hace referencia a una de las mayores preocupaciones de los primeros académicos, la pureza del castellano: se veía como una lengua que ya había alcanzado su perfección con los escritores del Siglo de Oro y que podía corromperse por el paso del tiempo, los neologismos y por el mal uso de la lengua por parte de ciertos hablantes, entre otros los afrancesados, pues se miraba con recelo el préstamo abusivo del francés.

El Diccionario de autoridades intenta establecer un modelo lingüístico y estandarización para el castellano, incluyendo las palabras más comunes y mejorando la obra de su mejor precursor, el Tesoro de la lengua castellana, o española, escrita por Sebastián de Covarrubias y publicada en 1611. Esa obra era pionera de los diccionarios monolingües en Europa y está mencionada en el prólogo por sus virtudes y defectos.

El modelo para la estructura y el diseño del diccionario fue Vocabolario, el diccionario italiano cuya tercera edición fue publicada en 1691 por la Accademia della Crusca, y la academia intentó incluir palabras cortesanas como sus ejemplos en italiano y francés, pero también palabras comunes de arte y ciencias, al estilo de su tiempo, durante la Ilustración; dice en el prólogo:

De las voces popias pertenecientes à Artes liberales y mechánicas ha discurrido la Académia hacer un Diccionario separado, quando este se haya concluido por cuya razón se ponen sólo las que han parecido más comunes y precisas al uso y que se podían echar menos...

Este diccionario se conoce como «de autoridades» por tener en los artículos citas de autores que ejemplifican o corroboran la definición dada con el objetivo de autorizar el uso de los voces y representar el "bien hablar y escribir"; tal y como se indica, respetando la grafía y acentuación originales, en la página II del primer volumen:

Como basa y fundamento de este Diccionario, se han puesto los Autóres que ha parecido à la Académia han tratado la Lengua Españóla con la mayor propriedád y elegáncia: conociéndose por ellos su buen juicio, claridád y proporción, con cuyas autoridades están afianzadas las voces, y aun algunas, que por no practicadas se ignóra la noticia de ellas, y las que no están en uso, pues aunque son próprias de la Lengua Españóla, el olvido y mudanza de términos y voces, con la variedád de los tiempos, las ha hecho yá incultas y despreciables...

Entre los autores y obras utilizados como autoridades de la lengua se incluyen los más ilustres representantes de la literatura en castellano, sobre todo del Siglo de Oro, entre otros: Mateo Alemán, Santa Teresa de Jesús, Diego de Saavedra Fajardo, Estebanillo González, Salvador Jacinto Polo de Medina, Francisco de Quevedo (sobre la recepción de Quevedo en la primera obra académica, véase Álvarez de Miranda, 2004), Luis de Góngora, el Inca Garcilaso de la Vega, Vicente Espinel, Juan de Mena, Fray Luis de León, Antonio de Nebrija, Pedro Calderón de la Barca, Juan Eusebio Nieremberg, Juan de Mariana, Miguel de Cervantes, Lope de Vega o La pícara Justina (sobre la presencia de La pícara en Autoridades, acúdase a Prieto García-Seco, 2015). Muchos autores más son mencionados, porque los redactores de Autoridades quisieron mostrar la variedad y riqueza del idioma. No obstante, también existen notables ausencias en el primer fruto lexicográfico de la Corporación madrileña, como sucede con el dramaturgo mercedario Tirso de Molina, cuya obra, sorprendentemente, tan solo se cita, según el estudio de Prieto García-Seco (2014: 32-38), en ocho artículos.

El Diccionario de autoridades salió a la luz en sucesivas etapas entre los años 1726 y 1739, tras un exhaustivo proceso de creación y redacción conjunta de todos sus artículos. Consta de 6 volúmenes (véase más abajo el enlace de acceso a cada uno de ellos):

  • Tomo primero ( 1726): Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua [...] Compuesto por la Real Academia Española. Tomo primero. Que contiene las letras A.B. Madrid. Imprenta de Francisco del Hierro. 1726.
  • Tomo segundo ( 1729): contiene la letra C.Imprenta de Francisco del Hierro.
  • Tomo tercero ( 1732): contiene las letras D–F.Imprenta de la Real Academia Española por la viuda de Francisco del Hierro.
  • Tomo cuarto ( 1734): contiene las letras G–N.Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro.
  • Tomo quinto ( 1737): contiene las letras O–R.Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro.
  • Tomo sexto ( 1739): contiene las letras S–Z.Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro.
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