Detección del sistema "Metox" de los submarinos alemanes

Durante los años 1942 y 1943, los submarinos alemanes incorporan unos aparatos de detección radioeléctricos denominados "Metox". Sin embargo, pronto se hace evidente que tales aparatos radian energía, lo cual hacía posible su detección por parte de los aviones británicos.

Informes preocupantes

El fracaso del Buque 14 terminó de convencer al Großadmiral Dönitz de que la misión principal de la Marina alemana, la destrucción del tonelaje británico, descansaba casi únicamente en el arma submarina.

El programa de construcciones establecido al comienzo de la guerra estaba teniendo una realización tan completa que cada día se incorporaba un nuevo submarino a la flota. Los éxitos crecen mes a mes a pesar de los progresos de la defensa británica. Pero en el verano de 1942 se producen extraños sucesos.

El Großadmiral Karl Dönitz recibía cordialmente a sus comandantes de submarinos que regresaban de sus cruceros en su Cuartel General de Kernével, cerca de Lorient, pero al día siguiente los sometía a un interrogatorio, en donde le daban cuenta minuciosamente de las órdenes cumplidas y de las decisiones y torpedos disparados.

Las mejores bazas de los submarinos alemanes eran la noche y el tiempo nublado. Ese día, el interrogatorio dura toda la noche. No es la primera vez que un U-Boot ha sido atacado de repente por un avión no divisado previamente. La noche ya no era la aliada de los submarinos que había sido hasta entonces. Un comandante de submarino explicaba al Großadmiral Karl Dönitz:

“…navegábamos en superficie, a velocidad de crucero. De repente, percibimos el zumbido de un avión. Algunos segundos más tarde se encendía un proyector iluminando exactamente la parte de popa. Al mismo tiempo, el avión abría fuego. No nos había buscado con su proyector; debía saber con anterioridad dónde nos encontrábamos. El haz de luz estaba dirigido con la mayor precisión sobre nuestra popa”

Informe de un comandante de submarino al Großadmiral Karl Dönitz#GGC11C

Después del interrogatorio, Dönitz y su Estado Mayor se devanan los sesos. En el curso de las semanas siguientes, Dönitz volvería sobre el asunto. Un oficial del Estado Mayor observa que esos ataques en la noche y con bruma son demasiados frecuentes como para ser casualidad. Los aviones británicos poseían, evidentemente, un nuevo aparato de detección que les permitía atacar un objetivo incluso cuando la visibilidad era nula.

El almirante Maertens, jefe del servicio de Transmisiones de la Marina, recibe una convocatoria de Dönitz. Debía comprobar si los aviones británicos poseían aparatos análogos a los radiotelémetros. El servicio de Información seguía esa pista desde hacía cierto tiempo. Las estaciones alemanas establecidas a lo largo de la costa francesa habían recibido la orden de observar con toda atención las emisiones que pudieran efectuarse en las longitudes de onda correspondientes.

A principios de junio de 1942, el almirante Maertens envía a presencia de Dönitz al capitán de navío Stummel, que habría de sucederle. Stummel le confirmó al Gran almirante que se trataba de aparatos de detección radioeléctricos. Las estaciones alemanas habían comprobado en forma segura que los aviones británicos, que patrullaban al norte del Golfo de Vizcaya, utilizan impulsiones de alta frecuencia para buscar y atacar sus objetivos; y aún sabía más: “Esos aparatos del adversario, denominados A.S.V., operan habitualmente en la onda de 120 centímetros”. En ello no había nada de particular ni de nuevo, puesto que los radiotelémetros alemanes Seetakt operaban hasta los 80 centímetros. Dönitz se preguntaba cómo podían poseer los aviones tales aparatos, debido a que sus antenas eran demasiado aparatosas como para ser montadas en aviones. Y la pregunta final de Dönitz a Stummel fue: “¿Qué podemos hacer contra eso?”.

Al capitán Stummel se le ocurrió que se podrían instalar aparatos de escucha en los submarinos, a fin de poder detectar las emisiones de los aviones y enterarse así de su aproximación con el tiempo necesario para sumergirse antes de ser atacados. Pero el problema era que no se disponía de la cantidad necesaria de aparatos. Los aparatos experimentados habían sido colocados en tierra y en cualquier caso habría que hacerles algunos cambios para que operasen en las difíciles condiciones en que operaban los submarinos. Stummel le aclara al Großadmiral que con estos aparatos no sería posible localizar al enemigo, pero al menos se podría avisar a los U-Boot para que se sumergieran cuando los aviones enemigos se encontrasen en las cercanías. Dönitz soltó la pregunta final: “¿Quedará tiempo suficiente antes de que surja el avión y arroje sus bombas?”. Stummel agregó: “Estoy seguro de ello, pero sólo la experiencia nos lo demostrará”. La entrevista terminó cuando finalmente Dönitz agrega: “¡Quiero esos aparatos de observación lo antes posible! ¡Mejor hoy que mañana!”.

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