Desierto florido

Vistas del desierto florido.

El desierto florido es un fenómeno que se produce en el desierto de Atacama ( Chile), el más árido del planeta,[n 1]​ y consiste en la aparición de una gran diversidad de flores en aquellos años en que las precipitaciones son inusuales y superan el rango normal para el desierto.

Climáticamente, el evento se relaciona con el fenómeno de El Niño, que implica un sobrecalentamiento de las corrientes marinas del litoral del país, lo que genera un aumento en las precipitaciones. Las flores abarcan más de 200 especies, la gran mayoría de carácter endémico. Predominan especies diferentes si se trata de una zona costera o interior, y florecen de manera no simultánea durante el periodo en que se produce el fenómeno.[6]

Las especies « de bulbo» son las que inician la floración —entre ellas, las añañucas amarillas y rojas ( Rhodophiala phycelloides) y el huille de flores blancas ( leucocoryne spp.)—; les siguen las especies « de semilla» —como las vulgarmente conocidas como pata de guanaco ( Cistanthe grandiflora), que cubre amplios sectores del desierto; suspiros lilas y celestes ( Nolana paradoxa), don Diego de la noche ( Oenothera coquimbensis), malvillas ( Cristaria ovata), coronillas del fraile ( Encelia canescens), cartuchos amarillos ( Argylia radiata), lirios amarillos ( Alstroemeria kingii) y orejas de zorro ( Aristolochia bridgesii)—.[7]

Historia

Portada de la obra Flora peruviana, et chilensis, sive descriptiones, et icones ...

Tanto en los periodos prehispánico como colonial, el desierto florido permitía utilizar el camino entre Copiapó y Vallenar a través del desierto, llamado también «camino de la travesía», muy cercano al actual trazado de la Ruta 5.[8]

Las primeras colectas de especies fueron realizadas en los siglos XVII y XVIII por botánicos connotados, como los españoles Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón y Jiménez durante la Expedición Botánica al Virreinato del Perú (1777),[9]​ que recorrió los actuales territorios chileno y peruano.

En 1831 el naturista francés Claudio Gay intentó conocer el desierto florido, pero entonces imperaba una sequía y tuvo que conformarse con estudiar algunos cactus.[13]

Un gran número de plantas bajas crecían en esta arena aridísima y alegraban la vista con sus flores doradas, azules y coloradas; una infinidad de coleópteros negros del género Gyriosomus corrían al lado del camino, y se alimentaban principalmente de las flores de Malvas. La vegetación no siempre es tan rica, me aseguraron que era consecuencia de la abundancia de lluvias, que se habían experimentado este año en Copiapó; pues que habían tenido tres aguaceros, uno muy grande y dos menores.

Rodulfo Amando Philippi. Viaje al Desierto de Atacama

Entre septiembre y octubre de 1887, durante la exploración llamada «Viaje a la Costa de Atacama» de Federico Philippi, comisionada por el gobierno para estudiar la flora de la provincia de Atacama, se realizó un levantamiento en pleno fenómeno del desierto florido.[13]

Nosotros hallamos el desierto transformado a consecuencia de las abundantes lluvias de invierno en un verdadero campo de flores, los arbustos mencionados florecían casi todos.

Federico Philippi. Viaje a la Costa de Atacama

Durante el viaje de Federico Philippi, se describió en el valle de Carrizal la famosa garra de león ( Leontochir ovallei). En esta expedición científica se recolectaron cerca de 500 ejemplares de 258 especies, de las cuales 74 resultaron ser especies nuevas para la ciencia.[13]

Posteriormente, el botánico alemán Karl Friedrich Reiche realizó una serie de publicaciones sobre ejemplares de plantas de Atacama que se reflejó en su trabajo Estudios críticos de la Flora de Chile.[14]

La floración del desierto en Atacama se ha producido en 1983, 1987, 1991, 1995, 1997, 2000 y 2002.[15]

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