Denominación cristiana

Una denominación, en el sentido cristiano del término, es una organización religiosa que funciona con un nombre, una estructura o una doctrina en común. El denominacionalismo es a su vez un punto de vista según el cual algunos o todos los grupos cristianos son, en algún sentido, versiones de la misma cosa, a pesar de sus características distintivas.

No todas las denominaciones enseñan esto: la gran mayoría de los cristianos pertenece a iglesias que, aunque acepten parcialmente la validez de otros grupos, consideran la multiplicación de vertientes como un problema. El fundamentalismo cristiano puede llegar a considerar la existencia de tantas denominaciones como un indicio de sectarismo. Por otra parte, el cristianismo denominacional se contrasta con el cristianismo no denominacional, que considera inaceptable la diversidad de denominaciones.

Las divisiones más básicas del cristianismo contemporáneo ocurren entre la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa y las varias denominaciones formadas durante o después de la Reforma Protestante. Las mayores diferencias entre ortodoxia y catolicismo son culturales y jerárquicas. En cuanto a las denominaciones protestantes, estas presentan diferencias teológicas muy acentuadas con la ortodoxia y el catolicismo, así como una gran diversificación doctrinaria entre sus vertientes.

Las comparaciones entre los distintos grupos denominacionales deben ser hechas con cautela. En algunos grupos, por ejemplo, las congregaciones son parte de una organización eclesiástica monolítica; en cambio, en otros grupos, cada congregación es una organización autónoma independiente. Las comparaciones numéricas también son problemáticas: la mayoría de grupos cuentan como miembros solamente a los adultos bautizados, aunque algunos contabilizan tanto a los adultos bautizados como a los niños (sean estos bautizados o no).

Divisiones históricas

Algunas corrientes o grupos del pasado dejaron de existir formalmente con el paso de los años. Es el caso, por ejemplo, de los gnósticos (que sustentaban un modelo dualista de deidad), los ebionitas (que negaban la divinidad de Cristo), los apolinarios (que defendían que Jesús tenía cuerpo humano y mente divina), los montanistas (que pregonaban una nueva revelación concedida a ellos) y los arrianos (que argumentaban que Jesús era un ser creado, por lo tanto no coeterno con Dios Padre). Muchos de estos grupos primitivos, hoy considerados heréticos, se extinguieron por falta de seguidores o, de manera general, fueron suprimidos por la Iglesia institucionalizada, que en sus primeros siglos desarrolló un gran esfuerzo por unificar y definir con claridad lo que no era doctrina cristiana.

No obstante este esfuerzo, representado especialmente por los primeros Concilios ecuménicos, se fueron profundizando algunas diferencias entre las tradiciones Oriental y Occidental. Ellas se derivaron inicialmente de las diferencias lingüísticas y socioculturales entre el Imperio romano de Occidente y el Imperio bizantino. Como el mundo Occidental (es decir, Europa) utilizaba el latín como su " lingua franca" y el Oriental (es decir, Oriente Medio, Asia y el Norte de África) empleaba el griego koiné para transmitir sus escritos, los desarrollos teológicos de cada parte no llegaban a la otra con fluidez, pues la traducción se hacía muy difícil por costo y logística.

La primera ruptura significativa y duradera del cristianismo histórico se produjo con la Iglesia asiria de Oriente, a consecuencia de la controversia cristológica sobre el Nestorianismo en 431. En 1994 esta Iglesia firmó una declaración cristológica de fe en común con la Iglesia católica romana, por el que ambas interpretaron este cisma como un problema básicamente lingüístico, derivado de dificultades de traducción de términos muy delicados y precisos del latín al aramaico y viceversa (véase Concilio de Éfeso). Después del Concilio de Calcedonia, en 451, la siguiente gran división ocurrió entre las Iglesias siria y alejandrina (también llamada Iglesia Egipcia o Copta), que se separaron en virtud de las doctrinas monofisitas (el Papa Juan Pablo II y el Patriarca sirio Ignacio Zakka I Iwas firmaron, a fines del siglo XX, una declaración cristológica de fe en común). Estas Iglesias monofisitas son conocidas como Iglesias no calcedonianas, diferenciándose de la Iglesia ortodoxa por aceptar solo las resoluciones de los tres primeros Concilios ecuménicos. Aunque la Iglesia como un todo no experimentó mayores divisiones en los siglos siguientes, los grupos Oriental y Occidental llegaron a tal punto de desacuerdo, que los patriarcas de ambas familias se excomulgaron mutuamente en 1054, hecho que es conocido históricamente como el Cisma de Oriente y Occidente. Las razones políticas y teológicas del cisma son complejas. Sin embargo, el punto más controvertido fue la cuestión de la primacía papal: Los cristianos de Occidente insistían en que el Patriarca de Roma debía mantener una posición especial de autoridad sobre los patriarcas de las iglesias de otras ciudades ( Patriarca de Alejandría, Patriarca de Antioquía, Patriarca de Constantinopla e incluso sobre el Patriarca de Jerusalén). En cambio, los cristianos de Oriente sostenían que todos los patriarcas eran de igual autoridad, no teniendo ninguno de ellos primacía sobre jurisdicciones ajenas a la propia. El cisma se afianzó y por siglos cada iglesia consideró a la otra como causante de la división, y fue solamente bajo el papado de Juan Pablo II que se hicieron las primeras reformas significativas para mejorar las relaciones entre la Iglesia de Roma y las Iglesias Orientales.

Muchos siglos después del Gran Cisma, el cristianismo Occidental (que se denominaba a sí mismo católico) experimentó una serie de movimientos reformadores geográficamente aislados que precedieron a la aparición de la Reforma Protestante. Por ejemplo, en Italia, durante el siglo XII, Pedro Valdo congregó a un grupo de seguidores conocidos como los valdenses, y tal movimiento fue posteriormente absorbido por los reformadores protestantes modernos. En Bohemia, una región de mayoría ortodoxa, la ocupación por parte de los Estados Pontificios (un Estado militarmente más poderoso que la posterior Santa Sede) produjo la imposición del catolicismo, pero a principios del siglo XIV Jan Hus (sus seguidores fueron llamados husitas) inició un movimiento para desafiar las enseñanzas de la Iglesia de Roma ( guerras husitas). Posteriormente el grupo daría origen a los Hermanos Moravos y renacería con otros nombres, pero ya formando parte de la Reforma Protestante.

Un movimiento independiente que, años después, se alinearía también mayoritariamente con la Reforma Protestante, se comenzó a gestar cuando el rey Enrique VIII de Inglaterra se hizo declarar "Cabeza de la Iglesia de Inglaterra" mediante el Acta de Supremacía de 1534. El anglicanismo paulatinamente fue adoptando algunas doctrinas protestantes hasta declararse inequívocamente Católico y Reformado, por lo menos en la Comunión anglicana.

Un cisma de enormes dimensiones se produjo a consecuencia de la publicación de Las 95 tesis de Martín Lutero en la Universidad de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517. Escritas inicialmente como una serie de reclamaciones a fin de estimular la reforma de la Iglesia Occidental, no pretendían ni remotamente alcanzar el efecto que lograron. Los textos de Lutero, combinados con la obra del teólogo suizo Ulrico Zuinglio y del teólogo francés Juan Calvino, provocaron la ruptura del cristianismo católico europeo, fundando la que ha llegado a ser, probablemente, la segunda mayor rama del cristianismo moderno (después del catolicismo romano), el denominado Protestantismo.

A diferencia de otras ramas del cristianismo (Catolicismo romano, Ortodoxia, Ortodoxia Asiria, Coptismo y Anglicanismo), el Protestantismo es un movimiento con una gran variedad de estructuras gubernamentales. De esta forma, diversos grupos, como los presbiterianos, las Iglesias Reformadas, los luteranos, los metodistas, los congregacionalistas, los anabaptistas, los bautistas, los adventistas, los pentecostales, y hasta cierto punto también los llamados restauracionistas (dependiendo del esquema de clasificación que se utilice), pueden ser agrupados dentro de esta rama del cristianismo.

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