Democracia orgánica

La democracia orgánica es un sistema político en el que la representación popular no se ejerce a través del sufragio universal sino a través de las relaciones sociales "naturales" como la familia, el municipio o cualquier órgano de decisión delegada. Rechaza los principios liberales, el parlamentarismo y los partidos políticos.

Teoría

La concepción orgánica de la sociedad se remonta a los estoicos, su principal teórico moderno fue Althusio.[1] En la edad contemporánea, esta idea la hace suya el idealismo alemán con Hegel y otros pensadores menores como Karl Christian Friedrich Krause cuyo discípulo Heinrich Ahrens la desarrolló sistemáticamente siendo uno de los propagandistas más decididos de la filosofía krausista, que tan en boga estuvo en Europa en todo el segundo tercio del siglo XIX, y que fue difundida en España por el catedrático Julián Sanz del Río y sus discípulos, Nicolás Salmerón, Federico De Castro y Fernández, Giner de los Ríos, Tapia y tantos otros.

Las democracias son métodos de participación de los gobernados en la adopción de las decisiones públicas. En las democracias orgánicas, se condiciona el ejercicio de cualquier derecho individual a las decisiones tomadas en las corporaciones sociales "tradicionales" como la familia o el municipio, otras relacionadas con el desempeño de las actividades económicas como el sindicato, religiosas como las organizaciones eclesiásticas o el partido único en el plano estrictamente político. Es la realización política del modelo económico conocido como corporativismo,[ cita requerida] que fue uno de los principios ideológicos de los fascismos históricos del siglo XX.

Teóricamente la democracia orgánica presenta lo que podría considerarse elementos aparentes [ cita requerida] de movimientos asociativos como el sindicalismo o algunas de las variantes del anarquismo, aunque su modelo histórico más cercano es la organización gremial de la Baja Edad Media, y mientras la ideologías libertarias son asociativas,[ cita requerida] las corporativistas son tradicionalistas y férreamente jerárquicas.

El franquismo no se proclamaba como dictadura, sino como democracia orgánica, régimen teorizado en España por socialistas como Fernando de los Ríos, conservadores, liberales como Salvador de Madariaga, progresistas ( krausoinstitucionalismo) de la Institución Libre de Enseñanza y monárquicos de Acción Española.

Organicismo en la II República

Tras la proclamación de la Segunda República Española se crea una comisión encomendada de elaborar un anteproyecto de Constitución.[3]

Esta segunda cámara tendría la siguiente estructura:

"...El Senado se compondrá de 250 Senadores: 50 elegidos por las Provincias o Regiones con sus Municipios; 50 por las representaciones obreras de los grupos de Agricultura, Industria y Comercio; 50 por las representaciones patronales; 50 por las Asociaciones de profesionales liberales, y otros 50 por las Universidades, Instituciones culturales y confesiones religiosas..."

Anteproyecto de Constitución-

La cámara alta respondía a los dos clásicos criterios orgánicos de representación, el territorial, 50 senadores provinciales y el funcional, 200 senadores de carácter corporativo. Cabe señalar como, al igual que en las Cortes Españolas se daba el mismo peso a los senadores sindicales que a los patronales, compensados por otros tantos delegados de las profesiones liberales y de las instituciones culturales y religiosas.

La supresión del Senado de España se decidió por 150 votos contra 100 en la sesión de 27 de octubre de 1931. Tras perder la votación, Ossorio acusó a los diputados conservadores y agrarios, que se habían retirado del Parlamento, de no haberle apoyado para impedir el triunfo del unicameralismo que preconizaban los socialistas.[4]

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