Democracia económica

La Democracia Económica es un movimiento filosófico y político que sugiere la transferencia del poder de decisiones desde una minoría de accionistas (stockholders en inglés) o empresarios hacia la mayoría de partes interesadas (stakeholders en inglés), dando mayor importancia a la sociedad frente a los mercados y un sistema político de democracia directa, lo que se suele denominar en su conjunto como democracia inclusiva.[1]

Mientras no hay una propuesta definitiva de cómo lograrlo, todas las propuestas de implementación y ejemplos concretos están basadas en un conjunto central de asunciones fundamentales.

El término fue popularizado por el economista estadounidense J. W. Smith, quien formó el Instituto por la Democracia Económica.[2]​ Sin embargo, sus ideas se basan en otras anteriores, tales como las de C.H. Douglas, Karl Polanyi, Henry George e incluso las de Adam Smith y Karl Marx. Otros teóricos modernos de la democracia económica incluyen David Schweickart y Richard C. Cook. Además, una variedad de autores y posiciones que se pueden en general definir como partidarias de la economía sostenible tienen visiones congruentes con la propuesta.

Los proponentes de la teoría están de acuerdo en que las condiciones actuales de inestabilidad o inseguridad económica (ver precarización) tiende a dificultar o incluso a prevenir la sociedad en general de obtener los ingresos suficientes para como consumir la producción total de esa sociedad.[5]​ conduciendo a una situación de inestabilidad política y económica.

Asumiendo que los derechos políticos o constitucionales no pueden ser obtenidos en su totalidad sin derecho a la propiedad,[6]​ las propuestas de la democracia económica sugieren una variedad de modelos para resolver los problemas de esa inestabilidad o inseguridad y deficiencia de la demanda efectiva. En general, se promueve el acceso a los bienes comunes que hayan sido privatizados o estén controlados por el Estado. Propuestas secundarias, incluyen la promoción de cooperativas, comercio justo, renta básica universal o crédito social, y promoción del desarrollo a través de iniciativas a nivel local o regional.

Definiendo el problema

De acuerdo a los proponentes, el problema económico básico en las sociedades modernas es que la población no obtiene los ingresos suficientes para consumir la producción total (en general, la demanda agregada o demanda efectiva es menor que la oferta agregada, tanto a nivel mundial como en muchos países en particular o regiones dentro de países específicos).[7]

Mientras sociedades y economías balanceadas han existido a través de la historia,[5]

Fallas de la demanda efectiva

Se ha sugerido[9]​ que la estructura de la sociedad capitalista consiste de tres componentes básicos:

  • La mayoría de los medios de producción son de propiedad privada, ya sea directamente o por corporaciones que son a su vez la propiedad de algunos individuos.
  • Los productos son intercambiados en un mercado, es decir, los bienes y los servicios son comprados y vendidos a precios determinados en general por la competición y no por algún agente con autoridad sobre precios (ejemplo: el gobierno). Las empresas individuales compiten entre ellas para proveer bienes y servicios, cada empresa tratando de obtener alguna ganancia. Esa competición es el factor primario en la determinación de los precios.
  • La mayoría de las personas que trabajan en esa sociedad lo hacen bajo la dirección de otras personas, los propietarios de los otros medios de producción. La mayoría de esos trabajadores dependen en alguna forma de salarios.

Mientras la oferta y la demanda son funciones de mercado generalmente aceptadas para el establecimiento de precios,[12]​ se produce un desequilibrio entre lo producido y el dinero necesario para comprarlo. Pero cuando los consumidores no pueden comprar los bienes que están siendo producidos, la "confianza de los inversionistas" tiende a decaer, provocando declinaciones tanto en la producción como en el empleo, generando así una crisis o inestabilidad.

En la práctica, lo anterior significa que, a fin de que lo que se produce de manera global sea comprado, el sistema depende de un sector de la población contrayendo deudas.

La ley de los mercados sugiere que al producirse un bien se han producido también los medios monetarios para su compra. En teoría, no importa si alguien ahorra en lugar de usar ese dinero; los ahorros de algunos se equilibran con la deuda de otros. Sin embargo, si esos ahorros privados no se gastan ni se reinvierten, la economía en general sufre una baja en la demanda. Adam Smith y sus seguidores no tomaron en cuenta el efecto real de los "ingresos retenidos". Incluso si esos "ahorros" son depositados en un banco, no resultan necesariamente en un gasto equivalente (ya sea de inversión o de consumo). Esto se debe principalmente a la necesidad de incluir en el uso de esos ahorros, una determinada cantidad para pagar por su uso (es decir, la tasa de interés).

Teóricamente es posible calcular cuál seria el periodo que tal proceso se demoraría en convertir todos los ingresos de una sociedad o individuo en los ingresos necesarios para cubrir los pagos de esos intereses. Sin embargo, y en la práctica, existen una variedad de mecanismos que evitan que tal situación se haga general. Aun así, tanto a nivel de individuos como de naciones, este proceso de endeudamiento progresivo hacia el punto de deuda absoluta no es desconocido, y ha tenido profundas repercusiones sociopolíticas. Ejemplos de ellos son la acumulación de deuda externa y las restricciones a la disposición de dinero bancario, como en el caso argentino conocido como "corralito".

Como ejemplo adicional, Kenneth Rogoff -profesor titular de Economía y Políticas Públicas en la Universidad Harvard- informa que en el presente (hasta mediados del 2008), el sector financiero había estado absorbiendo en EEUU un 30% de las ganancias de la industria y un 10% de los salarios. En su opinión esto constituye una diferencia fundamental entre la Crisis financiera del 2008 y la Gran Crisis de 1930; el sistema financiero actual esta hipertrofiado, lo que implica la posibilidad que una deflación que afecte especialmente a ese sector, podría beneficiar el funcionamiento del sector industrial.[13]

En general lo anterior significa que la economía moderna sobre produce o no utiliza plenamente los recursos disponibles, especialmente el trabajo. En la práctica, se produce una mezcla de ambas situaciones; ciertos bienes (especialmente aquellos que se intenta vender a los sectores con ingresos) son sobre producidos, mientras al mismo tiempo millones de individuos y países enteros no disponen de los ingresos necesarios para un nivel de vida aceptable.

Negación de acceso a los bienes comunes

Históricamente, el acceso a los bienes naturales fue considerado como un derecho comunal, a ser ejercido por aquellos que los usaban mientras los usaban. La transformación de ese sistema en el presente ha sido estudiada y descrita por, entre otros, Marx y Polanyi. (ver también: Los comunes)

En la práctica, ese proceso ha tenido dos consecuencias de gran significación. Internamente a países o sociedades específicas, ha significado la transformación de los bienes comunes (ver, como ejemplos, dehesa y ejidos) en bienes privados, creando así una situación de control monopólico sobre los recursos necesarios para la actividad económica. Entre países, la reproducción de tal sistema ha significado la conquista y des-monopolización de unos por otros.

En ambos casos sigue que los que carecen de tal acceso confrontan una situación de "escasez artificial" de ciertos bienes. Por ejemplo, el concepto romano de "patrimonio" (lo que pertenece a los padres.- ver Patria) se transforma de ser la pertenencia común a los romanos a propiedad, primero, de una familia, posteriormente de un individuo, para terminar, en la actualidad como propiedad de una corporación, definida como "persona jurídica".

Control monopólico

La economía, como disciplina académica, se refiere en general al estudio de como confrontar situaciones de escasez. Central a las propuestas de la Democracia Económica es la percepción que en muchos casos tal escasez es un fenómeno artificial. Aunque no necesariamente originado en un acto voluntario intencional, esa escasez se mantiene de manera deliberada por empresas y corporaciones que confinan la riqueza a algunos sectores debido a su acceso monopólico a bienes comunes.

En esta visión, la escasez no resulta de una falla en el manejo de recursos limitados, sino en el mal manejo institucional o del sistema sobre recursos virtualmente libres, que podrían, siendo bien controlados, producir una situación virtualmente universal de abundancia y prosperidad.[14]

En su "Prefacio a la Democracia Económica",[15]Robert A. Dahl dice que una sociedad agraria en los EEUU sufrió "una transformación revolucionaria a un sistema nuevo de capitalismo comercial e industrial que generó automáticamente profundas desigualdades de riqueza, ingreso, estatus y poder." Dahl agrega que tales desigualdades resultan de "la libertad para acumular recursos económicos de manera ilimitada y para organizar la actividad económica en empresas controladas jerárquicamente".

El problema es que tal acumulación de recursos económicos y control centralizado, en la medida que es ilimitada, tiende a concentrar en solo un sector social el poder de acceso a lo que antiguamente eran considerados recursos comunales. La alternativa más propuesta en la época moderna -propiedad estatal- igualmente priva a las comunidades del uso de esos recursos,

En 1911, Ambrose Bierce lo puso así:

La teoría que la tierra es propiedad sujeta a ser poseída y controlada por individuos es la fundación de la sociedad moderna.... Llevado a su conclusión lógica, esto significa que algunos tienen el derecho a prevenir otros de vivir, porque el derecho a poseer implica el derecho a ocupar con exclusividad.... Sigue que si el área completa de la "Tierra" es poseída por A o B o C no habrá espacio en ella para que D, E, F y G nazcan, o, naciendo como traspasadores o ocupadores ilegales, tengan derecho a existir"[16]

En relación a esta situación Henry George sugiere que:

No hay en la realidad un conflicto entre el capital y el trabajo. El conflicto verdadero es entre trabajo y monopolios... aboliéndose los monopolios que prohíben a los hombres que se empleen ellos mismos el capital no podría de ninguna manera oprimir a los trabajadores... remuévase la causa de la injusticia que depriva a los trabajadores del capital que su trabajo crea y la diferencia absoluta entre trabajador y capitalista dejaría efectivamente de existir.[17]

Imperialismo

Generalmente considerado la extensión a través de la fuerza de la autoridad de una nación sobre otra, el imperialismo -ya sea tradicional o moderno- implica la imposición de los intereses económicos y políticos de una nación sobre otra. Algunos consideran el imperialismo como un estado avanzado del capitalismo, en el cual se exporta capital en lugar de bienes. Otros ven el imperialismo moderno como una relación de dependencia.

En tal situación las naciones imperialistas o centrales limitan o evitan el desarrollo económico y técnico de las más débiles, utilizando una serie de medidas tanto directamente coercitivas (como la prohibición de producir ciertos bienes o mecanismos de precios excesivos sobre ciertos productos y mínimos sobre otros) como retóricos o ideológicos, tales como control de educación o desarrollo técnico,[18]​ lo que se conoce como Imperialismo cultural.

Desde la perspectiva de la democracia económica, el fin específico del imperialismo es forzar a otros países a absorber el exceso de producción del país central, traspasando así la deuda, producto del desequilibrio entre producción y demanda, a otras sociedades. Ese traspaso genera el dinero, la liquidez necesaria, para mantener en funcionamiento la economía dominante.

De acuerdo a analistas que simpatizan con este punto de vista, EEUU ha mantenido una medida de estabilidad económica interna a través de la dominación imperial del resto del mundo a fin de solventar el déficit entre su producción y consumo. Comenzando con los préstamos masivos a Europa durante las guerras, esa dominación alcanzó su máximo a mitad del siglo XX, cuando el dólar se estableció como moneda de reserva o estándar internacional de valor, pero empezó a declinar a partir de la década de los años 70, cuando EEUU empezó a implementar la política conocida como "la hegemonía del dólar" (ver "antecedentes" en guerra de divisas), política que significo la "inundación" del mundo con dólares.

A partir de entonces, EEUU ha demostrado una balanza comercial negativa (es decir, empieza a importar más que lo que exporta).[20]

A fin de mantener su situación hegemónica, se alega, EEUU recurre desde esa fecha a una seria de medidas que buscan propiciar el consumo por otros países del exceso de su producción interna. Esas medidas incluyen, en la actualidad, la devaluación del dólar y la promoción de tensiones que justifican el consumo por terceros de armamentos producidos en EEUU. Adicionalmente, se promueven -a través del FMI, etc- políticas que buscan apoyar las prácticas económicas de ese país.[21]