Decreto de Unificación

Bandera de los requetés carlistas durante la Guerra Civil.

El Decreto de Unificación fue una norma jurídica promulgada durante la Guerra Civil Española, el 19 de abril de 1937, por el dictador Franco en Salamanca y mediante el cual se fusionaban bajo su mando los partidos políticos Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FE de las JONS) y la Comunión Tradicionalista, creándose un nuevo partido único con el nombre de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). Los restantes partidos políticos existentes en la zona sublevada fueron suprimidos.[1]

Antecedentes

Tras la creación de la Junta Técnica del Estado en octubre de 1936, el siguiente paso en el afianzamiento del poder del nuevo Caudillo de las fuerzas rebeldes se produjo al año siguiente, cuando después del fracaso de la toma de Madrid (entre noviembre de 1936 y marzo de 1937) se planteó la necesidad de que hubiera una mayor unidad entre las fuerzas políticas que estaban apoyando la sublevación. En esto, el Generalísimo Franco no hacía sino seguir el que fue siempre el modelo político de los sublevados: la dictadura de Primo de Rivera.[4]

Pero tanto falangistas como carlistas tenían sus propios proyectos y aspiraciones para el nuevo Estado que se estaba construyendo en la zona sublevada. El jefe nacional de Falange Española y de las JONS, José Antonio Primo de Rivera, estaba encarcelado en Alicante desde antes del inicio de la guerra y para suplir su ausencia el 2 septiembre de 1936 se había constituido en Valladolid una Junta de Mando Provisional encabezada por Manuel Hedilla, «un político de escasa talla —y acaso nombrado por eso mismo—»[7]

En cuanto a la Comunión Tradicionalista carlista, su líder Manuel Fal Conde intentó mantener la independencia de su organización y de los requetés, pero el primer paso importante que dio en diciembre de 1936 —el intento de crear una Real Academia Militar de Requetés, diferenciada de las academias militares y por tanto fuera de la estructura del Ejército—) tuvo una respuesta fulminante por parte del Generalísimo Franco: o se sometía a un consejo de guerra por «traición» o abandonaba España. Fal Conde tomó la segunda opción y se expatrió a Portugal, de donde no regresaría hasta el verano del año siguiente, una vez concluida la unificación.[8]

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