Debacle de la Kriegsmarine en el Báltico

Durante el último año de la Segunda Guerra Mundial en Europa, los buques de la Kriegsmarine, hasta entonces dedicados prácticamente en exclusiva a la formación, entraron en guerra, sufriendo tremendos daños que la llevaron a su práctica desaparición del Mar Báltico a manos de la Unión Soviética.

El "Prinz Eugen" en el Báltico

Avanzada la noche del 19 al 20 de agosto de 1944, el crucero pesado “Prinz Eugen” franqueaba el estrecho de Irbe, entre Curlandia y la isla de Oesel. Su propósito era apoyar con su artillería al ejército alemán del frente oriental. Hacía ya algún tiempo que los soviéticos habían avanzado hasta la costa con sus unidades blindadas, ocupando una franja de 30 a 40 km y aislando a la guarnición de Riga del frente de Curlandia. Los carros alemanes trataban infructuosamente de restablecer la comunicación con el puerto, pero su artillería no tenía la suficiente potencia para lograrlo. Por ello fue preciso recurrir a la Marina.

El “Prinz Eugen” avanzaba silenciosamente, con las luces apagadas, en dirección este. La navegación no se planteaba sencilla: en cualquier momento el buque podía embestir una mina, fondeada por aviones soviéticos o podía ser atacado por un submarino (si bien esa posibilidad era remota, ya que desde 1942 no había sido divisado un solo submarino soviético fuera del golfo de Finlandia, cuya salida estaba obstruida por minas). El peligro inmediato era que surgieran de repente los cazas y bombarderos soviéticos. Cuatro destructores y cinco torpederos escoltaban al “Prinz Eugen”. Desde las 3:00, el crucero se encontraba navegando con orden de batalla, ya que podía entrar en acción en cualquier momento.

Poco después, el “Prinz Eugen” entraba en el golfo de Riga. El 20 de agosto a las 7:00, los cañones del crucero lanzaban los primeros proyectiles. El oficial artillero se encontraba en comunicación telefónica constante, por la onda corta, con el avión de a bordo encargado de observar el tiro, los observadores avanzados del ejército y la vanguardia de las unidades de asalto. El objetivo era la población de Tukums, nudo de comunicaciones situado a 25 km de la costa, alrededor de la cual se había incrementado la resistencia soviética. Mientras tanto los destructores empleaban su artillería media, que prestaba apoyo a la guarnición de Riga, la cual se venía enfrentando con los carros blindados soviéticos. La acción de los buques sorprendió a los soviéticos, los cuales ni siquiera efectuaron un contraataque aéreo. Al caer la tarde, el centro de resistencia había sido aplastado. Habiendo logrado el objetivo, la presencia del “Prinz Eugen” ya no era necesaria y procedió a retirarse debido a que representaba un blanco vulnerable, zarpando hacia Gotenhafen (actualmente en polaco Gdynia).

Este éxito se presenta después de dos años de inacción, ya que el “Prinz Eugen” no había intervenido activamente en la guerra, exceptuando un ataque aéreo. Las naves alemanas del Báltico se usaban para entrenamiento de oficiales y tripulaciones, sobre todo de submarinos, cuyos efectivos aumentaban constantemente. La “flota de entrenamiento” había crecido sensiblemente desde que Hitler decidiera poner fuera de servicio los grandes buques de la flota alemana. El Alto Mando logró salvar de la destrucción a varios de dichos buques con el pretexto de transformarlos en buques–escuela.

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