Darío de Regoyos

Darío de Regoyos
Darío de Regoyos y Valdés - Autorretrato.jpg
Autorretrato
Información personal
Nombre de nacimiento Darío de Regoyos y Valdés
Nacimiento 1 de noviembre de 1857
Ribadesella, Asturias
Fallecimiento 29 de octubre de 1913 (55 años)
Barcelona
Causa de muerte Causas naturales Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad España
Información profesional
Área Pintura , Impresionismo
Miembro de
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Darío de Regoyos y Valdés ( Ribadesella, Asturias, 1 de noviembre de 1857 - Barcelona, 29 de octubre de 1913) fue un pintor asturiano considerado el mayor exponente impresionista de la pintura española.[1]​ Destaca por su capacidad de representar diferentes y originales efectos lumínicos y atmosféricos en sus paisajes y por su percepción de la España sombría que vivió.

Biografía

Nace en el concejo asturiano de Ribadesella el 1 de diciembre de 1857. No obstante, se encuentra allí por el trabajo de su padre, Darío Regoyos Morenillo, natural de Valladolid e importante ingeniero y arquitecto. En su juventud, se trasladarían a Madrid nuevamente por motivos laborales del padre, donde llevaría a cabo numerosas obras por la capital y es elegido Académico en Bellas Artes de San Fernando.[3]​ Pero sobre todo, subyace un deseo de reencontrarse con la modernidad artística de la que el ambiente artístico español se encontraba más alejado y sometido a una jerárquica tradición académica.

Allí, recibirá clases del que se convierte en su verdadero maestro, el pintor belga Joseph Quinaux.[2]​ A los ojos de Regoyos se extiende un país en el que el desarrollo económico, culturas y político llegan a todos los ámbitos y donde confluyen ideas caracterizadas por un creciente espíritu crítico y movidas por una intención de progreso.

De esta forma, surge el grupo de L’Essor, traducido como El Vuelo, en el año 1876 y al cual Darío de Regoyos se une en el año 1882. Este se encontraba conformado por un heterogéneo grupo de artistas, seguidores de diferentes estéticas, y cuyo objetivo común era una negación del neoclasicismo como corriente artística imperante y el nexo existente entre el arte y el academicismo. No obstante, por su preferencia por los artistas realistas frente a vanguardistas, así como su falta de programación Darío de Regoyos abandonará L’Essor en 1884, habiendo expuesto solo junto a ellos durante los años 1883 y 1884. A este período le corresponde el retrato realizado por Theo van Rysselberghe, también miembro de L’Essor, donde aparece Regoyos tocando una guitarra.

Retrato de Darío de Regoyos con la guitarra, Théo van Rysselberghe (1885).

Entre los que habían decidido, por las causas nombradas, acabar con su participación en L’Essor, promovido por el abogado y pintor Octave Maus y el mecenas y escritor Edmond Picard, nace en el año 1883 el grupo denominado Les XX. Este grupo, el cual presenta veinte miembros (once miembros fundadores y nueve invitados) que a su vez, se hacían llamar veintistas, estaba conformado por otros artistas como James Ensor, Theo van Rysselberghe o Fernand Khnopff. Esta organización tenía como objetivo promover una exposición anual, en las que cada artista presentaría seis obras, que al no existir jurado, niega o suprime la competición entre ellos. Todo esto sería, finalmente, acogido por un catálogo, así como un simultáneo ciclo de conferencias y conciertos. Entre los invitados a estas exposiciones figuran nombres inscritos en lo más alto del desarrollo impresionista, como Paul Gauguin, Camille Pissarro o Toulouse-Lautrec. Ese mismo año, Darío de Regoyos decide volver a pasar los meses del estío en Guipúzcoa, que con los años acabaría por convertirse en su residencia permanente. Como se señala en España Negra, en su casa del camino de Ategorrieta, cerca de San Sebastián, fue anfitrión de Pío Baroja, con quien congenió. De estos viajes, se destaca su creciente relación con artistas vascos de formación francesa, como Ignacio Zuloaga, Paco Durrio y Pablo Uranga. Junto con ellos, se afanará el pintor en promover exposiciones de carácter colectivo como las llevadas en Bélgica, La sociedad de artistas vascos,[4]​ guardando las diferencias de estilo y de peso económico.

En 1888, Darío de Regoyos le escribe una importante carta al que había sido su amigo casi desde los comienzos de su estancia en Bruselas, el poeta Émile Verhaeren, a causa del fallecimiento de su padre. Le invitaba, en la misiva, a realizar juntos un viaje por España, del que nacería el libro La España Negra.[7]​ No obstante, esta cercanía no se basa, exclusivamente, en la idea trágica sobre España que plantean estos autores, sino la forma de vivir y ver el paisaje, donde predominan las ciudades crepusculares, la sensación de ruina, y de ser intercambiables entre ellas.

Viernes Santo en Orduña, Darío de Regoyos (1903).

Los problemas de salud de su mujer, con la que había contraído matrimonio en el año 1875, y los suyos propios, van a empezar a complicar la vida del pintor, que hasta el momento se mantenía en una situación acomodada. Padre de seis hijos, multiplicaría por esta causa, y para poder financiar los cuidados que requería su familia, su participación en certámenes de pintura sin gran éxito. Es en este momento, cuando su anterior amistad con Camille Pissarro, le une al marchante Paul Durand-Ruel, que comercializará progresivamente su obra.[6]​ Gracias, además a Pisarro, retoma su afán de convertirse en un gran paisajista, probando esta vez las técnicas puntillistas, que le convierte en el único español que llevará a cabo esta técnica. No obstante, al ser una técnica pictórica que emplea mucho tiempo para su realización, acaba por ser abandonada por el artista.

Vuelve, así, a sus rápidas pinceladas y a pintar en su mayoría al aire libre a partir de 1900, durante un nuevo viaje por España en busca de diferentes paisajes. Esta serie de pinturas aumenta ligeramente su popularidad. A este período pertenece el popular cuadro de La Concha, realizado aproximadamente en 1906, donde consigue en un impresionismo maduro un equilibrio perfecto entre las tonalidades verdes, ocres, malvas y azules y en su composición.[8]​ En 1909 se traslada a Guecho y recibe los cuidados del médico Juan Antonio Gádiz, dado su cada vez peor estado de salud. Por estos mismos motivos, se traslada a Barcelona, donde es diagnosticado de cáncer de lengua, y donde pasa sus tres últimos años de vida habiendo ya perdido la capacidad de hablar. El 29 de octubre de 1913 muere en Barcelona a causa de esta enfermedad. Darío de Regoyos, sin embargo, por su gran amor al paisaje y a la pintura, no dejó de pintar hasta el final de sus días, valiéndose de sus anotaciones como inspiración para nuevas obras. En Bélgica, donde fue, finalmente, más reconocido, se instala una exposición en su honor por la asociación La Libre Esthétique, promovida por su director Octave Maus.

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