Currito de la Cruz

Currito de la Cruz es una película española del año 1949 y que se basa en la famosa obra de 1921 de Alejandro Pérez Lugín. Ha sido llevada al cine en cuatro ocasiones: en 1925, en 1935, en 1948, dirigida por Luis Lucia, y en 1965, además de inspirar otros títulos de temática taurina.

Currito de la Cruz es la tercera de las cuatro adaptaciones cinematográficas de la novela homónima de Alejandro Pérez Lugín. Rodada en 1948 bajo la dirección de Luis Lucia nos cuenta la lucha de un torero por conseguir el amor de una mujer y defender su posición en el ruedo. La fiesta nacional ha sido llevada al cine en un sinfín de ocasiones: adaptaciones de novelas de temática taurina, biografías de toreros ensalzados a ídolos o films que han reflejado los aspectos más tópicos del folclore español.

Pepín Martín Vázquez, una de las figuras del toreo más importantes de la década de los 40, protagoniza este film apoyado por Jorge Mistral (Pequeñeces, La hermana San Sulpicio) y Manuel Luna, (Morena Clara, Agustina de Aragón). Las imágenes del torero sevillano en Madrid, Sevilla y México utilizadas en el montaje han convertido esta película, junto con Sangre y arena en el film taurino por excelencia.

Su primera adaptación cinematográfica corrió a cargo del propio autor en 1925 y fue realizada en colaboración con el director y actor Fernando Delgado, quien hizo la segunda en 1935. Rafael Gil rodaría la última adaptación en 1965 con Francisco Rabal y Arturo Fernández como protagonistas.

Sinopsis

Es la tercera versión de la novela clásica de Alejandro Pérez Lugín y la que tiene las mejores escenas taurinas a cargo de su protagonista, el maestro sevillano Pepín Martín Vázquez, que da vida al papel del huérfano "Curro", que decide ser torero. Carmona (Manuel Luna) se corta la coleta tras treinta años en activo y su fiel cuadrilla le sigue. Tras torear la última corrida y dar la buena nueva a su mujer y a su única hija Rocío (Nati Mistral) dice: "Se acabaron los sinsabores y las tristezas y también las palmas y los éxitos" En un tentadero, Curro (Pepín Martín Vázquez) le hace un oportuno quite al maestro, y como muestra importantes aptitudes para el toreo, Carmona decide ayudarle en su carrera. Poco a poco, Curro va enamorándose de Rocío, pero ella solo tiene ojos para la actual figura, un apuesto Romerita (Jorge Mistral). Como su padre no acepta la relación, Rocío huye con Romerita, que la abandonaría poco después, cuando se queda embarazada. Ella no se atreve a volver a casa con su bebé, pero Curro acoge a Rocío en casa de unos amigos suyos. Aunque Curro había perdido la ilusión por torear y, por consiguiente, su sitio, cuando Rocío huyó con Romerita, decide volver a los toros y no tarda en triunfar de nuevo y acaparar la atención del público. Reta a Romerita a un mano a mano, que este acepta riendo, y en el peligroso quinto, Curro intenta avisar a su compañero que el toro vence por el pitón derecho. El orgulloso Romerita hace caso omiso de la advertencia y sufre una grave cornada. Antes de morir se arrepiente de todo el mal que ha hecho y pide perdón. Al final, le ruega a Curro que cuide a su hija y dice: “Cuando sea mayor, no dejes que se le acerque ningún Ángel Romera”. Rocío se da cuenta de que realmente quiere a Curro. Todos regresan a Sevilla para la Semana Santa, donde ella canta una saeta desde el balcón ante el paso de una procesión El Gran Poder - El padre reconoce su voz y, naturalmente, termina por perdonarla. Esta película contiene excelentes escenas rodadas en el campo, en las ganaderías de Carmen de Federico en Sevilla, Antonio Pérez en Salamanca, y Manuel González y Teresa Oliveir, incluyendo el acoso y derribo, además de fragmentos de corridas filmadas en Las Ventas, Sevilla, México, Vista Alegre y Córdoba. El film termina felizmente para todos menos, para Romerita. "¡Ojo, no se confundan!", decía Luis Lucia a propósito de su Currito de la Cruz, tercera pero no última versión cinematográfica española de la famosa novela de Alejandro Pérez Lugín. Quizás tuviera razón el director valenciano muerto hace poco. A pesar del delirio melodramático del texto original y del énfasis que él añadió, es probable que su película, fechada en 1948, fuera la que más dignamente respetara los tópicos obligados.

En este sentido, el actual decano de la crítica cinematográfica española, Luis Gómez Mesa, destacó esta versión de Currito de la Cruz en su libro Toros y toreros en la pantalla como «la mejor película taurina hecha hasta el momento en España». Gómez Mesa fundaba su afirmación en el hecho de que, a tenor de las otras adaptaciones de la novela, en ésta se pretendió «eliminar en lo posible la parte folletinesca del relato, sin pérdida de lo esencial y de las situaciones básicas, comprimiendo la acción para agregar aspectos taurinos, con especial importancia de la parte de toros en el campo, que quedaría como uno de los valores documentales sobresalientes del filme».

Sería probablemente difícil, según tal criterio, revisar ahora las versiones anteriores de Currito de la Cruz, puesto que, a ojos vírgenes, la de Luis Lucia ya parece por sí sola bastante excesiva en sus ambiciones populistas . Basta con recordar la famosa secuencia de la saeta, cantada e interpretada por Nati Mistral, en la que esta -una hija descarriada- es perdonada en su maternidad extramatrimonial por su severo padre; o la no menos conocida secuencia en que este severo padre (el actor Manuel Luna) se corta la coleta al retirarse del oficio de matador de toros. «Los de ahora, ni eso saben llevar. Todo es postizo», señala en el momento cumbre uno de los miembros de la cuadrilla que acompaña al maestro en su último acto torero.

Además de los ya citados, otros momentos del filme abundan en similares situaciones, complaciendo con ellos a la audiencia de la época en todo momento.

Dicho mundo, no obstante, parece ser que quedó satisfecho con el filme, sobre todo porque una buena parte de él se rodó al aire libre en dehesas auténticas y porque la cuadrilla que acompaña al matador Carmona (el mencionado Manuel Luna) fuera también real, a excepción del actor secundario Felix Fernández, que se agregó a la cuadrilla por necesidades de la acción cinematográfica.

Estrategia melodramática

De igual forma, el público menos aficionado a los toros quedó también complacido por la estrategia melodramática de la película (puesto que era entonces el momento terrible de los hijos fuera del matrimonio. Que cada cual lo interprete como quiera: es un dato sobre la moral social de la época).La interpretación de Jorge Mistral, que era entonces el galán de moda pero visto en Currito de la Cruz a través del papel de malo de la película, y la eventual aparición como actor de Pepín Martín Vázquez, añadieron un esplendor adicional al filme.

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