Cultura hidráulica de las Lomas

La cultura hidráulica es una cultura precolombina que se desarrolló básicamente entre los siglos IV a. C. hasta el XIII, en los llanos de Mojos. Esta zona principalmente pertenece al departamento del Beni en la amazonia boliviana. Sin embargo, otras culturas afines del suroeste amazónico son a grandes rasgos contemporáneas suyas, y se extienden por los estados brasileños de Acre y Rondonia, tanto como en el curso alto del río Xingú (y muy probablemente, por el departamento boliviano de Pando). La amplitud del espacio temporal, así como la diversidad arquitectónica apreciable en la disposición de las yacimientos, hacen natural suponer que en este amplio espacio hayan prosperado y coexistido una diversidad de culturas.

Culturas de la sabana inundable

Estas culturas se caracterizan por la construcción de asentamientos en lomas artificiales creadas en gran parte a través de la acumulación de los desechos, principalmente cerámicos, y con la función prioritaria de poner las viviendas a salvo de las inundaciones anuales que son propias de estas sabanas (salvo en algunas elevaciones naturales en la zona oeste). Muchas de estas lomas están conectadas espacialmente con otras construcciones importantes hechas de tierra, tales como camellones, terraplentes, canales y lagunas artificiales, además de algunos caminos rectos y elevados de pocos kilómetros de longitud (unos 7 a lo sumo), cuya función pudo ser básicamente simbólica. Además de la habitación humana, los camellones elevados permitieron desarrollar una agricultura capaz de sobrevivir la época de lluvias; al mismo tiempo, los canales presentes en una amplia zona (500 km²) están dispuestos en zigzag cada 10 a 30 m, y con cortes en forma de embudo en las esquinas, por lo que es claro que sistemáticamente se emplearon para instalar corrales de pesca. Al mismo tiempo, algunas pozas profundas pudieron utilizarse para desarrollar una acuacultura permanente, más allá de la estación lluviosa.[1]

Lo anterior hace que para los investigadores actuales, en esta región la población sedentaria pudo exceder con mucho el límite demográfico máximo que hasta hace poco se estimaba para ella en tiempos precolombinos. Estas poblaciones, no obstante, a partir de la conquista europea fueron diezmadas, principalmente por el embate de epidemias contra las cuales carecían de defensas biológicas.

Según una estimación, en la región como un todo podría haber en total alrededor de 20 000 lomas artificiales de una extensión promedio de 20 hectáreas cada una, lo que supone una superficie total de 400 000 hectáreas, que en parte están unidas entre sí por grandes terraplenes de entre 15 y 30 km de longitud, sobre los que se podía caminar y a cuyos lados hay canales en los que podían navegar canoas transportando materiales.[2]

Si multiplicamos 20 hectáreas por las 20.000 lomas, tenemos 400.000 hectáreas de tierras cultivadas en las tierras bajas y es lógico decir que Beni, en esos tiempos, era una cultura hidráulica, una de las más importantes del mundo. Egipto se basa en un solo río, el Nilo y sus inundaciones y aquí estamos hablando de muchos ríos.

Oswaldo Rivera[3]
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