Cultura de masas

El concepto de masa nace a partir de la Revolución Francesa, a partir de la exaltación de la burguesía. Siguiendo esta definición, podríamos catalogar a la masa como todos aquellas personas a las que hasta ese momento no se les había tenido en cuenta en órdenes socio-económicos y políticos. El 26 de agosto de 1789, en la Asamblea Nacional Francesa se aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, lo cual consagra el derecho de la propiedad privada, que pasa de considerarse un don divino a un derecho de la burguesía.

La Cultura de Masas es un conjunto de objetos, bienes o servicios culturales, producidos por las Industrias Culturales, los cuales van dirigidos a un público heterogéneo. Según los críticos, como por ejemplo, Adorno, la masa sigue a la misma cosa. El concepto de masa empieza a surgir ya que personas al parecer distintas y de diferentes partes del mundo empiezan a consumir un mismo producto. Así, la Cultura de Masas consigue fabricar a gran escala, con técnicas y procedimientos industriales, ideas, sueños e ilusiones, estilos personales, y hasta una vida privada en gran parte producto de una técnica, subordinada a una rentabilidad, y a la tensión permanente entre la creatividad y la estandarización; apta para poder ser asimilada por el ciudadano de clase media.

Se considera como el desarrollo de un nuevo modelo en el que se refuerzan las diferencias y las desigualdades con estrategias e instrumentos mercadológicos cada vez más elaborados. La ciencia y el conocimiento se ponen al servicio de la producción de unos valores y símbolos estereotipados.

Los tres pilares fundamentales de esta cultura son: una cultura comercial, una sociedad de consumo y una institución publicitaria.

Principios esenciales

La cultura de masas tiene unos principios interrelacionados surgidos de la escisión entre construcción y mercado:

  • Centralización del poder en todos los niveles (económico, político, etc.)
  • Uniformidad de los productos para consumidores similares y diferentes.
  • Sincronización con nuevas técnicas como la línea de montaje y la producción en serie.
  • Maximización de la productividad: máxima producción a un menor coste y en un menor tiempo.
  • Concentración poblacional, producto de la urbanización de la sociedad.

Surge, así, el concepto de industria cultural, el cine y la radio no necesitan ya darse como arte, se autodefinen como industrias. Con esto, nos encontramos ante un área sociológica destinada cada vez más a finalidades comerciales e ideológicas y frente a ésta, una posición sociopolítica que trata de explicar el conjunto de las interrelaciones globales en las que la comunicación de masas cumple un papel de primera magnitud.

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