Cultura de los campos de urnas

Cultura de los campos de urnas
Cultures, 1200 BC.PNG
Localización geográfica aproximada.
Datos
Cronología: 1250-750 a. C.
Localización: Los colores naranja y rojo corresponden respectivamente al área norte y central de los campos de urnas; otras regiones fuertemente influenciadas fueron la de Lausacia (púrpura), Knoviz (azul central) y el Danubio (marrón).

La cultura de los campos de urnas es un extenso horizonte arqueológico que se difundió durante el final de la Edad del Bronce y el principio de la Edad del Hierro por buena parte de Europa, llegando en su momento de apogeo a abarcar desde el Danubio y el Báltico hasta el mar del Norte y el nordeste de la península ibérica. Se caracterizó por un nuevo rito funerario: la incineración del cadáver y la deposición de sus cenizas en urnas de cerámica, las cuales se enterraban en un hoyo practicado en la tierra, formando extensas necrópolis. Al principio se levantaban pequeños túmulos sobre las fosas, luego quizás alguna estela o nada que las indicara. La expansión de este modelo se produjo entre los siglos xiii y viii a. C.[1]

Problemas de interpretación

A lo largo del tiempo, distintos investigadores han sostenido teorías diversas sobre esta cultura arqueológica, ligadas casi todas ellas a una visión difusionista de la Prehistoria. Así, se la ha relacionado con pueblos de conquistadores indoeuropeos, a los que algunos arqueólogos incluso les han adjudicado la autoría de las convulsiones que se produjeron por la misma época en el Mediterráneo oriental —caída de Micenas, del Imperio hitita, ataques de los llamados pueblos del mar a Egipto, destrucción de Ugarit, etc.—. Actualmente casi nadie sostiene que los grupos de los campos de urnas fueran un ente cultural homogéneo; la opinión generalizada es que se trató simplemente de una moda que se expandió por Europa debido a préstamos culturales o, en ciertos casos, a movimientos de pueblos diferenciados entre sí. De hecho, en algunas regiones el cambio en el comportamiento funerario fue el único cambio que se produjo, apareciendo una clara continuidad con las estrategias económicas y sociales anteriores.[1]

En las áreas en que se fue imponiendo la incineración se desarrollaron diferentes modelos de asentamientos, tradiciones funerarias distintas y se fabricaron artefactos con tipologías propias; la única estandarización clara detectada fue la de los objetos de prestigio realizados en bronce. Esto fue debido a un incremento de los intercambios comerciales, que no sólo se produjeron desde Centroeuropa hacia su periferia, como tradicionalmente se ha defendido, sino también desde las áreas atlántica y oriental hacia el centro. Por otro lado y en contradicción con las antiguas tesis migratorias, se ha comprobado que la costumbre de incinerar los cadáveres ya se practicaba en Europa con anterioridad, siendo durante el Bronce final cuando empezó a generalizarse en aquellas zonas donde se había desarrollado la precedente cultura de los túmulos, con la cual no se produjo una ruptura, ya que se mantuvieron ritos y, en muchos casos, incluso los asentamientos.[2]

La incineración aparece documentada en el grupo húngaro de Baden y el rumano de Cotofeni en el III milenio a. C. Posteriormente, se convirtió en el ritual predominante o alternaba con las inhumaciones entre grupos establecidos en la cuenca danubiana, en Hungría, Rumanía o Eslovaquia desde el 1950 a. C. También en Centroeuropa, Italia y el área atlántica aparecen incineraciones registradas junto a inhumaciones antes del 1200 a. C.[3]

Crecientes lunares, iconos animales y sonajero procedentes de Mörigen, lago Biel, Suiza (900-800 a. C.).

Existen muchas dudas sobre el parentesco filogenético y lingüístico de los pueblos que formaban parte de los pueblos que compartía la cultura de los campos de Urnas. Actualmente la mayor parte de autores consideran que la cultura de Hallstatt muy probablemente estaba formada por pueblos que hablaban una lengua cercana al proto-celta. Para los campos de Urnas es más difícil hacer identificaciones concretas, aunque no puede descartarse alguna conexión con los celtas y otros pueblos indoeuropeos.

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