Cultura de Iztapalapa

Tradición oral I

Los relatos que se presentan a continuación son del dominio público en algunas zonas de Iztapalapa.


El Señor de La Cuevita

El Señor de La Cuevita es uno de los patronos de Iztapalapa. Se cuenta que los señores de Etla (en Oaxaca) venían a la ciudad de México, cargando la imagen de su santo patrón para llevarlo a reparar. Se trataba de una escultura de Jesucristo yacente en el sepulcro. Una de las muchas noches que pernoctaron a campo abierto en su largo camino, tuvieron que quedarse en una cueva del cerro de la Estrella.

Al día siguiente, cuando querían emprender nuevamente su camino rumbo a México, al intentar levantar la imagen, ésta pesaba tanto que no la podían levantar. Lo intentaron varias veces más, y lo mismo: no podían cargar con ella. Hasta con la ayuda de los residentes. Entonces, ellos interpretaron que la imagen quería quedarse en la cueva, y la donaron al pueblo de Iztapalapa que le construyó una ermita en el lugar.

Muchos años después, a mediados del siglo XIX, Iztapalapa padeció una epidemia de cólera. Entonces el pueblo invocó al Señor de La Cuevita y milagrosamente fue salvado de la catástrofe. En agradecimiento, los iztapalapenses le construyeron un santuario, que sustituyó a la vieja ermita, y prometieron, como manda, representar en Semana Santa la Pasión, lo cual se ha venido haciendo casi sin interrupción desde aquella época (sólo fue suspendida por la Revolución).

El Templo del Fuego Nuevo en el Huixachtécatl (Cerro de la Estrella)"

Uno de los centros ceremoniales más importantes, ya que ahí fue celebrado el último “Fuego Nuevo” de la época prehispánica por el imperio tenochca, en 1507. Se ubica en el Huixachtécatl, hoy conocido como Cerro de la Estrella, se localiza en el sur de la Cuenca de México dentro de la demarcación política de la Delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal. Consiste en una formación de origen volcánico que se eleva desde 2,240 hasta 2,460 msnm. En la parte más alta del Cerro se encuentra el Templo del “Fuego Nuevo” o Toxiuhmopolli, dominando visualmente a la Ciudad de México La solemne ceremonia: De acuerdo con las investigaciones, los colhuas fueron los primeros en utilizar la cima del cerro para realizar la ceremonia del Fuego Nuevo o; las fuentes históricas señalan que en este lugar se llevaron a cabo cuatro de estas ceremonias; en 1351, 1403, 1455 y 1507. La gran Tenochtitlan fue vencida por las huestes españolas antes de que la quinta de ellas pudiera realizarse. Para los antiguos Aztecas, cada ciclo de 52 años en la antigua Tenochtitlan, el mundo estaba en peligro de dejar de existir si el sol no se levantará de nuevo, al atardecer del día último del ciclo, todos los fuegos eran apagados, se arrojaban al agua efigies de los dioses y se ocultaba a mujeres y niños. Vestidos con ropajes que encarnaban a los dioses, los sacerdotes subían a la cima del «Cerro de la Estrella», en Iztapalapa, eran los indicados para iniciar un fuego nuevo, mientras esperaban a que las Pléyades pasaran por el cénit, momento en el que, según la creencia, el mundo corría peligro inminente de destrucción aunque en tiempos más antiguos parece ser que Venus poseía también un papel trascendental en este tipo de ceremonias. Se evitaba la catástrofe si se ofrecía un sacrificio humano, arrancando el corazón de una víctima bien nacida, en cuyo pecho un simulacro de incendio daba vida a un nuevo fuego y, por analogía, a un nuevo ciclo de 52 años, se quemaban o destruían los artículos de guerra y personales ya que el fuego nuevo para ellos era renovación. Se arrojaban antorchas a la hoguera humana y se llevaban después al Templo Mayor, en Tenochtitlán, y a continuación a los templos y ciudades a orillas del lago que rodeaba la isla de la capital. Se cree que otro motivo por el cual se celebraba en estas fechas es la conjunción del Fuego Nuevo con la fecha de 2 Caña en la que se celebraba el nacimiento de Huitzilopochtli. Los mexicas aseguraron que se vinculara el nuevo ciclo de 52 años con el glorioso nacimiento de su dios patrono al amanecer. La última celebración prehispánica incluyó la inauguración de lo que fue llamado el suntuoso Ayauhcalli, mandado a construir por Moctezuma II en la cima del Huixachtécatl para dicha cebración. El Ayauhcalli o "casa de la niebla" era un lugar de veneración a las deidades acuáticas y agrícolas hoy es actualmente conocido como el “Templo del Fuego Nuevo” Aun en nuestros tiempos se sigue celebrando este importante ritual, por tal motivo el Templo tiene gran importancia, ya que el lugar contiene numerosos vestigios arqueológicos tanto en el lugar como en sus alrededores los cuales aún siguen sorprendiendo a arqueólogos e historiadores.

El Señor del Calvario

El Señor del Calvario, es el Santo Patrono del Pueblo de Culhuacán y sus 8 Barrios. Según la tradición, esta imagen del santo entierro tuvo su aparición en una cueva a faldas del cerro de la estrella, debido al inmemorable tiempo de dicho hecho, no se tiene fecha de este milagroso acontecimiento.

La leyenda cuenta, que un día, unos canteros traían agua de algún pozo algo lejano, así que decidieron tomar un descanso frente al convento de San Juan Evangelista; después se percataron que detrás de ellos entre los arbustos y árboles que rodeaban al convento, salían rayos luminosos, así que decidieron averiguar qué es lo que pasaba. Cuando lograron llegar hasta el lugar de donde provenían dichos rayos, se dieron cuenta de que salían de una cueva.

Pronto decidieron quitar las rocas que impedían el acceso, hasta que se toparon con una puerta muy bella hecha de madera y en ella se encontraban talladas varias figuras de ángeles. Al quitar la puerta vieron en la cueva una resplandeciente imagen de un Cristo del Santo entierro, de inmediato dieron aviso a los habitantes del pueblo, quienes llegaron a venerar la hermosa imagen, a quien decidieron llamarle "El Señor del Calvario".

La aparición de dicho santo se expandió por los alrededores, principalmente en el Pueblo de Tomatlán y El Pueblo de Xochimilco. Al principio se improvisó una iglesia dentro de la cueva donde se le veneraba, y ya con el tiempo a mediados del siglo XIX se le construyó su iglesia sobre un basamiento prehispánico, a la que se le dejó añadida la cueva.

Actualmente la veneración del Señor del Calvario es de suma importancia para los habitantes de Culhuacán, y desde inmemorables tiempos giran tradiciones alrededor de esta imagen, las cuales aún se siguen conservando. La fiesta patronal de este santo es durante los días 4,5 y 6 de agosto, aunque también se le celebra en otras ocasiones, como el domingo de Pentecostés y en la famosa Fiesta de la Santísima Trinidad, a la que llegan a venerarlo el pueblo de Xochimilco y los Barrios de Tomatlán....

El Señor de Las Misericordias

Capilla de El Pocito, en San Lorenzo Tezonco.

De un modo similar a lo ocurrido en Iztapalapa, los habitantes de San Lorenzo Tezonco recuerdan que el Señor de la Misericordia los salvó de una epidemia muy fuerte, que afectaba a los pueblos lacustres del valle de México. Los tezonqueños invocaron de igual manera la imagen de la ermita del lugar para que los librara de la epidemia. Entonces, milagrosamente, entre la basura, brotó al pie de un ahuehuete frente al templo un manantial de agua cristalina. Se interpretó como el favor divino, y la gente dio a beber a los enfermos de ella, y quedaron curados.

La fama del milagro se extendió a otras poblaciones cercanas, como Tláhuac, Zapotitlán y Milpa Alta, afectadas por la misma epidemia, y acudieron de todos estos sitios los enfermos a tomar el agua milagrosa de Tezonco. En agradecimiento, la ermita fue derribada para construir la parroquia actual. En el sitio donde brotó el manantial (todavía vivo en nuestros días), se construyó una pequeña capilla (El Pocito), a la que acude la gente a pedir por su salud. Los fiscales tezonqueños distribuyen en la actualidad gratuitamente el agua entre las personas que la solicitan.


Ejidatarios y colonos

La mayor parte de las colonias populares de Iztapalapa fueron fundadas en la segunda mitad del siglo XX. Estos asentamientos fueron formados por inmigrantes provenientes de otros estados de la república. Y llegaban a estos lugares debido a que el valor de los terrenos era sumamente bajo, comparado con otras zonas del Distrito Federal. El pequeño inconveniente de venirse a radicar al oriente era que...

  • ...el transporte era muy malo,
  • ...no había servicios públicos,
  • ...no había trabajo...

...y por si fuera poco, corrían el riesgo de ser defraudados por los propietarios (reales o fingidos) de las tierras. Fueron muchos los fraudes que se cometieron, como el de Arcipreste en San Juan, o el de los Valencia en San Lorenzo, así como la expropiación, a precio de risa a los ejidataros de Iztapalapa de Cuitláhuac, de los terrenos donde se construyó la Central de Abastos.

Los campesinos no veían con muy buenos ojos la llegada de los avecindados, porque se robaban (dicen) los productos cultivados. Los campesinos sembraban y los recién llegados se lo comían todo: calabazas, frijoles, elotes... Los ejidatarios de Santa Cruz Meyehualco llegaron a emplear armas para defenderse de los colonos de La Comuna (que hoy se llama colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, y que fue fundada por un grupo hermano de los fundadores del Pedregal de Santo Domingo), pero no pudieron con ellos, así que tuvieron que abandonar la agricultura, que, por otro lado, ya no dejaba para comer y vivir decentemente. Y esto siguió pasando hasta que los últimos terrenos fueron fraccionados o vendidos a inmoviliarias para emplearlos en la construcción de unidades habitacionales.

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