Cultura celta en Asturias

Con el nombre de cultura celta asturiana se hace referencia al conjunto de rasgos culturales que Asturias comparte con otros países del Arco Atlántico como Galicia, Bretaña, Irlanda, Escocia, Gales y Cornualles, y en los que predomina el componente céltico.

¿Cultura celta o cultura atlántica?

Cabe plantearse en primer lugar la cuestión acerca de cuál sería la denominación más acertada para designar a la cultura común de las regiones que conforman el Arco Atlántico, pues la cultura tradicionalmente denominada celta viene conformada por una serie de estratos que se extienden en el tiempo desde la época megalítica hasta la Edad Media.

De este modo, los enterramientos rituales en los grandes túmulos funerarios (como Newgrange), las deliciosas historias sobre islas afortunadas situadas más allá de la mar, e incluso gran parte de la tradición druídica parecen estar fuertemente influenciadas por la antigua cultura megalítica. Monumentos como Stonehenge y Avebury alcanzaron su apogeo en torno al 3200 a. C., mucho antes de que llegasen los invasores célticos del continente, lo que hace suponer que los habitantes preindoeuropeos de Britania tenían unos conocimientos astronómicos muy superiores a los existentes en las culturas de La Tène y Hallstatt, y sin los que hubiera sido imposible elaborar calendarios tan complejos como el de Coligny.

Ciertamente, festividades como Beltaine y Samhain (en galo, Samanos) parecen ser de origen indoeuropeo, ya que tienen sus equivalentes en los calendarios de otros pueblos de esta misma rama lingüística como los germanos (que dedicaban el 1 de mayo a la diosa de la fertilidad Walburga) y los iranios (para quienes era sagrado tanto el 1 de noviembre como el 1 de mayo). Además, los mitos relativos a los calderos mágicos de Bran y de Dagda (que son precursores del Grial cristiano) tienen sus contrapartidas en el continente, e incluso se ha encontrado un testimonio arqueológico del arquetipo: el caldero de Gundestrup.

Sin embargo, la mayor parte de los relatos que nos describen navegaciones sagradas a las islas del Mar de Occidente (que con posterioridad examinaremos) parecen ser de origen precéltico. Los pueblos que usan lenguas indoeuropeas carecen de una palabra común para designar al mar (de hecho, el latín mar y el gaélito mór derivan de una palabra que originariamente significaba 'laguna, pantano'). Este dato ha provocado que la mayoría de los especialistas consideren que los pueblos protoindoeuropeos que moraban en las estepas al norte de los mares Negro y Caspio desconocían por completo el mar. Parece, pues, absurdo considerar que las antiguas historias de aventureros que viajaban a la Tierra de la Promisión tienen un origen centroeuropeo. Es más lógico atribuírselas a los marineros que desde inicios de la Edad de Bronce cubrían el trayecto de la ruta del estaño, que se extendía desde el Estrecho de Gibraltar hasta Cornualles e incluso más al norte.

Por lo que se refiere a la música denominada celta, todos sus instrumentos son de origen bien romano (como la gaita, que, procedente de Oriente Medio, se expandió por todo el Imperio gracias a las legiones romanas) o bien de origen medieval, como es el caso de los violines (que reciben el nombre de fiddles en Irlanda). Si bien la gaita ya vínculo de primer orden entre muchas localidades costeras asturianas y bretonas).

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