Cuarta generación de cazas de reacción

Aparentemente, el término caza de cuarta generación (y el mismo concepto de generaciones de cazas de reacción) aparece por primera vez en Rusia durante los años 1990, cuando se trabaja en el diseño de un competidor para el Joint Strike Fighter estadounidense (programa PAK FA). Las diferentes propuestas fueron descritas simplemente como "caza de quinta generación", asumiendo pues que existían cuatro generaciones anteriores al mismo.[1]​ No existe entonces una clasificación oficial: dependiendo de la fuente, se considera que tal generación entraría en servicio, bien a partir de 1980, representando los conceptos de diseños de los años 1970, o bien en los años 1990, con la entrada en servicio de aparatos dotados de abundantes mejoras en microelectrónica e informática.

Definiciones para la cuarta generación de cazas

Tal vez la definición más sencilla sea la meramente histórica: cuando se diseña un nuevo caza para reemplazar al anterior, nos encontramos con una nueva generación. Por ejemplo, por la 1ª Ala de Caza de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos han pasado cinco modelos de cazas de reacción, desde el North American F-86 Sabre hasta el actual F-22 Raptor; así, la definición de cinco generaciones sería automática.[2]

Otros analistas prefieren formular una definición universal y objetiva en la medida de lo posible, partiendo de las características de los aparatos. Una de las más sencillas la dio el general sueco Staffan Näsström, para quien un caza de cuarta generación es aquel con un sistema de recogida de información centralizado en una o varios cerebros electrónicos que, trabajando juntos, pueden recibir información de todo el aparato e incluso de otros medios ( satélites, aparatos aliados, centros en tierra, etc.) y poder ofrecerla en la cantidad y medio que se desee ( pantallas multifunción, dispositivos montados en el casco, palanca de vuelo tipo Joystick, control de vuelo por cables Fly-by-wire, maletas para el mantenimiento que se conectan y ofrecen diagnóstico computarizado de la situación de la aeronave...).

Según Näsström el primer ejemplo de esta generación es el Saab 39 Gripen y tras él vinieron el Eurofighter Typhoon y el Rafale, no existiendo así una quinta generación.[3]​ Esta postura la comparten analistas como Simon Pearson o Neil Taylor.

Por su parte, autores como José Mª Saez dan definiciones más largas. En este segundo punto de vista una caza de cuarta generación sería aquél cuyos adelantos en informática, entre otras disciplinas, hacen que ya no sea el avión en sí (capacidades de maniobra, trepada, combate dogfight) quien decida el combate sino las armas que lleva instaladas,[4]​ y que puede activar, disparar y guiar hasta "más allá del horizonte" (combate BVR) sin necesidad del apoyo del piloto (" dispara y olvida").