Cronista

Los quatro libros primeros de la Cronica general de España que recopila el maestro Florian do canpo criado y cronista del Emperador Rey nuestro señor por mandado de su magestad cesarea. En Zamora. Año. MDxliii. [1543].
Dedicatio de Annalium Boiorum libri septem, con el retrato de Ioannes Aventinus, 1554.
Bernard de Girard [,] S[eigneu]r du Haillan [,] historiographe de France - 1576.
Epistolae HoElianae: Familiar Letters Domestic & Forren, de James Howel[l], edición de 1645.

Cronista es el escritor que recopila y redacta hechos históricos o de actualidad, en el género literario que recibe el nombre de crónica. En algunos casos ocupaba un cargo oficial cuyo cometido era desempeñar tales funciones. Hasta la época de la Ilustración era un equivalente de historiador. Posteriormente el uso del término se refirió a los periodistas que redactan crónicas como género periodístico.

Cronistas en las Edades Media y Moderna

Antes de la aparición del periodismo moderno y la sistematización de la crónica como un género periodístico, se tenía por cronista al escritor que narraba los hechos que consideraba dignos de recuerdo (de "pasar a la historia"), registrados de forma sistemática en el tiempo (por ejemplo, año a año); el término era casi equivalente a historiador. A diferencia de los escritores anónimos o conocidos de cantos épicos, los historiadores y cronistas se distinguían por su voluntad de veracidad (al menos por pretenderla, aunque fuera evidente su parcialidad) en sus relatos; que a menudo se remontaban desde los acontecimientos contemporáneos hasta la Antigüedad, de formas más o menos verosímiles.

Tras las Acta Diurna y los anales de la historiografía romana de época clásica, la historiografía paleocristiana griega y latina (como las Acta martyrum, el Chronicon Paschale u otros Chronicon[1]​ entre los que están los firmados por Eusebio de Cesarea, Jerónimo de Estridón o Hidacio) concibe la crónica con una clara función: situar la historia humana en el contexto de la progresión lineal desde la creación hasta la segunda venida de Cristo, tal como se describe o profetiza respectivamente en los textos bíblicos.

Los clérigos de los scriptorium monacales ( monjes cronistas)[3]​ de los reinos germánicos altomedievales de Europa occidental se dedicaron a la redacción cronística; acumulándose corpus de fuentes primarias que en ocasiones se recopilaban más sistemáticamente en historias generales, como la Historia Francorum de Gregorio de Tours, la Historia Gothorum de Isidoro de Sevilla, la Historia ecclesiastica gentis Anglorum de Beda el Venerable, los Annales regni Francorum, los Annales Bertiniani, la Crónica anglosajona, los Annales Cambriae, etc.

Más tardías, ya de la Plena Edad Media, son las dos Historia Anglorum (de Enrique de Huntingdon y Mateo de París), las dos Gesta ( Gesta Regum Anglorum y Gesta Pontificum Anglorum)[4]​ de Guillermo de Malmesbury, la Historia Ecclesiastica de Orderic Vitalis, la Gesta Normannorum Ducum de Guillermo de Jumièges, la Historia Scholastica de Petrus Comestor, el Chronicon de Hélinand de Froidmont (fuente principal del Speculum historiale de Vincent de Beauvais), las Crónicas de Saint Denis (encargadas por San Luis, en lengua latina, con versión en lengua francesa - Grandes Chroniques de France-), la Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum de Adán de Bremen, la Crónica de Tietmaro de Merseburgo, la Gesta Hunnorum et Hungarorum de Simón de Kéza, el Chronicon pontificum et imperatorum de Martinus Polonus, la Gesta Danorum de Saxo Grammaticus, la Chronicon Roskildense o la Crónica de Erik.

En Europa oriental, obras similares fueron, en lenguas eslavas, la Crónica de Néstor o la discutida Crónica del sacerdote de Duklja,[8]​ La Gesta francorum et aliorum hierosolimitanorum es una crónica de la Primera Cruzada redactada por un testigo directo, que fue reelaborada por otros cronistas posteriores ( Gilberto de Nogent, Roberto de Reims y Baudri de Dol).

Los florentinos Giovanni, Matteo y Filippo Villani ( Nuova Cronica)[9]​ y el francés Jean Froissart ( Chroniques) son los dos principales ejemplos de cronistas en la Baja Edad Media. Desde la Edad Moderna se tiende a diferenciar a los autores de historias generales y a los cronistas de acontecimientos contemporáneos, que documentan hechos y costumbres, pero en la práctica muy a menudo se los identificaba, pues ambas actividades se ejercían por los mismos escritores.

Los reinos hispano-cristianos medievales de Asturias, León y Castilla mantuvieron una tradición de crónicas, continuadoras de la visigótica asentada por San Isidoro, desde las que justificaban la Reconquista y reforzaban el poder del rey: Crónica mozárabe (de Isidoro Pacense o de Beja, 754), Crónica albeldense (o Emilianense, 881), Crónica silense (o Legionense, comienzos del siglo XII), Chronicon mundi (de Lucas de Tuy o "el Tudense", 1236), De Rebus Hispaniae (también llamada Historia gótica o Crónica del Toledano, de Rodrigo Jiménez de Rada, 1243) y las Estoria de España y Grande e General Estoria de Alfonso X el Sabio (segunda mitad del siglo XIII, en castellano), que resumió el infante Juan Manuel en Crónica abreviada. Las Crónicas de Pedro López de Ayala ( Crónica del rey don Pedro, de Enrique II, de Juan I y de Enrique III) servían sobre todo para justificar los propios hechos del autor, Canciller de Castilla a finales del siglo XIV. En los reinos orientales peninsulares también hubo producción cronística: Liber regum (en navarroaragonés, 1194-1209), Gesta comitum barchinonensium (en latín, de los monjes de Ripoll, 1162-1275), las Cuatro grandes crónicas ( Llibre dels feyts -o de Jaime I, anónima-, Llibre del rei en Pere d'Aragó e dels seus antecessors passats - Bernat Desclot-, la de Ramón Muntaner y la Crònica de Pere el Cerimoniós - Bernat Descoll, Arnau de Torrelles-, todas en catalán, siglos XIII y XIV).[10]

Fue con Juan II de Castilla cuando el de cronista real se convirtió en un oficio de corte con nombramiento oficial y salario fijado, aunque sus competencias historiográficas se simultaneaban con otras, incluso con misiones diplomáticas, siendo cargos de confianza y proximidad a los reyes; mientras que su producción se limitaba a encargos particulares y se sometía a censura. Fueron humanistas de gran altura intelectual, y su obra contribuyó de forma decisiva a la evolución de la lengua castellana. El primero fue Juan de Mena, que fue sucedido a su muerte (1456) por Alfonso de Palencia; ambos ejercían además como secretario de cartas latinas. Inicialmente hubo un sólo cronista, pero con Enrique IV de Castilla hubo dos simultáneamente (se añadió Diego Enríquez del Castillo, que ejercía además como capellán), y con los Reyes Católicos hasta tres, entre los que estuvieron, en Castilla Juan de Flores, Diego de Valera ( Crónica abreviada de España, llamada "la Valeriana", la primera historia de España en lengua vulgar que se dio a la imprenta, 1482), Hernando del Pulgar ( Gesta Hispaniensia, sustituyó a Palencia en 1480, enfrentado a la reina por su pretensión de realizar una crónica de lo acaecido en las Cortes de Toledo de ese año sin someterse a censura), Elio Antonio de Nebrija, Lucio Marineo Sículo ( De laudibus Hispaniae Libri VII, rival de Nebrija), Gonzalo de Ayora, Andrés Bernáldez (conocido como "el cura de los Palacios"), Pedro Mártir de Anglería; y en Aragón Joan Margarit ("el Gerundense", autor de Paralipomenon Hispaniae), Gonzalo García de Santa María y Pedro Miguel Carbonell ( Chroniques de Espanya fins aci no diuulgades). Su salario se elevó en este reinado de 25.000 a 40.000 maravedíes (en el caso de Nebrija hasta los 80.000 maravedíes que cobró en 1509).[12]

Florián de Ocampo (cronista de Carlos I desde 1539) y Ambrosio de Morales (cronista de Felipe II desde 1563) continuaron el corpus cronistico en la Crónica General de España.[16]

Por la misma época, el resto de las entidades políticas europeas (no sólo Estados, sino ciudades y circunscripciones civiles o eclesiásticas) procuraron la redacción de historias oficiales a cargo de cronistas. El reino de Francia disponía desde el siglo XV de dos cargos diferentes: el historiographe de France y el historiographe du roi, aunque los más importante son de siglos posteriores ( Bernard Girard du Haillan, Histoire générale des rois de France, 1576 -traducción del De rebus gestis Francorum de Paolo Emilio, 1516-1539-, Charles Sorel, Advertissement sur l'histoire de la monarchie française, 1638). El reino de Inglaterra, cuya tradición cronística[16]​ En el monasterio franciscano de Donegal se compilaron por "los cuatro maestros" ( Mícheál Ó Cléirigh, Peregrine O'Clery, Fergus O'Mulconry y Peregrine O'Duignan) los Annala Rioghachta Éireann ("anales del reino de Irlanda", 1632-1636).

Con Felipe V de España el cargo de cronista se extingue al crearse la Real Academia de la Historia, que pasa a tener sus funciones (1738).[14]

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