Cristóbal Lozano

Cristóbal Lozano Sánchez (Hellín, Albacete, 26 de diciembre de 1609-Toledo, 3 de octubre de 1667) fue un narrador, dramaturgo, poeta y sacerdote del Siglo de Oro español, muy popular en su tiempo como autor de novelas cortas, pero también muy reimpreso y leído incluso en los siglos XVIII y XIX, cuando su historia de Lisardo, incluida en Soledades de la vida..., fue rehecha por el romántico José de Espronceda en su poema narrativo El estudiante de Salamanca (1840),[2]

Biografía

De origen humilde y familia numerosa (tenía cinco hermanos), fue en su juventud ayudante de carpintero, siguiendo en ese oficio a su padre, que era además alfarero. Sus abuelos paternos procedían de Oropesa.[3]​ Pero como diversos religiosos de su lugar notaron su facilidad para el estudio, fue enviado al seminario de Alcalá de Henares. Allí tuvo por condiscípulo y amigo a Pedro Portocarrero, quien más tarde le protegió. Por entonces empezó a escribir novelas para una joven dama llamada Serafina, que más tarde sus familiares recogieron y publicaron. En 1634 ya estaba licenciado y residía en Hellín; se ordenó y fue párroco en la localidad toledana de Lagartera; en 1635 marchó a Valencia; en 1640 se doctoró en Teología en Alcalá. De 1641 a 1645 fue ecónomo, vicario y comisario de la Santa Cruzada en la villa de Hellín y su partido y de 1646 a 1650 ocupó el cargo de procurador fiscal del obispado de Murcia y de comisario de la Inquisición. En 1664 se estableció en Toledo, donde fue capellán de los Reyes Nuevos y allí falleció en 1667, aunque por su voluntad expresa sus restos descansan en el convento de frailes franciscanos de Hellín.

Dominó las lenguas clásicas, el francés y el italiano y llegó a acumular una biblioteca muy envidiada por sus contemporáneos. En efecto, las fuentes de sus narraciones son muy varias y diversas: las Gesta Romanorum, Tomás de Cantimpré, la Leyenda áurea, el Especulum exemplorum, las Mil y una noches, la Crónica general de España de Florián de Ocampo, la Historia de los reyes godos de Julián del Castillo, diversos mitógrafos grecolatinos, la Sylva variarum concionum de Juan Osorio, la Historia de España de Juan de Mariana, el Parnaso Antártico de Diego Mexía, la Crónica troyana del siglo XV, la Historia universal y sagrada, y la Filosofía secreta de Juan Pérez de Moya, aparte de, por supuesto, la Biblia.

Escribió algunas comedias y versos y fue amigo de Lope de Vega y de sus discípulos Juan Pérez de Montalbán y Pedro Calderón de la Barca, así como del escritor eclesiástico fray Diego Niseno.[5]

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