Cristóbal Bencomo y Rodríguez

Cristóbal Bencomo y Rodríguez
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Retrato del presbítero Cristóbal Bencomo y Rodríguez por Luis de la Cruz y Ríos. Catedral de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife).

TítuloArzobispo titular de Heraclea[1]
Información religiosa
Ordenación episcopal15 de noviembre de 1817
por Luis de Borbón y Vallabriga
Información personal
NombreCristóbal Bencomo y Rodríguez
Nacimiento30 de agosto de 1758, San Cristóbal de La Laguna, España
Fallecimiento15 de abril de 1835, Sevilla, España
ProfesiónConfesor del Rey Fernando VII de España
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Escudo de Cristóbal Bencomo y Rodríguez

Cristóbal Bencomo y Rodríguez (San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, 30 de agosto de 1758 - 15 de abril de 1835, Sevilla) sacerdote católico español. Confesor del Rey Fernando VII de España.[2]

Bencomo fue el impulsor de la creación de la Universidad de La Laguna (la primera de las Islas Canarias) y de la creación de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna y la consecuente separación de las islas occidentales de Canarias en este nuevo obispado.[1]

Biografía

Primeros años

Cristóbal Bencomo nació en San Cristóbal de La Laguna en la isla de Tenerife el 30 de agosto de 1758. Sus padres eran Don Francisco Braulio Bencomo y Doña Bárbara Rodríguez Fleitas.[5]

Tuvo otros dos hermanos: Pedro José y Santiago Bencomo y Rodríguez. Los tres fueron destacados clérigos que contribuyeron en gran medida al establecimiento de la Universidad de San Fernando (actualmente la Universidad de La Laguna), impulsaron las obras de la Catedral de La Laguna y contribuyeron a la creación del Obispado de San Cristóbal de La Laguna. Los tres hermanos eran descendientes de Kebehi Benchomo, último mencey guanche del Menceyato de Taoro. Aunque de los tres, sería Cristóbal Bencomo quién tendría un papel decisivo en la erección de la universidad y el obispado.[4]

Se cree que Cristóbal inició sus estudios bajo la tutela de los frailes franciscanos del Convento de San Miguel de las Victorias (actualmente el Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna). Debido a que no pertenecía a la burguesía española decidió estudiar la carrera eclesiástica, que era en la época la que se consideraba más fructífera junto con la militar.

Cristóbal sobresalió en los estudios de Filosofía y Teología, con un amplio conocimiento de la lengua y literatura latina.[4]

Confesor del Rey

El Rey Carlos IV de España le nombró en 1793 maestro de Filosofía y Política de sus caballeros pajes, y posteriormente profesor de latinidad del Príncipe de Asturias, con la dignidad de Chantre de Plasencia. Posteriormente en 1780, Becomo fue nombrado confesor del príncipe Fernando, con quién tendría una cierta complicidad.

Cuando Carlos IV y su hijo Fernando VII parten para Bayona a reunirse con Napoleón, Bencomo regresó por un tiempo a Tenerife hasta que en 1814, Fernando VII retornó a Madrid y reclamó la presencia en la corte de su confesor. El Rey ordena desplazar a la isla un navío de guerra con el solo propósito de trasladarlo de regreso a la corte con toda la pompa posible.[5]

En 1815 el Rey le confiere a Cristóbal Bencomo y Rodríguez honores de miembro del consejo y cámara de Castilla y la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos III cuya insignia le fue puesta por el propio monarca en 1817. En este mismo año fue presentado por el monarca y preconizado Arzobispo titular de Heraclea[1]in partibus por el Papa Pío VII, siendo apadrinado en la consagración por el infante Carlos María Isidro de Borbón, quien le regaló un valioso pontifical.

Creación de la Universidad y el Obispado Nivariense

El Rey Fernando VII le entrega a Cristóbal Bencomo la bula papal de la creación de la Diócesis. Grabado de Juan Abreu, ca. 1830.

Cristóbal Bencomo y Rodríguez tuvo un decisivo papel en la creación de la primera universidad canaria, la Universidad Literaria de San Fernando de San Cristóbal de La Laguna (Universidad de La Laguna). Dicha institución sería creada por Real cédula en 1816. En dicho real decreto se resolvió «establecer en la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna una Universidad con los mismos privilegios, exenciones y prerrogativas que gozan las demás de estos Reinos, y que dicha Universidad se denomine y llame Universidad de San Fernando».

Además, fue directamente el impulsor y benefactor de la creación de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. En 1818, en colaboración con el clero y las autoridades de Tenerife solicita la creación de un nuevo obispado canario a la Santa Sede. El documento solicitatorio contaba con el apoyo pleno del Rey Fernando VII. Era un documento llamado Instrucción de la Cámara de Castilla.[7]​ Finalmente, entre febrero y diciembre de 1819 se crea esta diócesis, ya que anteriormente la Diócesis de Canarias era la que administraba todo el Archipiélago. La Diócesis de San Cristóbal de La Laguna engloba las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

La importancia histórica que tuvo la creación de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna y el papel fundamental que tuvo en el mismo Cristóbal Bencomo, se justifica en el hecho de que los intentos de erigir una diócesis con sede en la isla de Tenerife se remontaban a principios del siglo XVI, inmediatamente después de la terminación de la Conquista de Canarias por parte de la Corona de Castilla.[7]​ Con la astucia de Cristóbal Bencomo y el apoyo de su inestimable benefactor, el Rey Fernando VII, se conseguiría de manera relativamente rápida y sencilla la erección de la diócesis y la consecuente relación histórica de Bencomo con dicho proyecto eclesiástico.

Últimos años y fallecimiento

En el año de 1818, Fernando VII lo nombra Inquisidor general de España,[4]

Bencomo, anciano y enfermo se trasladó a Sevilla con permiso del Rey, en donde disfrutaba de la dignidad de Arcediano de Carmona. En Sevilla prestó su ayuda a la población en casos de grandes calamidades públicas, como en una epidemia de cólera que azotó a la ciudad en 1823. Como prueba del reconocimiento de los sevillanos su retrato está expuesto junto a los de otros ilustres personajes en la biblioteca colombina de la Catedral de Sevilla, biblioteca situada en el Patio de los Naranjos.

Cristóbal Bencomo y sus hermanos contribuyeron económicamente a la construcción de la fachada neoclásica de la Catedral de San Cristóbal de La Laguna y la biblioteca personal de Cristóbal la donó al Obispado Nivariense, el mismo que él había contribuido a crear. Además, Bencomo donó a la catedral dos reliquias: un trozo del manto de San Fernando y un hueso de Santiago el Menor.[8]

Falleció en Sevilla el 15 de abril de 1835. Fue sepultado provisionalmente en la Catedral de Sevilla,[4]

Lápida de la tumba de Cristóbal Bencomo en el lado derecho de la Capilla mayor de la Catedral de La Laguna.