Crisis de la Edad Media en España

Danza de la Muerte[1]
Danzas de la muerte.gif
A la dança mortal venid los nascidos
que en el mundo soes de qualquier estado;
el que non quisiere a fuerça de amidos
facerle e venir muy toste parado.
Pues ya el freire vos ha pedricado
que todos vayáis fazer penitencia,
el que non quisiere poner diligencia
por mi non puede ser mas esperado

La Baja Edad Media es el último período de la Edad Media. En la península ibérica, como en el resto de Europa, estuvo marcada por la crisis de los siglos XIV y XV. A finales del siglo XIII, Europa había llegado al límite del modo de producción feudal: era cada vez más difícil alcanzar el equilibrio entre producción de alimentos y población. En el caso de los pueblos hispanos, el esfuerzo militar y repoblador de la llamada Reconquista había sido inmenso, el avance territorial excesivamente rápido, etc. De este modo, en el siglo XIV se rompe el precario equilibrio de todos estos elementos y se produce una crisis, que es general en toda Europa. Esta crisis del siglo XIV se considera, desde el punto de vista historiográfico, como la muerte de la Edad Media y el surgimiento de los Estados modernos. En la Europa Occidental se configura la formación social conocida como Antiguo Régimen, caracterizada por una economía en transición del feudalismo al capitalismo, una sociedad estamental y unas monarquías autoritarias que evolucionan hacia monarquías absolutistas. El feudalismo no desaparece, aunque sí cambia para sobrevivir hasta el fin del Antiguo Régimen, en el siglo XIX.

Sólo en Inglaterra los cambios se produjeron en una dirección peculiar, apareciendo una burguesía muy poderosa asociada a un comercio y una industria muy innovadores que darán a este país una ventaja de casi un siglo en todos los aspectos respecto a Europa.

Hay que prevenir que la crisis es muy amplia y complicada y que afecta a todos los aspectos de la Edad Media (económicos, políticos, sociales, culturales) sin que se pueda decir que uno de esos puntos haya desencadenado la crisis en los demás, más bien se imbrican unos fenómenos con otros. Durante el siglo XIV la crisis fue global, mientras que durante el siglo XV puede decirse que hay una recuperación económica y demográfica, pero persisten la crisis política y la social.

Crisis económica

Los panes todos comidos,
y los vedados pacidos,
y aun las huertas de la villa:
tal estrago en esperilla
nunca vieron los nascidos.

Las ciudades son tornadas
rastros e degolladeros,
los caminos e senderos
en despojos a manadas.

Los menudos van perdidos,
los corazones caídos
dan señal de maravilla;
en España y su cuadrilla
grandes daños son venidos.[2]

Crisis y recuperación agraria

Una de las causas de la crisis agraria puede ser la disminución de la cosecha de cereales que sería, a su vez, consecuencia -por ejemplo- del periodo de malas condiciones climatológicas persistentes (sequías, lluvias a destiempo, agotamiento de los terrenos, crisis de subsistencias...). Desde el año 1301 comienza a hablarse de los «malos años»:

[...] fue en toda la tierra muy grand fambre; é los omes moriense por las plazas é por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaran que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra; e tan grande era la fambre, que comían los omes pan de grama..." (Crónica de Fernando IV)

Textos de este tipo se repiten a lo largo de todo el siglo XIV, recogidos en las diferentes cortes de todos los reinos peninsulares. Quizá una de las más duras sea la de 1333, que los catalanes bautizaron como «lo mal any primer», pero sobre todo la hambruna de 1343, ésta bautizada por los valencianos como «any de la gran fam», que, sin duda, preparó la llegada de la Peste negra. Paradójicamente, la gran mortandad de la pandemia disminuyó la incidencia de las hambrunas; a pesar de lo cual, en 1374 todavía el episodio se repitió en «la segona fam».[3]

No obstante, la situación del pequeño y mediano campesino no fue tan precaria como pudiera parecer. Aunque todo indica que fueron quienes más sufrieron la crisis, y (de hecho) algunos sucumbieron, ya que tenían menos medios de defensa y estaban más indefensos frente a la inflación y al alza de la presión fiscal, los datos conservados indican que la pequeña propiedad libre, los llamados alodios, consiguieron aguantar y subsistir en proporciones considerables.[4]

Por su parte, los campesinos más pobres, que huían de sus tierras, se juntaban en bandas de mendigos y bandoleros, o se refugiaban en las ciudades, quedándose con los trabajos peor remunerados, al no tener cualificación gremial alguna. Los concejos pidieron a los monarcas que se rebajase la presión fiscal ante la imposibilidad de pagar las tasas. Como consecuencia, el campo sufrió una drástica reestructuración: los cultivos, los bosques, los yermos... Los propietarios cambiaron, los nobles, el clero y la oligarquía urbana se apropiaron de numerosas tierras y, a menudo, recurrieron a los "malos usos" para evitar la fuga de campesinos.[5] Junto a la reacción más retrógrada de ciertos aristócratas, los más avanzados optaron por formas de explotación más efectivas: el arrendamiento, la aparcería, la parcelación y el adehesamiento. Pero, lo único seguro es que, salvo en Andalucía, desaparecieron los grandes territorios con monocultivo cerealista.

Es, precisamente, en este periodo cuando se configura el tradicional paisaje agrario peninsular, coincidiendo con la Recuperación. En la Meseta la principal actividad económica sigue siendo el cereal, aunque la aparición de lugares destinados al ganado, los nuevos sistemas de explotación y los despoblados trocean el paisaje. Pero, al mismo tiempo, surgen grandes regiones de especialización vitivinícola, en el valle del Duero, en La Rioja y en Andalucía, sobre todo. También en Andalucía, pero a finales del siglo XV, comienza a crecer el cultivo del olivo (sobre todo en el Aljarafe), fenómeno que se repite en Cataluña ( Urgel, Tarragona, Ampurdán) y en los alrededores de Zaragoza ( Cinco Villas). La mayor presencia de moriscos y payeses con gran iniciativa favoreció una amplia renovación de la agricultura en la Corona de Aragón, además de la de horticultura intensiva, en la franja que va desde Barcelona hasta Alicante y Murcia se ven plantas tintóreas, moreras para la seda, azafrán, caña de azúcar y arroz, el cual aumenta en los marjales de Murcia, Castellón y Valencia justo después de la Peste negra.

Expansión de la ganadería ovina

Antes de esta recuperación, los nobles y ricos burgueses aprovechan la tesitura para restablecer su maltrecha economía con la cría de ovejas. Lo cierto es que muchos pudientes se dedicaron a la ganadería ovina, que era muy rentable, tanto para ellos como para los reyes, y esto ocurría desde el siglo XIII; pero, en el siglo XIV, la despoblación provocada por las crisis propició la transformación de tierras de labor en pastizales. El comercio de la lana se convirtió en la segunda actividad económica más importante de Castilla. Tanto la nobleza como las órdenes militares poseían grandes prados al norte (agostaderos) y señoríos al sur (invernaderos). Cada año gigantescas manadas de ovejas churras y merinas recorrían la Península de norte a sur y de sur a norte (ganadería trashumante), provocando graves destrozos en las cosechas. Es por eso que el rey Alfonso X redactó una serie de reglamentos para establecer las vías pecuarias que, desde entonces, se denominaron Cañadas reales, y en el año 1273 creó el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores. El rey concedió numerosos privilegios a los nobles ganaderos en detrimento de los agricultores del pueblo llano.[6] Sin embargo, no debe restarse importancia a la ganadería estante, propiedad de pequeños y medianos campesinos, además de los concejos (todos fuera de la Mesta). De hecho, se estima que de los 5.000.000 de cabezas de ganado ovino que tenía la Corona de Castilla a finales del siglo XV, la ganadería trashumante y la ganadería estante se repartían equitativamente.

  • El rey se beneficiaba de los numerosos impuestos que proporcionaban las Cañadas: el portazgo gravaba el recorrido; el servicio, por el rebaño en sí, y el montazgo se aplicaba a los pastos.
  • La nobleza no se quedaba atrás, ante la dificultad de continuar con sus actividades tradicionales. Viendo gran parte de sus tierras faltas de mano de obra, junto con el aumento de sus posesiones, decidió invertir en amplios rebaños de ovejas. Algunos grandes propietarios llegaron a tener de 10.000 o 15.000 cabezas de ganado.
  • Los pequeños y medianos ganaderos: generalmente agricultores o agrupaciones concejiles (pero también la oligarquía urbana), diversificaban su economía al albur de la coyuntura favorable del comercio de la lana.

Artesanía y comercio

La ganadería ovina fue uno de los desencadenantes de la recuperación económica de Castilla, con la aparición y el enorme progreso de las ferias de Medina del Campo o Burgos, y otros centros comerciales de la Meseta ( Segovia, Toledo, Cuenca...). Era el momento de dar el empujón a la manufactura local.

Pero La Guerra de los Cien Años ralentizó y, a veces, interrumpió la exportación de lana inglesa en el resto de Europa, lo que obligó a los grandes magnates del tejido europeo a recurrir a la lana castellana: flamencos, franceses e italianos ofrecían por la lana merina de calidad mucho más que los pañeros locales, de modo que la actividad artesanal o bien se constriñó, o bien cayó en manos de extranjeros. Castilla se convirtió en un país sin industria, dominado por una aristocracia rural y dependiente del exterior en todos los productos manufacturados.

Expansión de la Corona de Aragón, siglos XIV y XV

Quienes sí se beneficiaron enormemente fueron los marinos mercantes del Cantábrico, gracias a los viajes hacia los puertos franceses o flamencos (desde Burdeos a Brujas). Las hermandades de marineros, entre las que destacan la Hermandad de las Marismas ( 1296) y la Universidad de Mercaderes ( 1443), reconvirtieron su tradicional actividad pesquera y mercantil de corto radio, hasta transformarse en la columna vertebral de la potencia naval castellana. De hecho, los armadores cantábricos supieron salir de su hinterland y encontrar clientes en Italia, Cataluña y Francia. Si en el año 1340, los castellanos tuvieron que pedir ayuda a los genoveses, los catalanes y los portugueses para detener la amenaza de los Benimerines en el estrecho; en pocos años la situación había dado un vuelco: en 1372 los franceses pidieron ayuda a los castellanos para derrotar a los ingleses en La Rochelle; y a finales de siglo eran los catalanes los que alquilaban barcos cantábricos para su comercio.

La Corona de Aragón tuvo una producción manufacturera más fuerte, ya que poseía una rica oligarquía urbana, enriquecida gracias al comercio y la industria, pero que se sentía más cercana de la nobleza media que de la masa urbana más pobre. Además, la Corona de Aragón contaba con un Imperio en el Mediterráneo que le permitía acceder a las rutas comerciales con Oriente. Así pudo sobrellevar la crisis económica con mejores resultados. Se desarrolló una poderosísima industria lanera que vendía en Cerdeña, Sicilia y el norte de África. A los paños se añade el comercio de especias, la exportación de hierro labrado, cereales y cuero.

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